edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
20/02/2013
Inoportuno rechazo de capital exterior

La Sareb no quiere dinero a cualquier precio

Niega el derecho a tanteo y la adjudicación preferente que solicitan los fondos de inversión
Juan José González

Dicen que el `banco malo´ sigue siendo malo, que se confunde en la fijación de los precios, pero que aprende rápido. No es ni por falta de trabajo ni por falta de práctica, tampoco por capacidad técnica de sus profesionales. Incluso se asegura en el sector financiero que puede haber tenido el `gran´ acierto de haber rechazado en el reciente pasado la tentadora oferta de tres fondos de inversión para entrar en la Sareb. La tentación era, efectivamente, muy grande, pues además de acreditar dinero para la aventura, los fondos, de nombres Fortress, Cerberus y Centerbridge, contaban con alguna tarjeta de presentación que les servía de aval. Pero la presidenta de la Sareb, Belén Romana, decidió con bastante buen criterio, acabar con las aspiraciones de los tres pretendientes, no porque se detectasen malas intenciones, sino por las formas, el compromiso y el fondo de la cuestión, que no era otro que el derecho a tanteo, el derecho a ser el primero en poder escoger los activos que entrasen por la puerta de la Sareb.

Y eso ni es oportuno ni lícito. Es posible que los impetuosos inversores extranjeros no hayan reparado en que, a pesar de que los activos que se integran en la Sareb son privados, no lo es la gestión ni el soporte institucional de la solución. Aunque también es probable que los extranjeros (y otros inversores locales) no hayan entendido muy bien los objetivos de esa sociedad, y que condicionan su funcionamiento.

Y es una verdadera lástima no haber podido contar desde el inicio con una aportación de 150 millones de euros que los tres rechazados estaban dispuestos a aportar como capital. Claro que, a cambio del derecho de pernada en la elección de los activos de la Sareb, lo que llevaría a vaciar a la sociedad destinada a gestionar los inmuebles de los interesados, para, finalmente, darles salida oportuna rentable.

La dinámica de la Sareb, consiste en obtener capital para endeudarse y ampliar el fondo disponible para continuar adquiriendo inmuebles. Y los fondos extranjeros pretendían, como accionistas que habrían sido, caso de haber sido admitidos en la Sareb, tener el acceso previo, en las mejores condiciones y exclusivas para tomar la decisión antes que nadie y hacerse con el activo en cuestión. El fondo no habría tenido así que hacer mayor trabajo que el de elegir y rechazar, ahorrándose la costosa y trabajosa labor de buscar y seleccionar inmuebles.

Incluso en el caso que se hubiera decidido por dar entrada a tan `resabiados´ inversores, a Romana no le habría servido de nada subir el precio a los tres fondos, pues a corto plazo, hubieran dejado sin contenido a la Sareb. Está claro que a Romana no le interesa cualquier adjudicación preferente de activos que no pasen por una oferta competitiva o que no pasen por subasta, pues debe conseguir los mejores precios de venta y estos no pasan por tirar precios. Sin embargo, quedan las dudas acerca de si el rechazo de los tres célebres fondos (como posteriormente de otros tantos) en principio correcto y ajustado al fin perseguido, resultará nocivo en el medio plazo.

Aunque el `vaciamiento´ y el desendeudamiento del sector financiero corra más prisa que nunca, la Sareb acaba de decidir y optar por mantener el control de la gestión de la sociedad, algo que al parecer se encuentra en el mandato recibido por Romana. Es una decisión que hace peligrar la entrada de dinero internacional que serviría, además de para animar la economía, para sanear tanto el sector financiero como el inmobiliario.

Pero entre el objetivo inicial de la Sareb, de sanear balances a través de la segregación de esos activos inmobiliarios hace ya varios meses, se ha pasado a una situación más complicada, necesitada de mayor urgencia como lo son también los problemas sociales y ahora políticos (corrupción) en un país con seis millones de desempleados. En pocas palabras; quizás a estas alturas de la crisis, el objetivo inicial de la Sareb no estaría tan justificado en la actualidad, donde son más las prisas que la necesidad de control de gestión de la Sareb, y donde seguramente resultará más productivo incentivar la entrada de capital extranjero (aunque las condiciones fueran a corto plazo leoninas) en una economía tan necesitada de financiación, tan endeudada y con mayor necesidad, si cabe, de confianza. De ahí que el rechazo a Fortress, Cerberus y Centerbridge signifique, en buena medida, un portazo a la inversión extranjera.

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