edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
18/11/2009
El Gobierno se retrasa frente a una realidad que arrolla

La revolución del e-book busca sitio en un mercado español sin ley ni protección

La industria busca garantías contra la ‘piratería’: Cedro se incorpora a la Coalición de Creadores, exige nuevos muros legales ante la digitalización y ha creado su propia macroweb de contenidos
El sector editorial se lanzará a la producción propia para evitar el monopolio de lectores como Kindle o contenidos como Googlebooks y no dejar sitio a la ‘piratería’
Ana Zarzuela

Tratan de leer el futuro de un mercado aún por definir. Lo hacen en tiempo real, a contrapié del reloj de Moncloa, que ya le atrasa al sector. La industria editorial española levanta las lanzas ante su indefinición. Ya le advirtieron hace ya más de dos años a Zapatero, cuando el eBook apenas era un proyecto embrionario. CEDRO (la asociación que agrupa a autores y editores de libros y publicaciones) se acaba de hacer sitio en la Coalición de Creadores y presenta esta semana su propia web de libros digitales por suscripción. Todo con tal de no repetir la demonización de las descargas en internet, pero tampoco las zozobras de su mercado. Ni la inseguridad  jurídica -sin ley de propiedad intelectual adaptada- ni las desventajas fiscales -con un IVA cuatro veces más alto que los libros en papel- ni las obligaciones de certificados digitales e identificación de tarjetas SIM y la indefinición de un mercado aún por modelar invitan a espantar los fantasmas de las editoriales, los libreros, los agentes o los autores, a invertir en la digitalización de libros, o a firmar acuerdos de cesión de derechos. Ni los recelos de Sinde, ni el impasse de Bruselas -aún sin modelo definido más allá de Europeana- ni la distancia española al Google Books lastran más el despegue de los contenidos editoriales digitales con apellidos propios. Pero el sector editorial español descuenta que, si no hay una oferta razonable y a buen precio, dejarán sitio al barco “pirata” de los contenidos digitales. Los cronómetros se aprietan hasta diciembre, será la hora de la verdad en la consolidación de un mercado que ya ha incrementado su volumen de negocio en un 134% en apenas un año en EEUU. Ya hay 300.000 obras en español de dominio público en Internet; cuatro grandes plataformas de distribución calientan motores -una agrupa a las tres mayores editoriales- y más de 10.000 e-books españoles estarán accesibles antes de mayo.

La Federación de Gremios de Editores de España clama a las puertas de Moncloa y de una política fiscal que mantiene el e-book atado al IVA general del 16%, de espaldas al superreducido de los libros en papel. Ahora mismo los libros digitales tienen un precio muy similar al que puede tener un libro de bolsillo, pese a la reducción de costes que tiene por el gasto de papel o en impresión y a que, según el estudio 'Digitalización del libro en España' de Dosdoce.com y Ediciona, el libro electrónico debería ser entre un 50% y un 15% más baratos. Entre otras ventajas, acaba con el stock de libros sin vender. No es Luis Collado, el director de Google Books para España, el único que cree que los dirigentes públicos tienen que modificar su mensaje de forma clara.  Las Jornadas Técnicas del Libro en Andalucía, organizadas por la Asociación de Editores de Andalucía (AEA), concluyeron con un llamamiento a las administraciones públicas de "mayor colaboración" para afrontar los "muchos nuevos retos" que se presentan en la nueva era digital y que no se pueden abordar en solitario por parte de los editores.

No le ha puesto cifras a la erosión de las copias ‘ilegales’ -como ha hecho la Coalición con las descargas audiovisuales- pero Cedro -la asociación que agrupa a autores y editores de libros y publicaciones- a lo largo de este año ya ha recibido más de 200 notificaciones de sus socios referidas a sitios de Internet que, generalmente, han terminado por retirar de sus servidores las copias ilegales. Cedro ya obtiene una remuneración a través de la concesión de licencias que autorizan, por ejemplo, la digitalización de capítulos de libros o artículos de revistas para ponerlos a disposición de alumnos y profesores -bien mediante campus virtuales o bien mediante las intranets de las empresas-. Encara la expansión del libro electrónico y zigzaguea con el acuerdo pendiente con Google: el sector español busca una compensación en el marco de la creación de su biblioteca virtual google books se comprometió, entre otras cosas, a abonar una indemnización a los titulares de derechos de todas las obras que hubiese escaneado sin autorización previa, independientemente de su nacionalidad. Pero la industria editorial española no quiere pisar las huellas de la orfandad de ofertas comerciales que le han despejado el camino al comercio ‘pirata’ en los demás contenidos digitales. Aunque la Coalición se piensa aún su macroweb, Cedro presenta esta semana la web 'conlicencia.com' en el marco de la Feria Internacional de Contenidos Digitales (FICOD) de Madrid, para dejar a mano a los lectores millones de publicaciones -libros, revistas, partituras y periódicos- a través de licencias.

La industria académica no se resiste al big-bang del e-book, son los pesos pesados del sector los primeros en descontar que los formatos educativos en papel pueden dejar paso en pocos años a sus versiones electrónicas. El presidente de la unión de editoriales universitarias españolas, Francisco Fernández, es el primero en reconocer que el futuro de la edición universitaria para los 59 asociados a su red pasa “por el libro digital y el ámbito de la publicación en abierto. La futura Ley de la Ciencia ya establece que en un plazo máximo de un año los investigadores que reciban fondos públicos tienen que publicar en abierto los resultados de esa investigación, con un solo año de carencia para publicarlo en cerrado. Las editoriales comerciales y los best-sellers respiran por otros miedos. Recelan del Googlebook y miran mayoritariamente a los impulsos de Bruselas y proyectos como el español Enclave.  Miran a la industria de los reproductores, ya han comenzado a dejar fuera de juego a la de los contenidos. Por eso tratan de evitar que el libro digital no reedite las huellas de la música y el cine en internet, no al menos la de la ‘piratería’ en los muros de la tinta electrónica. 

Lo advierte Ignacio Latasa, director de Leer-e en La Voz de Galicia: las editoriales no están preparadas para los libros electrónicos y de acuerdo entre "los afectados" dependerá la superviviencia de la industria, ahora que el boom del e-book llama a las puertas del mercado español. En 2007 se vendieron 300 dispositivos, pero  este año esperan acercarse a los 10.000. Solo entre Sony y Amazon colocarán en el mercado más de tres millones de e-books este año. Lo sabe Latasa, ha entrado en el mercado de contenidos de la mano de Carmen Balcell y ofrecen a 5 euros 120 títulos de autores como Vargas Llosa, García Márquez, Vázquez Montalbán o Terenci Moix que se suman al catálogo propio de Leer-e, con casi 4.000 referencias, con precios de 2,5 a 25 euros.

LA TRANSICIÓN YA COMENZÓ

Nadie espera que el libro digital desplace al papel, no al menos en los próximos veinte años, como mucho otean un 2% para el conjunto del mercado digital y 10.000 lectores en el primer trimestre de 2010. En EE UU, Forrester calcula que se venderán este año unos 3 millones de lectores y los editores americanos aseguran que los títulos digitales representan aún sólo el 1,6% de los libros vendidos en la primera mitad de año, apenas un 0,6% de las ventas totales en Inglaterra. De hecho, como recuerda la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), desde hace 15 años, el 10,5% de la facturación de la industria del libro ya se hace en un soporte distinto al papel -un porcentaje que alcanza el 70% en el sector de las editoriales jurídicas-. Justamente los sectores académico, científico y técnico serán los graneros más efectivos para los e-books, al menos al principio.

Pero los estudios de la Feria de Frankfurt y las previsiones que Líber hizo públicas descuentan que en dos años un 25% del negocio será digital y ni los editores, ni los autores y sus agentes, ni la industria tecnológica quieren quedarse sin sitio en el barco del e-book cuando zarpe formalmente en España. Menos aún que el efecto del P2P y del streaming se ‘contagie’ desde la música y el vídeo y traspase a la industria de contenidos editoriales. Miran de reojo a la expansión del P2P y el streaming en la industria audiovisual y nadie quiere quedarse sin sitio en un barco aún por definir, que tendrá que nadar además en aguas regulatorias aún indeterminadas. No esperarán por Moncloa, pero no es Jesús Badenes, director general de la división de librerías del Grupo Planeta, el único que ha pedido  la intervención de los gobiernos de la UE "para evitar el control monopólico de los buscadores, o de Kindle, el lector de Amazon". No es sólo la FGEE la que denuncia que en España la ley de propiedad intelectual aún no se ha adaptado a la digitalización de contenidos y que se enfrentan a la necesidad de creación de un certificado digital que impida la reproducción fraudulenta y a la obligación de que todas las SIM móviles deben estar identificadas, lo que condiciona el 3G.

La transición española de los contenidos en soportes físicos a digitales ya se ha acelerado: según el II Informe de Contenidos Digitales de ASIMELEC, el mercado digital cerró 2008 con un crecimiento superior al 12%, pero "la industria española de música no logra rentabilizar el aumento de la demanda y el consumo", por lo que irrumpirán nuevos modelos de negocio basados en la suscripción tanto para descarga de música como para streaming. Para compensar las carencias, la FGEE ha puesto en marcha, junto a la Biblioteca Nacional, el programa Enclave, con el que los editores podrán hacer más visible su catálogo, y que a partir del 30 de noviembre dará acceso a 1.350 obras digitalizadas sujetas a derechos de autor.

EL REVULSIVO DEL KINDLE

Kindle no cree en el ‘Made in Spain’: de sus casi 300.000 títulos, apenas hay libros electrónicos en castellano. No deja de ser un sistema cerrado -sólo para los libros de Amazon- y sin apenas best-sellers. Pero el ‘efecto Kindle’-que permitirá a sus clientes buscar un libro y descargarlo de forma inalámbrica en menos de 60 segundos y suscripciones a 85 medios de todo el globo- ha destapado formalmente la carrera del e-book en el mercado español, aunque sea como revulsivo. Los e-readers serán un producto estrella en Navidades: Grammata confía en vender este año 50.000 unidades del Papyre (más del doble de lo previsto), y alcanzar las 100.000 durante 2010 y los distribuidores del lector COOL-ER calculan unas 20.000 unidades este año. Más aún cuando bajen los lectores de los 200 euros. Sony, que no vende aún sus lectores de modelo abierto en España, ha anunciado un modelo de 199 dólares para diciembre.

Ya existen unas 300.000 obras en español de dominio público en Internet y, además, se pueden comprar libros electrónicos en webs como Leer-e, Luarna, El Corte Inglés, Todoebook, Grammata y Harlequin. En este Líber se presentó la nueva web de Leer-e, empresa de dispositivos y libros de tinta electrónica que ya distribuye hasta 2.000 títulos a través de su web, pero la oferta de ‘e-books’ se disparará en diciembre:  los agentes literarios han llegado a preacuerdos para empezar a ceder los derechos de sus autores en versión digital; la primera gran plataforma de distribución, 36L, lanzará la primera semana de diciembre, en su propia web y en las grandes librerías on line, un millar de títulos –de editoriales medianas y grandes– y tres grandes grupos editoriales (Planeta, Random House y Santillana) fijan el mes de mayo para lanzar una plataforma de distribución. Actuará como las actuales distribuidoras del libro de papel o como la central de reservas Amadeus: pondrá los servidores y gestionará las descargas y los pagos entre el editor y la web del librero. Para el lector, el punto de venta serán las webs de las librerías ya existentes. Arrancarán ofreciendo 6.000 títulos de sus editoriales y de las que cuenten con ellos como canal de distribución. Siguen abiertos a nuevos socios, con Anaya en cabeza. Las tres plataformas tendrán competencia como mínimo de una tercera, el proyecto ultimado por Edhasa y su participada Castalia, a partir de su distribuidora, Melisa, que se ha unido con Softline, empresa de software, especializada en el sector y apunta a alcanzar los 200 títulos y estar operativa antes del primer trimestre de 2010 con su plataforma, Zona e-books. Y grupos (como Urano, Edicat) aspiran a crear otros proyectos independientes.

MONCLOA SE LO PIENSA AÚN

El ‘asustante’ de Ángeles González- Sinde -su adjetivo para los libros en la red- aún resuena en la industria editorial y la ha apartado del futuro del libro digital. Cultura no quiere ahondar en esa herida. Si el criterio de la experiencia puede evitarlo, ya no hará falta que asista a las siguientes, ni que ponga mucho más que la firma de beneplácito en el informe que publicará Cultura antes de Navidad sobre el futuro del libro electrónico en el mercado español. Es la propia comisaria europea Vivianne Reding la que pone los cronómetros de un nuevo horizonte y advierte, con la vista puesta en el mercado español, que no puede ponerle puertas al campo de la digitalización y la industria de los ebooks. Las riendas las llevará la Dirección General del Libro y la Biblioteca Nacional que –de espaldas a la ignorancia de la ministra- ha hecho de la digitalización y acceso online de sus fondos una de sus banderas.

Las editoriales especializadas intentan volver la cara de Moncloa a los muros de Goooglebooks -con una ventaja sobre ellos de 10 millones de ejemplares en 400 lenguas- y su acuerdo con los editores y escritores norteamericanos. Sinde mira al entusiasmo de la Comisaria Europea para la Sociedad de la Información, Viviane Reding, que a pesar de apadrinar Europeana -el proyecto de digitalización europeo, llamado a permitir la descarga gratis de más de 110.000 publicaciones en las 23 lenguas oficiales de la UE-  no esconde su impulso hacia las carreras como la de Google Books y avala la creación de un registro universal de obras, que  regularía el reparto a todo el mundo del dinero que generen las futuras ventas online, lejos de la batalla e-book entre los formatos y los soportes portátiles -e-Reader Kindle, Epub, o el español Papyre, etc- . La comisaria de la Unión Europea para el Mercado Interior, Charlie McCreevy cree que ya es hora de que Europa tenga un nuevo marco legal sobre libros digitales y derechos de autor. Y se dispone a cocinarlo mano a mano con Reding. Sinde otea de lejos a los recelos de Berlín frente a la digitalización comercial de libros. En España el Gobierno no sabe, no contesta, aunque el año pasado unas 200 editoriales de las cerca de 900 asociadas a su federación (FGRE) publicaron obras en formatos distintos al papel.

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