edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
16/03/2009
Observatorio de Telecomunicaciones

La resaca electoral frena la 'guerra' del móvil regional a Euskaltel y R

José Aotnio Ardanza, presidente de Euskaltel
Ana Zarzuela

Soñó con amasar las concesiones regionales de la cuarta generación de banda ancha móvil, ésas mismas que el secretario de Estado Ros ya había comenzado a regar desde enero, con la promesa de la redistribución de licencias. Euskaltel ha hecho valer el éxito de su modelo, junto con R y Telecable le han sacado brillo a su doble faz de OMV y operadores de cable y -con los resultados del último trimestre en ristre- insistía en calentar una lucha en la que chocan sables Sebastián, Solbes, Ferraz y el PNV. En el peor año de evolución de los ingresos del sector desde su liberalización, Galicia, Asturias y País Vasco se aferran a la bandera autonómica, necesitan nuevas bazas para sus ‘campeones regionales’. Pero el escenario postelectoral vasco y los recelos por parte de la mayoría de las operadoras (que Industria acaba de palpar con su proceso de consultas) le paran los sables de la guerra del móvil regional a Ajuria Enea. Euskaltel y las nuevas licencias están en el congelador del sudoku vasco. Cuando despeje sus ecuaciones será ya en abril, bajo el signo de una CMT renovada. La tercera vía está ya sobre la mesa: control del espectro por el Estado y la mera licencia por el Gobierno vasco.

Contaba el ex lehendakari José Antonio Ardanza con las lanzas de primera en una guerra en la que una de las nuevas concesiones llevaba su nombre. Desde hace más de seis meses, todos sus movimientos caminan hacia ella. Euskaltel, la operadora de telefonía vasca, promovida en su día por el Gobierno vasco, aunque de capital privado, cuenta con las contratas de prácticamente todas las administraciones de la comunidad autónoma. Además, EITB está pendiente de conseguir su tercer canal de televisión, con la carga de contratos que supondría para las productoras vascas con las que trabaja habitualmente. Era una de las ofrendas de paz  de Solbes a cambio de los presupuestos, pero el gozo de Euskaltel está en el pozo de Patxi López y bajo las aguas de las turbulencias de las operadoras. Promete no salir de él al menos hasta que se despejen dos sudokus, el del poder en Ajuria Enea y el de la CMT, prometida para abril. Si ya fue parte de la carta blanca, puede volver a serlo en el paquete de las facturas.

Aunque todavía no está amortizada la tecnología 3G que emplean actualmente los operadores de telefonía móvil, la cuarta generación, llamada a velocidades de hasta 1GB, golpea ya a la puerta de la regulación española, de la mano de la concesión pendiente de la banda de frecuencias de 2.500 a 2.690 megahercios. El Ministerio de Industria fue el primero en domar las prisas de un proceso que en su génesis esperaba estar en marcha para marzo, pero que congela las hojas de su calendario. La mayoría de las compañías se lo han recordado a Miguel Sebastián: consideran que los primeros equipos capaces de trabajar con LTE no llegarán hasta dentro de un año, como pronto, y rechazan la posibilidad de que el Gobierno otorgue licencias territoriales para la banda de 2,6 Gigahercios.

Ni las advertencias de los operadores tradicionales -la concesión de licencias regionales retrasaría el sector, como sucedió en EE UU, y duplicaría los organismos de supervisión- ni el antecedente de la telefonía móvil de tercera generación acompañan. El Gobierno concedió en 2000 cuatro licencias de telefonía móvil UMTS, pero con un estándar inmaduro, sin redes ni terminales adecuados y en un entorno poco propicio a la inversión; hubo que esperar cuatro años para los primeros servicios. No arrancó hasta diciembre de 2006. Por eso hace meses que R y Telecable venden ya en los despachos de la Xunta y el Principado otra opción como mal menor: auditar el espectro en busca de huecos vacíos en la banda 800-900 MGz y dar opción a otro operador que se trocearía. Así se mantendrían las tres de Vodafone, Movistar y Orange y se colaría en el hueco la propuesta por los operadores de cable.

Euskaltel tiene ya en una mano el cetro de operador principal de telefonía fija, recién perdido por BT. Y en la otra, el título de operador principal de telefonía móvil. Tendrá que mover ficha: un mismo accionista no puede ejercer sus derechos sociales en dos operadores principales. Con 301.000 clientes de telefonía fija y 260.000 en telefonía móvil, tras una década en el mercado, la operadora capitaneada por José Antonio Ardanza ha superado ya la ruptura del pacto con Amena a cambio de Orange y quiere crecer en toda España, más allá del País Vasco y Navarra, de la mano de Viva Mobile, su nuevo operador móvil virtual apoyado en la corporeidad de la red y las licencias de Orange.

Después de haber invertido más de 1.300 millones en el desarrollo de su red de fibra óptica, con más de 255.000 kilómetros desplegados, y en su red de telefonía móvil, ya a finales de 2007 conseguía ocupar la cuarta posición en telefonía fija a nivel nacional en cuota de mercado sobre ingresos y convertirse también en cuarto operador en ingresos y líneas en telefonía móvil a finales de 2007. La compañía está obteniendo los frutos de las inversiones realizadas en años anteriores y el crecimiento de las líneas de telefonía fija por red propia de la compañía vasca ha aumentado este año un 5 por ciento, frente al 0,8 por ciento del mercado. Los ingresos en servicios de telecomunicaciones fijas de la compañía crecen más de un 2%, mientras que en telecomunicaciones móviles se mantienen.

Euskaltel sigue teniendo la fortaleza en cable y tv. Ha superado las 202.000 líneas en el País Vasco, con un crecimiento del 15,5%, frente al incremento del 14% del mercado. La TV Digital de Euskaltel ha celebrado sus cien meses con un crecimiento en 2008 de su cuota de mercado hasta el 38%, frente al 33% que presentó en el ejercicio anterior. Y la contratación de su Televisión Digital crece el doble que el sector, un 20%, con un total de 48.633 abonados. Pero necesita una baza en el mercado del móvil. Por eso Euskaltel, R y Telecable se miran en el espejo del adsl británico -el primero en la diferencia territorial- y se aferran a la fragmentación regional del espectro de la telefonía prometida en su momento por el pacto PNV-PSOE. No sólo sería la puerta a una rebaja de alquiler de redes; le permitiría tocar con las dos manos un mercado hasta ahora distante, entregarse a la convergencia, sacarle brillo a los galones de operadores integrados (capaces de dar teléfono fijo y móvil, acceso a Internet y televisión en un sólo paquete). Y hacerlo en exclusiva, sin pasar por el peaje de ninguna de las cuatro grandes operadoras móviles nacionales.

En el segmento de banda ancha, Euskatel ha experimentado un crecimiento del 15,5% (con más de 202.000 líneas), una décima por encima de crecimiento de banda ancha del mercado. Pero el acceso a la banda ancha de cuarta generación (LTE) es exclusivo, tanto que, por ahora, sólo el pacto de Moncloa y los de Sabin Etxea se lo ponen a tiro. Para ello se utilizará la banda de frecuencias de 2.500 a 2.690 Mhz, hoy sin uso, pero reservada para introducir los nuevos servicios de telecomunicaciones móviles de cuarta generación a través del nuevo estándar tecnológico LTE, la continuación de la tecnología actual 3G/UMTS que aún se encuentra en pruebas para los propios proveedores de infraestructura.

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