edición: 3072 , Jueves, 22 octubre 2020
14/12/2016

La secretaría de Estado en Washington catapulta a un petrolero pragmático que intimó con Putin

Rex Tillerson, presidente de Exxon, tiene como principal activo su relación con jefes de estado controvertidos
Carlos Schwartz
El controvertido presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha designado para el cargo de Secretario de Estado, que es el jefe de la diplomacia y la política exterior del país, a Rex Tillerson presidente de la gigantesca petrolera Exxon. El candidato Trump fue, sin lugar a dudas, una apuesta muy fuerte del conjunto de la industria petrolera estadounidense. Con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, denominada Cop 21, este año las petroleras de ese país se opusieron a integrarse en el grupo de empresas energéticas en su mayoría europeas que propusieron la constitución de un fondo destinado a desarrollar alternativas energéticas limpias y la aplicación al sector de un régimen de derechos de emisión. En aquella oportunidad Tillerson, junto con otros altos ejecutivos como John Watson de Chevron, señalaron que la apuesta para ellos era el desarrollo de los sistemas de captura de dióxido de carbono y manifestaron su animadversión al acuerdo de las petroleras europeas y a la aplicación de un régimen de derechos de emisión.
Pero el gran reto para Tillerson es el congelamiento de las operaciones de Exxon en Rusia a causa de las sanciones aplicadas a Moscú por la invasión de Crimea y el apoyo a los combates en el Este de Ucrania entre las fuerzas sublevadas de la región y las tropas de Kiev. Las sanciones han frenado las perforaciones en los campos petroleros del Ártico en los que Exxon es socia de la petrolera estatal Rosneft. La petrolera estadounidense logró desplazar a la británica BP que luchaba por una concesión considerada de importancia estratégica por las reservas petroleras en 2012. No sería exagerado afirmar que una de las corporaciones clave de la vida económica estadounidense tiene activos estratégicos para su desarrollo congelados en el Ártico ruso por los conflictos políticos entre Washington y Moscú.

Si se tiene en cuenta la supuesta simpatía de Trump por Vladimir Putin, el hombre que rige los destinos de Rusia desde 1999 ya sea como primer ministro o como presidente de forma alternativa, la ola de inquietud que ha despertado en el senado estadounidense la designación de Tillerson es comprensible. El temor del bloque demócrata y de buena parte del republicano es que los intereses políticos del país se vean sacrificados por objetivos económicos. Sería desde luego una interpretación desafortunada considerar que la política exterior de Washington vaya a quedar en manos de los intereses petroleros.

Pero no está de más recordar que sobre algunas administraciones estadounidenses republicanas el peso de las industrias del armamento y la petrolera han tenido una gravitación decisiva incluyendo aventuras militares. El ejemplo de la familia Bush es un claro ejemplo de ello. Por tanto si es un error afirmar que la política internacional estadounidense quede en manos de las petroleras no es equivocado considerar que los intereses petroleros van a tener un peso decisivo en la política de la Secretaría de Estado. Esto puede implicar la ruptura en el tiempo de alianzas vigentes con Europa en términos de seguridad internacional y mayores enfrentamientos con la Unión Europea. Uno de esos enfrentamientos larvados es la batalla emprendida por Trump para repatriar una inmensa masa flotante de beneficios empresariales atesorados por las multinacionales estadounidenses que han mantenido los beneficios retenidos fuera del país a la espera de que en Washington haya un benefactor que baje el tipo fiscal del impuesto de sociedades. No es secreto alguno que Bruselas tiene emprendida una lucha por esos recursos con Washington.

Tillerson alcanzó la presidencia de Exxon en 2006 y uno de los puntales sobre los que se apoyó para este nombramiento fue su éxito en romper la inercia de la burocracia rusa en torno al proyecto petrolero en sociedad con Rosneft en la isla de Sakhalin sobre el Pacífico con una inversión de 17.000 millones de dólares. El éxito del ejecutivo se debió a que negoció personalmente con Vladimir Putin en 1999 y que este a finales de ese mismo año se convirtió en el hombre fuerte del Kremlin.

Este hecho creó un lazo estrecho y sólido con el político ruso que ninguno de ellos oculta. La tarea central de Tillerson al frente de la empresa ha sido la de asegurar reservas petroleras y los derechos para su explotación. En ese papel se ha visto negociando con gobiernos que no gozaban de la simpatía de Washington, y supo sortear los escollos aunque estableciera relación con gobiernos tan poco afines como los de Chad o Angola y mantuviera una prolongada negociación con el líder Libio Muamar Gadafi. Mientras sus colegas se esfuerza en señalar que “Tillerson no actuó con objetivos políticos sino que lo hizo en defensa de los intereses de los accionistas de la empresa que presidía” la pregunta sobre cuál será su orientación en el cargo que Trump le ha asignado no puede borrar un elemento de fondo.

El presidente electo estadounidense ha dejado traslucir en diversas oportunidades que está dispuesto a sacrificar los equilibrios políticos labrados en etapas anteriores en pos de objetivos económicos para los grupos empresariales de su país. No parece un accidente de improvisado que haya tensado las relaciones con China que han costado a su país 40 años de pacientes esfuerzos diplomáticos. Detrás de esta tensión está la proclamación de China como nación con economía de mercado, la avalancha de productos chinos a bajos precios como el acero y los productos del acero y la castigada industria siderúrgica estadounidense y las filiales en Estados Unidos de siderúrgicas internacionales. La designación de Tillerson es un mensaje muy claro al mundo corporativo estadounidense: la administración Trump dará una vuelta de tuerca al proteccionismo en su territorio y protegerá la extensión de los intereses internacionales de sus corporaciones.

Director
Juan José González ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
c/ Real, 3. 40400 El Espinar (Segovia)
Teléfono: 92 118 33 20
© 2020 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...