edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
26/01/2010
Estudio del IESE

La Responsabilidad Social de sesgo “universal” provoca errores en el modelo de gestión de las compañías

Beatriz Lorenzo

Su avance es gradual, pero indudablemente lento, y  sólo en algunos casos su gestión responde a una integración plena en el alma de las compañías, quedando todavía limitada en muchas ocasiones a un barniz corporativo totalmente inservible a nivel práctico y relativamente fácil de detectar bajo las tenues capas del marketing  y el buenismo empresarial. Para muchos, la responsabilidad social corporativa no acaba de cuajar debido al carácter puramente voluntario del concepto, abocado a la buena voluntad de sus gestores y, sobre todo, muy alejado del tradicional enfoque corporativo orientado al cortoplacismo y a la gerencia desde un punto de vista exclusivamente económico.

 Sin embargo, y esto es algo que no pueden dejar de admitir incluso los que abogan por una RSC lo más regulada posible, uno del los grandes problemas a solventar a la hora de diseñar unas herramientas de gestión responsable, es precisamente  el carácter “único” y personalizado que debe acompañar a la RSC además del principio de voluntariedad que le es inherente.  Muchas compañías- sobre todo las que han adoptado políticas de RSC de un modo apresurado al comprender su importancia en el nuevo microcosmos económico que está comenzando a unir sus piezas tras la crisis-han caído en la tentación de aplicar un código universal de responsabilidad social corporativa (RSC). Sin embargo, Antonio Argandoña, del IESE, y Heidi von Weltzein Hoivik, de la Norwegian School of Management, consideran que este enfoque es poco realista, tal y como exponen en el reciente estudio “Corporate Social Responsibility: One Size Does Not Fit All” (“Responsabilidad social corporativa: no hay solución que valga para todo”).

En el documento se argumenta que un enfoque global, general, exento de matices, provoca que se ignoren las premisas esenciales de la responsabilidad social, como reconocer las diferencias entre países y contextos, amén de dejar de lado la dimensión ética, base de todas estas acciones.  Ciertamente, las compañías deben aplicar la RSC de una forma coherente y adecuada a las características de su país, su modelo de negocio y demás variables centrándose en cumplir las normas y reducir riesgos pero sin olvidar el enfoque ético, la verdadera base de las políticas de RSC tanto en su vertiente social como medioambiental. Los autores destacan que el motivo principal que lleva a una empresa a actuar de forma responsable es “hacer lo correcto, incluso cuando nadie lo ve”.

LOS PRINCIPIOS ESENCIALES

A nivel internacional no existen demasiados códigos o compendios de principios que puedan servir de base  a la aplicación de la RSC a nivel empresarial; y aún así, los que existen han de cumplir la función de servir de carcasa o esqueleto a la gestión responsable de las compañías, que deben encargarse de forma individual y concienzuda de dotar de carne a los huesos para que el mecanismo consiga ponerse en marcha. Así y todo, dentro de la RSC existen ciertas normativas que hay que seguir para lograr una mayor transparencia en los proyectos que esta realizando la empresa.

Además de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las recomendaciones de la OIT, destacan los omnipresentes principios del Global Compact (Pacto Mundial), que sirven de base y fundamento a todas y cada una de las buenas prácticas de aplicación empresarial. Merece también la pena mencionar la normativa Social Accountability 8000 o mejor conocida como SA8000 es una norma internacional para la responsabilidad social iniciada por CEPAA (Council on Economic Priorities Accrediation Agency), donde su finalidad es asegurar las normas para la producción ética de bienes y servicios. Esta es una norma voluntaria que puede aplicarse a cualquier organización o empresa en el campo industrial. Los requisitos de esta norma están basados en las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas y otras convenciones. El Sistema de Gestión Social de SA 8000 está basado en el sistema de gestión ISO 9000/ 14000.

Destaca también la Norma SGE21 de FORÉTICA surgida en el seno del X Congreso de Empresas de Calidad, de Barcelona, en el año 1999, donde un grupo de directivos y líderes de opinión se cuestionaron el modo de poner en valor una cultura de empresa basada en la responsabilidad de todos sus miembros frente al conjunto de la sociedad. La SGE21puede ser implantada en toda la organización de manera integrada, o bien escalando por niveles de implantación o por áreas de gestión previamente definidas (recursos humanos, atención al cliente etc.).

A su vez la Global Reporting Initiative es un proceso multistakeholder cuyo fin es desarrollar y difundir una guía para la elaboración de memorias de sostenibilidad. La GRI establece estándares de informes homogéneos y comparables, por medio de la elaboración y la divulgación de directrices de informes de sostenibilidad reconocidas en todo el mundo. Las directrices de informes de sostenibilidad de GRI (“GRI Sustainability Reporting Guidelines”) se publicaron por primera vez en 1999, momento desde el cual se han ampliado constantemente. La guía de GRI establece dentro de la empresa una estructura lógica para la aplicación de un programa de sostenibilidad relativo a las actividades de la organización y los servicios y productos de tal empresa.

Por último, la Organización Internacional para la Normalización, ISO ha dado uno de los pasos más recientes en cuanto a la regulación responsable a través de la norma ISO 26000 que provee información sobre responsabilidad social. Anteriormente a esta norma, y en relación a la lucha contra el cambio climático, surgió la norma ISO14001 que  proporciona a las organizaciones elementos para desarrollar un buen sistema de gestión ambiental además de un control del impacto de sus actividades, servicios y productos sobre el medio ambiente.

RSC: UN ENFOQUE INDIVIDUALIZADO

Uno de los retos de la Responsabilidad Social es aceptar que las empresas no existen como entes aislados. Las herramientas de gestión responsable han de tener en cuenta las necesidades de todos sus stakeholders: clientes, proveedores, accionistas, empleados, competidores…y actuar en consecuencia. De ahí la importancia de huir de la RSC estandarizada y de “talla única”.  La manera de atender  correctamente a las demandas de los grupos de interés es partir de un modelo abstracto que se va concretando en acciones “ad hoc” a medida que se aplican en la práctica.  El contexto en que se desenvuelven las compañías está formado por varios factores (geográficos, sociales, políticos, religiosos) y varía según el lugar y las circunstancias.

Por ello, los autores del informe sostienen que la RSC debería considerarse un proceso evolutivo constante que cambia y se adapta con el paso del tiempo. Así por ejemplo, entre Europa y Estados Unidos existen diferentes filosofías de trabajo y desempeño empresarial, algo que han de tener en cuenta las compañías españolas a la hora de importar-algo muy en boga últimamente-los novedosos modelos de gestión responsable norteamericanos, como por ejemplo la “Triple Bottom Line”. Si bien la base de la receta seguirá siendo la misma, los ingredientes habrán de adaptarse al gusto de unos “consumidores” sustancialmente diferentes, puesto que la cultura estadounidense es más individualista y legalista y la europea está más orientada a la comunidad.

Así pues, el reto para las compañías en materia de RSC pasa por asumir un “contrato social y medioambiental” orientado a las características específicas de su comunidad, que se incluya en un contexto más amplio, globalizado, competitivo y dinámico, en el que también existen otros factores económicos y legales.

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