edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
04/03/2010
Responsabilidad Social

La RSC se hace global en Europa

La campaña “Spring Alliance” presta atención a aspectos sociales y ambientales para integrarlos en el escenario europeo

B.L.
Servir al planeta y a las personas a través de una estrategia económica y de gobernanza verdaderamente sostenible, recuperar y preservar los ecosistemas, establecer sociedades globales que garanticen la igualdad, promover el empleo verde o mejorar la democracia promoviendo el diálogo son solo algunos de los retos más significativos  a los que la Unión Europea debe enfrentarse en el nuevo escenario productivo que trata de resurgir asolado por la desconfianza de una sociedad que ha visto como imperaba la falta de sostenibilidad en las compañías y el modelo económico conocido se desmoronaba ante sus ojos como un castillo de naipes. Con el afán de dar cabida a un nuevo sistema cohesionado y proclive a la sostenibilidad, donde imperen el respeto social y la protección medioambiental, surge de la mano de varias instituciones europeas (Oficina Europea de Medio Ambiente, Conferencia Europea de Sindicatos, Plataforma Social y Concorde) la iniciativa “Spring Alliance”, que pugna por establecer una estrategia económica y de buena gobernanza que implante de forma global todos los aspectos relacionados con la RSC tanto de índole social como medioambiental. En España, Ecología y Desarrollo se ha unido a la iniciativa que se pondrá en marcha a lo largo de este año.

Entre otros aspectos, “Spring Alliance” aboga por la recuperación y preservación de los ecosistemas reduciendo el uso de recursos y el consumo de energía, apostando por la agricultura y la pesca sostenible y prestando mayor atención al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad. Por último, la campaña pretende también reducir las desigualdades y erradicar la pobreza; garantizar el acceso universal a los servicios públicos; luchar contra la discriminación y el racismo, y garantizar la igualdad de género y el respeto a los derechos de los inmigrantes. Promover el empleo de calidad, aumentar y mejorar la economía para el desarrollo y fortalecer el control sobre las políticas de la Unión Europea, son otras de las propuestas de esta iniciativa.

POR UNA RSC GLOBAL

Así pues, con esta iniciativa se pretende marcar una pauta, un marco que predetermine las próximas acciones de la Unión Europea. El tema medioambiental es uno de los más espinosos que actualmente se encuentran en el candelero, puestas sus grandes lagunas de manifiesto debido a la fallida Cumbre de Copenhague. Tampoco las acciones sobre el clima gestados tanto en Bruselas como por parte de instituciones privadas han conseguido reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión europea, que continúan aumentando en todo el mundo. El impacto de estas emisiones en la Tierra es mucho mas serio hoy de lo que los científicos pensaban hace una década, y sus efectos en la humanidad serán irreversibles. La huella ecológica en toda la Unión Europea aumenta día a día y el viejo continente, integrante del pequeño porcentaje de naciones desarrolladas responsables de buena parte de las emisiones contaminantes, necesita renovar sus esfuerzos para buscar nuevos canales de reducción de las emisiones, fomento de las energías limpias y nuevas vías de consenso con las economías emergentes, las grandes perjudicadas. 

A su vez, las organizaciones que han formado la Alianza de la Primavera, convienen en que la priorización de la competitividad y la desregulación en la Unión Europea ha fracasado como bien público.  En efecto, desde el año 2005 la Unión Europea lleva adoptando una estrategia de desregulación de los mercados, inclusive el mercado laboral, de acuerda con la estrategia de crecimiento y empleo avalada por el Tratado de Lisboa. La estrategia, correcta en su formulación inicial, ha provocado finalmente un detrimento y desgaste de la sociedad europea, ocasionando un aumento del empleo de mala calidad y un fracaso en la reducción  de desigualdad.  Claramente, la Estrategia de Lisboa, con su enfoque hacia la competitividad ha tenido también efectos adversos en el aspecto medioambiental, por causa de la ralentización de la aprobación de normativas en materia de cambio climático. 

FALTA DE INTEGRACIÓN

También adquiere importancia el hecho de que buena parte de los ciudadanos de la Unión Europea todavía se sienten al margen de la mayoría de los procesos de toma de decisiones, hasta el punto de que buena parte de los políticos de los Estados miembros consideran a Bruselas como un poder externo, ajeno, e incluso lo utilizan como chivo expiatorio de las decisiones más impopulares, algo que conlleva el efecto adverso de debilitar la credibilidad de la UE y su capacidad de gobernanza.

Por último, las instituciones firmantes ponen fin a su manifiesto abogando porque la Unión Europea, la economía más grande del mundo, ponga en funcionamiento sus poderosos instrumentos para establecer objetivos medioambientales, reducir las desigualdades, y regular los mercados. Lo que se necesita ahora es, realmente, voluntad política para conseguir una UE sostenible y más justa, con el apoyo de los fuertes movimientos de la existente sociedad civil.

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