edición: 2843 , Lunes, 11 noviembre 2019
08/09/2014

La resistencia de la industria alemana a la transformación energética del país crece pese a los subsidios

Las grandes eléctricas de Alemania siguen cerrando plantas convencionales mientras crecen los costes
Carlos Schwartz

La experiencia de transformación del modelo energético en Alemania, que la canciller Angela Merkel considera una pieza central de la reforma económica del país, sigue despertando fuertes resistencias entre la industria alemana. El sector industrial del país contribuye con el 25% del producto interior bruto (PIB) a diferencia de Francia donde representa el 10%, el 12% en España o el 15% en Italia. Este peso hace que la resistencia no sea desdeñable y que haya movilizado al país para lograr que la Unión Europea (UE) le permita sostener un nivel alto de subsidios al sector industrial. Inicialmente de acuerdo a la política energética aprobada este año por la Comisión Europea y el Consejo Europeo la industria de Alemania debería haber pagado un 20% del coste de transformación energético del país vía tasas aplicadas a los precios de la energía. La gestión del Gobierno redujo esa carga al 15%.

Pero este nivel de presión se ve por otra parte suavizado por subsidios en los precios de la energía. El régimen de subsidios se aplica con el criterio de proteger el empleo en las industrias que tienen un alto consumo energético y al mismo tiempo obtienen sus ingresos de una comercialización competitiva a nivel global.

Pese a ello los grandes grupos industriales puntualizan que el coste energético les resta competitividad internacional y señalan que el precio de la energía en Alemania es el doble que en Estados Unidos. El Gobierno por su parte afirma que el esfuerzo compensa porque la generación eléctrica mediante energías renovables ha reducido el precio del kilovatio hora en el país, sin declarar que esa reducción se basa en que la generación renovable está fuertemente subsidiada por la tarifa de particulares e industria. La generación eléctrica mediante energías renovables tiene acceso prioritario a la red de distribución y desplaza a la generación convencional. Lo cual ha determinado que a las protestas de las grandes industrias intensivas en energía, como la siderurgia, la química o el aluminio, se hayan sumado las empresas de generación eléctrica. A finales de agosto la segunda eléctrica del país, RWE, anunció que cerraría tres nuevas plantas convencionales, que se sumarán a las 10 que ya ha cerrado la empresa por que no son competitivas. El consejero delegado de la eléctrica, Peter Terium, señaló que en Europa se registra un excedente de energía resultado de la generación renovable que goza de fuertes subsidios en el continente.

El beneficio neto de RWE en el primer semestre del año aumentó un 4,6% o 1.020 millones de euros. Pero esa cifra está inflada por ingresos atípicos no recurrentes como la venta de activos. Si se depuran las cuentas de este efecto el beneficio neto basado en ingresos recurrentes cayó un 62% hasta los 749 millones de euros por la caída de un 10% en los ingresos por la venta de energía. Por su parte la principal eléctrica del país, EON, anunció una caída del beneficio neto en el primer semestre del 73% a causa de la situación del mercado de la energía en Europa. La empresa anunció que tiene previsto cerrar de forma transitoria en 2015 plantas generadoras equivalentes a 13 Gigawatios.

Entretanto, la industria paga en total 7.500 millones de euros en sobreprecios destinados a financiar a las renovables y los consumidores residenciales otros 8.000 millones de euros. Las industrias con gran consumo energético y con una base internacional de clientes sólo pagan el 15% de la tasa. Los grandes usuarios como la siderurgia tienen un límite al sobrecoste que equivale al 0,5% de su valor añadido bruto. En torno a unas 2.000 empresas están exentas de esa tasa a un coste para el estado de 5.100 millones de euros para 2014.

El coste de la revolución energética de Alemania se calcula en un billón de euros, o el 50% de su PIB actual. El país ha diseñado un plan que supone que la generación renovable represente el 35% del total en 2020, el 40-45% en 2025 y el 80% en 2050. Entretanto el precio de la electricidad ha subido un 60% en los últimos cinco años. Estas previsiones no siembran optimismo entre los consumidores industriales, pero comienzan a preocupar incluso a los países vecinos. En particular tras el anuncio de que el crecimiento económico de Alemania en el segundo semestre de 2014 cayó un 0,6% lo que hace dudosa la capacidad del país por traccionar de una economía europea que muestra signos de agotamiento pese a las manifestaciones sistemáticas de alegría del Gobierno español. “Hay signos renovados de un deterioro de la economía mundial lo que hace que cualquier esfuerzo excesivo en términos de subsidios y costes energéticos con el objetivo de cambiar un modelo energético que funcionaba acabe pasando una factura política a las fuerzas en el gobierno”, señala una fuente del sector consultada sobre la vulnerabilidad del plan impulsado por la canciller Merkel.

Mientras, el 75% de las pequeñas y medianas empresas del país afirman que el incremento de los precios de la energía constituyen una de las principales amenazas para su competitividad, de acuerdo con un estudio de PricewaterhouseCooper y la Federación de Industrias. Por primera vez desde 2008 las empresas comienzan a mencionar a los costes energéticos como uno de los motivos para invertir fuera de Alemania. Pero no se trata solo de la pequeña y mediana industria. BASF que consume tanta energía al año en su principal planta de Alemania como toda Dinamarca anunció recientemente que reducirá de manera significativa sus inversiones en Alemania a causa de la política energética del país. BASF tiene una inversión global del orden de los 20.000 millones de euros de los cuales una tercera parte está en Alemania. La empresa advierte de que piensa reducir la inversión en el país a un tercio del total.

El Gobierno ha comenzado a sentir el efecto de un régimen de precios para la generación renovable que ha subsidiado esa electricidad por el plazo de hasta 20 años. La tasa destinada a financiar a la energía renovable se ha triplicado desde 2010. El Gobierno alarmado por el aumento de las tasas para compensar los subsidios de la generación renovable debió revisar la ley de subsidios en junio. Optó por una serie de limitaciones a las empresas generadoras de energías renovables que pueden aspirar a los subsidios con el objetivo de contener los incrementos de la tasa compensatoria. De momento el resultado es que el kilovatio baja de precio, pero la financiación de los subsidios hace que el precio de la electricidad en Alemania sea el doble que en Estados Unidos.

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