edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
29/01/2014
Europa, beneficiada

La revuelta de las divisas frena el giro monetario en EE UU

La Fed sabe que no es buen momento para cambiar la política monetaria, teniendo en cuenta la inestabilidad cambiaria y la débil recuperación en Europa
Juan José González

Los emergentes utilizan el lenguaje cambiario -de las divisas- para solicitar a la Fed que mantenga el programa de recompra de dólares. La interpretación de esta nueva fase de la crisis parece caminar por las turbulentas aguas de la política monetaria, a sabiendas de que el relevo en la presidencia de la Reserva Federal puede ser una buena oportunidad para un cambio en profundidad en las economías emergentes. Ahora sólo hay que esperar a que Janet Yellen, la sucesora de Bernanke el próximo sábado, comulgue con este propósito aunque no comparta la idea, por otra parte ya conocida, de prolongar el programa de estímulos hasta que las economías de la zona corrijan algunos desequilibrios. Así, los movimientos de los emergentes en el terreno de las divisas, pueden forzar un aplazamiento de los planes de Yellen en su debut al frente de la política monetaria de EE UU, algo que, por otra parte, también le vendría bien a Europa.

La reacción del Gobierno argentino a los efectos de una posible retirada del programa de estímulos, parece haber obrado el milagro en forma de freno a los planes monetarios del banco central norteamericano. Movimiento que se puede interpretar como un intento formal y unilateral de las autoridades argentinas que descuentan que la Fed seguirá adelante con su planificación de la retirada del programa de estímulos, un plan que a ritmo de 10.000 millones de dólares de reducción (como en diciembre pasado) fijará la compra mensual de deuda en una cantidad cercana a los 65.000 millones de dólares. Es por ello que el pulso de Argentina, al que parecen haberse sumado otros países, puede tener un desenlace imprevisto, para lo cual habrá que esperar al final de las reuniones que el banco central estadounidense celebra esta semana.

Es un momento de cambio para la Fed y trascendental para las economías de los países emergentes como también para las europeas más desarrolladas (aunque en crisis). El banco central medirá el punto en que se encuentran los desequilibrios que provocan la inestabilidad de los emergentes, así como el momento de la recuperación económica en Europa para, entre las dos variables tomar una decisión sobre el futuro a corto plazo de su política monetaria, aunque la idea principal con la que se inician las reuniones de esta semana apuntan a subir el ritmo de la retirada de los estímulos ante la buena marcha de la economía del país. Es el escenario que contemplan los responsables de la Fed, tanto Bernanke en posición de salida, como Yellen en posición de entrada, pero que también es descontado por los mercados, los inversores y por algunos organismos económicos internacionales.

Por todo ello, las decisiones del Gobierno argentino del viernes pasado, cuando el peso argentino se desplomó un 18% (récord desde el Corralito de 2001) sitúa a Bernanke en una posición incómoda tanto porque es el momento del relevo en la presidencia de la Fed como por la obligación de volver a pensar si la decisión de reducir las inyecciones de liquidez al sistema en EE UU es la más adecuada para los intereses generales de la economía. Este sería el principal logro de Argentina, responsable inicial de una crisis de las divisas que ha sido capaz de frenar o aplazar el cambio de la política monetaria de la Fed, como es la retirada del programa de recompra.

Al final, parece que Argentina se ha adelantado a una decisión esperada de la Fed que, como ya ocurriera en la primavera pasada, los mercados se adelantaron y descontaron las sugerencias de los responsables del banco central norteamericano, cuya intención era la de iniciar la retirada progresiva de las medidas expansivas en EE UU, provocando de paso una estampida de capitales en toda regla. La situación de entonces y la actual, no son muy diferentes desde el punto de vista económico y financiero, con unos países emergentes que no consiguen normalizar sus divisas ni controlar algunas magnitudes básicas de la economía.

Queda por ver si la posición actual de los emergentes y las necesidades de recuperación de las economías europeas serán argumentos suficientes como para que la Fed considere que el giro de la política monetaria norteamericana podría demorarse hasta que unos y otros, emergentes y europeos, consigan estabilizar sus economías. De lo contrario, de no echar el freno, es seguro que la recuperación economía mundial sufriría un nuevo golpe. Por tanto, todas las estimaciones de beneficios empresariales para 2014 como también las relativas al crecimiento de la economía parecen quedar expuestas, de nuevo, al riesgo de las decisiones de la Fed.

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