edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
30/08/2010
RSC

La saturación se convierte en una nueva cortina de humo para la Responsabilidad Social

El exceso de reportes exentos de profundidad desvirtúa el significado del concepto
La transparencia sigue siendo una necesidad a pesar de la “fama” de las herramientas de gestión responsable
Beatriz Lorenzo

Es el grial de la gestión corporativa del siglo XXI, la flauta de Hamelin capaz de convocar a multitudes tras su novedoso silbido. La ocasión y las circunstancias no habrían podido ser más propicias; tras la radical parálisis económica, tras la devastadora crisis de valores y confianza, se hizo urgente la necesidad de un nuevo modelo productivo, de mejores referentes, de nuevos líderes y de cimientos más robustos. No es entonces extraño que la Responsabilidad Social, como concepto y herramienta, haya adquirido visos de excelencia y fama de infalibilidad. Los ingredientes del concepto - transparencia, honestidad, ética, equidad, respeto…- fundamentan un guiso que, si bien ahora se sirve en ingentes raciones, ha tenido no pocas dificultades para integrarse en la “cocina corporativa” habitual.

La transparencia, esa capacidad de comunicar de forma veraz avances y logros pero también desaciertos y errores, ha tropezado con escollos en su integración en un escenario corporativo parapetado tras las altas trincheras del oscurantismo y aficionados a la poda indiscriminada de información a la hora de hacerla accesible a los grupos de interés.

Y sin embargo, aunque la incorporación de la Responsabilidad Social en el seno empresarial –no como mero fundamento teórico, no en forma de programas filantrópicos aislados del “core business”, mucho menos aún como mero barniz sin ningún trasfondo- garantiza un impacto positivo y de mayor reputación en la compañía, no puede obviarse el hecho de que la burbuja que rodea (y eleva) a la Responsabilidad Social puede desvirtuar el concepto despojándolo de su significado esencial y aportando confusión. Tan peligrosa era la cortina de humo que envolvía al concepto durante las décadas de oscurantismo y barniz responsable, como la que pretende encumbrarlo al rango de panacea universal y solución a todos los males.

SATURACIÓN Y DECLIVE

Ciertamente, la saturación se está convirtiendo en uno de los malos endémicos del escenario de los reportes “responsables”. Como fenómeno, el concepto se ha masificado alcanzando un estatus de crecimiento-exceso que, para los más pesimistas, puede derivar en un nuevo declive si no se logra separar el grano de la paja, expurgando la Responsabilidad Social “real” de las volutas de humo que la rodean. Paradójicamente, el incremento de memorias de Responsabilidad Social no ha ido en proporción con un aumento significativo de transparencia y veracidad en el manejo de la información corporativa. Y es que no son pocas las compañías que siguen quedándose en la superficie del concepto, abusando de su pátina sin molestarse en arañarla para llegar al verdadero significado. 

Buen ejemplo de esto es el caso de las empresas del Ibex 35, cuya comunicación con los grupos de interés, salvo excepciones,  todavía no es lo fluida que debiera. Durante el pasado año las empresas españolas ocuparon el primer puesto en cuanto al número de informes de progreso -con un incremento del 21% respecto a años anteriores- según daba a conocer la Red Española del Pacto Mundial. Este dato, en apariencia ventajoso y halagüeño para la evolución empresarial española, esconde un regalo envenenado: lo cierto es que la Responsabilidad Social Corporativa sigue estando desligada de contenido para muchas empresas. Y es que en realidad el 48% de los informes de progreso elaborados por las entidades que forman la Red del Pacto Mundial de Naciones Unidas en España para promover la responsabilidad social no incluyen ningún objetivo en el marco de los principios que trata de promover, según se deduce del análisis de los informes correspondientes al ejercicio del pasado año.

El caso es que, tal y como se deduce de un informe del Observatorio de Responsabilidad Social publicado este mismo año, a pesar de que muchas empresas cotizadas están publicando memorias de responsabilidad social, estas responden más a un ejercicio de marketing que de rendición  de cuentas. “La decisión sobre qué grado de información se debe dar, sobre qué aspectos y con qué criterios, sigue siendo voluntaria y está en manos de las propias empresas”, expone el informe. Son entonces necesarias, según los autores del manifiesto, normas desde el ámbito público que determinen el alcance y objeto de esa información, para que no sean las empresas, actores interesados, quienes lo hagan.

MÁS REGULACIÓN

Entroncamos pues con el consabido debate acerca de la regulación de la Responsabilidad Social. Son varios los organismos e instituciones que se han sumado a la posición en pro de la mayor regulación y hasta de la obligatoriedad. Incluso Naciones Unidas ha llegado a la misma conclusión, abogando en un informe por la necesidad de que los temas ambientales, sociales y de buen gobierno no debieran ser solamente asuntos morales sino también morales. Un conjunto de opiniones- las de los que se muestran favorables a la obligatoriedad- que se da la mano con el afán de evitar malas prácticas-que pueden dar lugar incluso a demanda por negligencia- de aquellos consultores o asesores financieros incumplan con su deber profesional si no informan a sus clientes de la existencia de los Fondos de Inversión Socialmente Responsable.

El mencionado informe del Observatorio de RSE denuncia también que 24 de las 35 compañías del IBEX, el 69 por ciento, operan en paraísos fiscales, de las cuales, seis son entidades bancarias y, la mayoría no ofrecen datos sobre sus actividades en esos países. En ese sentido, se deduce que la transparencia en el uso de paraísos fiscales es “muy limitada” porque apenas se aportan datos e información sobre sus actividades y operaciones en el ejercicio. Cinco de los seis bancos incluidos en el alcance del estudio presentan sociedades participadas en paraísos fiscales y, sólo en el caso de Bankinter no hay evidencia de presencia en estos territorios. De todas las compañías del Ibex 35, sólo Red Eléctrica desglosa los impuestos que paga por cada país en el que opera, y ninguna de ellas desglosa las subvenciones que recibe país por país, lo que provoca que no se tengan conocimiento de los impuestos que aporta cada empresa para desarrollar políticas públicas de desarrollo.  Además, las cifras emitidas por diversas organizaciones internacionales estiman que el valor de las perdidas por evasión de capitales en los centros ‘Off Shore’ supera los 250.000 millones de dólares, una cantidad que sobrepasa con creces lo que el Banco Mundial considera necesario para llegar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Vital es también, según un manifiesto firmado por el mismo organismo, la generación de confianza entre los inversores y la sociedad. Para ello es necesaria más transparencia en información sensible como la gestión de riesgos, aprobación de blindajes o remuneración de los directivos. Muchos administradores y directivos de sociedades cotizadas, cuya propiedad está diseminada entre miles de personas, perciben remuneraciones multimillonarias sin someter la política de remuneraciones a la junta general de accionistas. Estas políticas retributivas están basadas en muchos casos en objetivos a corto plazo, que han derivado en la toma de decisiones de carácter especulativo con graves consecuencias negativas sobre los mercados y la sociedad.

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