edición: 2843 , Lunes, 11 noviembre 2019
09/07/2009

La rentabilidad del dividendo mantiene con vida a la banca

Peligra la confianza en BBVA por la forma y cuantía del reparto
Juan José González

De nuevo, como cada trimestre, la banca somete a clientes e inversores a ese juego de números que suponen las presentaciones de resultados, que también, como cada trimestre, se sucederán entre el mejor de lo esperado y el peor de lo previsto. Con los del segundo trimestre, lógicamente, y haciendo las cuentas necesarias, salen los del primer semestre, que serán, dicho sea de paso, los primeros que se beneficien –o penalicen- por ese ‘efecto estadístico’ que se produce tras comparar unos datos en caída libre, como fueron los del segundo trimestre del año anterior, con los del trimestre recientemente finalizado. Una comparación que ofrecerá un efecto óptico, consistente en que lo que antes era negativo resultará ahora positivo o, al menos, no tan negativo, sólo por el hecho de ser comparado con algo muy negativo.

Un trimestre diferente al anterior, como casi todos, pero donde se ha echado en falta, afortunadamente para muchos, esas opiniones previas a la presentación que suponen los avances de las casas de análisis, muy utilizadas en el pasado, con el objetivo de testar el sentimiento del mercado y contar con el margen de maniobra suficiente como para ‘confesar’ unas cuentas más aseadas, que fueran capaces –incluso- de ocultar algún problema transitorio, demorando para el último momento la confesión de la realidad.

Este año 2009 y el que viene 2010, van a contar con la particularidad de que el epígrafe más importante no va a ser el beneficio neto atribuido, sino el comportamiento de la morosidad, como en el primer trimestre la principal preocupación fueron las provisiones o los ratios de solvencia. Por otro lado, al segundo trimestre se llega con un déficit de confianza sobre el verdadero contenido que reconocen esas cuentas de resultados. El primer caso de cuentas que reflejaron la nueva realidad de la situación económica, ha sido Banesto, primer banco europeo en comunicar al mercado sus resultados.

Las primeras críticas, muy escasas, no se sabe por qué, destacan la bondad de los guarismos conseguidos, como si la caída del beneficio en casi un 9% suponga todo un logro para el negocio de este banco, por repleta que se encuentre su cartera de inmuebles, listos para vender y que no se venden. No hay que engañarse: Banesto esta aplicando su particular ‘frob’, reduciendo red y plantilla, haciendo maravillas con los costes y, por supuesto, con la morosidad, cuya tasa ha crecido en el último año hasta triplicarse, aunque se mantenga por debajo de la media del sector. Otros analistas esperaban que esa caída en los resultados fuera del 2%, así que hasta casi el 9% comunicado por el banco media todo un mundo.

Las casas de análisis, cuyas dudas y titubeos sobre las cuentas de algunas entidades en la historia más reciente de la crisis bancaria en Europa, han jugado un papel decisivo, tan decisivo que más de una de esas entidades se vio obligada a reducir su dividendo ante la insistencia de un equipo de analistas de Morgan Stanley sobre las necesidades de capital del británico HSBC. En esta ocasión las casas de análisis se moderan y se contienen, y pasan a un segundo plano de mayor prudencia y responsabilidad, por el que tienden a esperar a que la compañía haga públicos sus resultados. La mora es ese epígrafe que la coyuntura se ha encargado de lanzar a la fama; por él se realizan las provisiones y en función de su volumen el beneficio neto atribuible será al final de año en que sea.

Y al igual que la morosidad es el principal caballo de batalla del sector, el reparto de dividendos, amenaza en el presente ejercicio con ser el mayor dolor de cabeza de los banqueros. El asunto de los dividendos cobra en la actualidad una dimensión muy diferente a la habitual, pues, precisamente, la estabilidad de las sociedades cotizadas, preferentemente los bancos, se debe a la rentabilidad por dividendo, entre el 6% y el 8% de media entre los bancos de la UE que siguen a día de hoy remunerando el capital.

Es probable que este no sea un problema que vaya a afectar a Banesto. Pero sí al BBVA, y no porque se esté planteando una revolución en el pago del dividendo, sino porque viene comprobando en los últimos meses, que las dudas constantes en este asunto, paralelas a las de sus necesidades de capital, están minando la confianza en la capacidad real del BBVA para pagar dividendos, y que es posible que no resuelva ni siquiera confirmando esos cuatro pagos de 9 céntimos de euro para el presente ejercicio. Por esta razón, en la entidad de Francisco González se trabaja en múltiples frentes por despejar cualquier duda al respecto, confirmando a su manera entre el numeroso colectivo de los analistas, que no habrá problemas con el dividendo, y que no hay motivos para desconfiar de esta entidad financiera, unas dudas que resultaron letales para el HSBC y que deben haber servido de lección para la banca española.

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