edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
18/01/2016
La `luna de miel´ de los precios

La reforma fiscal, próximo foco de atención política

Nuevos impuestos para financiar las promesas electorales y con más reformas que urge Bruselas
Juan José González
Nuevos tiempos, otro tipo de política y de hacer las cosas. Ese parece ser el mensaje, uno de tantos, que resulta de las urnas del 20D. Sucede todo en este mes de enero, tradicionalmente en cuesta pero que en esta ocasión de muestra más leve como consecuencia de la euforia colectiva en una fase, supuestamente, de postcrisis. El consumismo se abre espacio y se hace fuerte en un escenario económico y social poco menos que idílico: abundancia de liquidez, confirmada para el presente y próximo año por el BCE. Un buen gesto que sirve para asegurar que los precios de las hipotecas presionarán menos sobre los presupuestos familiares. La caída en los precios del petróleo mantendrá en niveles bajos -incluso la abaratarán más- la gasolina, el gas y la electricidad. En suma, un cúmulo de variables cuya confluencia animará a gastar más y ahorrar menos. Es en este contexto donde el nuevo Ejecutivo podrá llevar a cabo el ajuste de la fiscalidad a la nueva realidad política.
Los más recientes avisos de la Comisión Europea a España, presionando para que el nuevo Gobierno no se duerma en los laureles y continúe el calendario de reformas, equivalen al final de la tregua electoral concedida por Bruselas. Por tanto, toca ahora retomar los compromisos para reducir el déficit presupuestario que reclaman las autoridades. Pero la base de la premura, no sólo reside -en esta ocasión- en la nueva etapa política que se abre en España tras las elecciones, sino también en el escenario económico actual en el que los precios parecen haber otorgado a muchos países una tregua milagrosa, entre ellos España.

Se trata de un espacio de descanso o aplazamiento de las tradicionales subidas de precios que se aplican -repercuten y actualizan- a partir de enero. Energía en general, transportes, alimentación, educación, medicamentos y un largo etcétera, encuentran todos los años en este primer mes del año el momento de la revisión de precios. En esta ocasión, las repercusiones (legales) de la inflación anual en los precios, no se producirán porque el IPC en el pasado ejercicio fue neutro -cero-. Como consecuencia de esa situación, los consumidores se han visto fortalecidos en su capacidad de gasto dando lugar a un avance considerable del consumo privado que, por ahora, se ha convertido en el principal -y casi único- motor del cambio de tendencia de la economía española.

Con los precios del dinero en mínimos, escenario asegurado por las intervenciones del BCE y su declarada voluntad de garantizar liquidez en abundancia para el presente y próximo años, así como la casi certeza de que los precios de las materias primas continuarán a medio plazo en niveles moderados, las autoridades de Bruselas entienden que un nuevo Ejecutivo en España no debería tener muchos problemas para aplicar más reformas encaminadas a reducir el déficit presupuestario. En este marco hay que situar también que las retenciones de las nóminas serán menores, que los dividendos percibidos tributarán algo menos, que las hipotecas se mantendrán en niveles bajos y que, resumen, las familias tendrán menores costes fiscales en el presente año.

Todo lo cual apunta, inicialmente, a menores ingresos fiscales del Estado por algunas tipologías de impuestos que seguramente deberá compensar por otras vías. Los ingresos estatales, como los locales y los de las administraciones autonómicas, difícilmente podrán atender a las nuevas demandas políticas, fruto de las promesas electorales del 20D, si no se produce un aumento de los recursos de las distintas administraciones. Si difícil es que los nuevos equipos políticos vayan a ceder en sus pretensiones de cumplir con el electorado, más complejo será que Bruselas acceda a cambios en los compromisos adquiridos para reducir el déficit.

De todas formas, el ambiente general no deja lugar para mucho optimismo puesto que las formaciones políticas con posibilidad de acceder al poder basarán, previsiblemente, la mayoría de sus cambios en función de nuevos presupuestos, por tanto, nuevas cuentas de gastos que se corresponderán con nuevas cuentas para los ingresos. En este escenario, el futuro de la fiscalidad parece claramente comprometido e hipotecado a las nuevas decisiones fiscales que deberán tomar a lo largo de los próximos meses. Y cuando se producen cambios en la fiscalidad -en este caso por `ajustes´ políticos- no suelen ir en la misma dirección y sentido que en los períodos electorales, sino más bien todo lo contrario.

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