edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
13/07/2010

La Roja también se merece el Príncipe de Asturias

Antonio Cubero
España se despertó ayer como un país nuevo, más orgulloso, más unido, más animoso y más optimista gracias a unos jóvenes campeones del Mundo de fútbol. Una gran pancarta a pie de pista en el Aeropuerto de Barajas así se lo agradecía a todos con un “Bienvenidos a un país más feliz”. Y las calles de Madrid, como multitudinario escaparate de todos los rincones de España, también expresaron su alegría después de una larga noche de festiva vigilia desde el mismo momento en el que el calamitoso árbitro inglés Howard Webb señaló el final del partido y el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, entregó la Copa Mundial al capitán español Iker Casillas. Nunca en la vida se había vivido algo parecido.

El mundo entero está a los pies de España. La Roja culminó un Mundial de ensueño conquistando el título tras superar a Holanda en una de las finasles más broncas que se recuerdan en unos ciento veinte minutos en los que se impuso la selección que prefirió jugar al fútbol, como España frente a otra que optó por emprender la caza del hombre, como Holanda.

Los veintitrés seleccionados de Vicente Del Bosque pusieron el broche de oro a la mejor generación de futbolistas de nuestra historia culminando el Mundial de Sudáfrica ya no solo con la conquista del título, sino también dando un ejemplo a los jóvenes de cómo se ama una profesión, cómo hay que saber ganar con humildad y respeto para el contrario, cómo cuando se es fiel a un estilo se puede salvar toda clase de obstáculo para alcanzar la gloria, pero, sobre todo, una demostración al mundo de cómo la unión hace la fuerza.

Todo un ejemplo para la juventud española que se merece ser reconocido con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, porque, además de “jugar límpio también es muy buena gente”, como dijo ayer el presidente Zapatero de los nuevos campeones del mundo.   

Sólo faltaba el deporte rey para completar una generación irrepetible. A los mundiales de Fernando Alonso en fórmula uno , el de la selección de baloncesto y los dos anillos consecutivos de Pau Gasol en la NBA, Rafa Nadal en la cumbre del tenis mundial, el Tour de Alberto Contador, la Armada en la Davis, el equipo de balonmano, la selección de waterpolo, Jorge Lorenzo, Marta Domínguez, Gemma Mengual y otra infinidad de figuras nacionales se unió por fin La Roja.

Ya no hay que pellizcarse. El sueño de tantos años se ha hecho realidad. Nadie podrá olvidar ese control del balón de Cesc  Fábregas,  la apertura a banda y el disparo cruzado de Andrés Iniesta para lograr  el gol de la victoria y entrar en la historia viva de este deporte que tanto le debía a los aficionados españoles que ayer se echaron a la calle de unidos como nunca al grito único de “¡Yo soy español, español!”  Porque ayer se vio un país ‘más rojo y español’ que nunca.

Una sentencia cantada desde todos los rincones del país y que para muchos analistas políticos es la recuperación de cierta idea nacional, de la idea de España.  Porque el fútbol no soluciona los problemas del país,  pero si ayuda a olvidarlos, al menos por unas horas como ayer logró hacerlo La Roja al ofrecer la primera Copa del Mundo de nuestro fútbol al norte y sur, al este y oeste de España desde unos cónclaves tan sonoros mediáticamente y popularmente multitudinarios como el Palacio Real, la Moncloa y la ribera del Manzanares.

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