edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
15/06/2016

La situación crítica de los exportadores de crudo puede detonar una ola de privatizaciones de petroleras

Carlos Schwartz
El efecto de la fuerte caída de los precios del crudo iniciado en el verano de 2014 ha sido tan profundo que las grandes empresas del sector han apelado a los recortes en la inversión y del gasto en un intento por mantener el pago de dividendo a pesar de la caída de los ingresos. Esta ha sido la estrategia central del sector a diferencia de situaciones similares que en el pasado detonaron procesos de fusiones y adquisiciones tras el movimiento inicial de generar ahorros. A diferencia de lo que ocurrió en la anterior caída de precios las petroleras, con muy pocas excepciones, han decidido preservar la caja en la medida de sus posibilidades y de momento, con la excepción de la compra de BG por Shell, han desestimado fusiones y adquisiciones. Por su parte las grandes petroleras de propiedad estatal que son los buques insignia en un importante número de países exportadores de crudo, como Venezuela, Brasil, Arabia Saudí, Ecuador, Nigeria o fuera de la OPEP, Rusia y cuyo capital recuperaron en algunos casos y en otros conservaron esos estados, parecen estar destinadas esta vez a un futuro distinto.
Muchas de estas petroleras han sido el verdadero corazón de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y su presencia en el mercado se forjó y afirmó a expensas de la gran crisis energética de los años de 1970 que dio alas a la política de precios del cartel de exportadores basada en el control de la producción. Sin embargo, la magnitud de la caída de los precios del crudo y su efecto sobre los países exportadores, muchos de los cuales han entrado en recesión, ha cambiado el paso de las estrategias. El anuncio por parte del Gobierno saudí de que programaba la venta de una participación en Saudi Aramco, la petrolera estatal del segundo productor mundial de crudo, mediante una colocación en bolsa, ha sido el pistoletazo de salida.

El Gobierno de Brasil, bajo el mandato provisional del presidente Michel Temer, en una decisión que muchos analistas consideran una clara extralimitación de sus poderes como interino tiene previsto una serie de road shows para presentar un listado de activos propiedad del estado para la venta. Entre ellos la mayoría del capital en la red de distribución de combustibles propiedad de Petróleos do Brasil SA (Petrobras). De acuerdo con fuentes del sector en Brasil el gobierno que ha sustituido a la presidenta Dilma Rousseff, quien se enfrenta a un juicio político porque bajo su mandato se habrían manipulado las cifras de déficit fiscal, tiene en su agenda esta gira a mediados de julio y la dejaría en manos del ministro de Asuntos Exteriores José Serra, un ex candidato presidencial fracasado del PMDB, y el actual director de la Agencia de Inversiones Extranjeras Wellington Moreira Franco.

“En realidad, lo que Temer quiere es vender una parte de Petrobras”, afirma una fuente del sector en Brasil, pero añade “ese es un movimiento político mucho más complejo”. El depuesto Gobierno de Rousseff ya había valorado la posibilidad de hacer caja con una privatización parcial de Petrobras, y a causa de ello en noviembre del año pasado tuvo que enfrentar una dura huelga de la federación de trabajadores del petróleo (FUP). Las centrales de trabajadores CUT y la FUP lanzaron el pasado 10 de junio una nueva huelga de 24 horas contra la administración de Temer.

“El Gobierno intentará llevar adelante sus planes a pesar de los cuestionamientos a su legitimidad para hacerlo, entre otras cosas porque necesita desesperadamente hacer caja y reducir la deuda de 24.000 millones de dólares de Petrobras”, señaló una fuente del sector petrolero en Sao Paulo.

Rusia, el tercer productor mundial de crudo después de Estados Unidos y Arabia Saudí, se ha precipitado a una recesión tras la caída de los precios del crudo de la cual aun no ha podido salir. El país sufre una reducción en su superávit de balanza de pagos, una fuerte caída en el valor de su moneda, y un creciente déficit fiscal. El banco de negocios Morgan Stanley pronostica para Rusia más recesión en 2016 con una caída del 2,6% del PIB en ese año.

De acuerdo con fuentes del sector petrolero en Londres “Una de las salidas que tiene el país para generar ingresos es buscar una forma de asociarse con el capital extranjero en la explotación del crudo porque la petrolera estatal no está en condiciones de hacer ahora las inversiones necesarias para un incremento de la producción, y ha debido abandonar planes de explotación. Al mismo tiempo el Gobierno necesita con urgencia ingresos. Ambas cosas se pueden conseguir con la privatización de activos específicos ”. Otros países también necesitan hacer caja con urgencia y sus políticas económicas han demostrado ser ineficientes además de estar envueltas en los vapores sulfurosos de la corrupción. Desde luego que una privatización en Venezuela en las presentes circunstancias políticas no es una opción viable. Lo sería sin embargo si el Gobierno logra atraer al ejército a un golpe de estado pactado con una parte de la oposición. Algo que algunos de los más agudos analistas regionales no descartan en el futuro próximo.

Quienes analizan a diario la evolución de estas oportunidades potenciales son las grandes corporaciones petroleras privadas. Las privatizaciones pueden ser una respuesta al abandono de la prospección y exploración a la que han apelado. Una fórmula para la compra de reservas que mejore la ratio de reposición entre pozos que se agotan y reservas dispuestas para explotar. Este indicador ha caído a mínimos peligrosos desde el punto de vista del valor bursátil de las petroleras y puede constituir una amenaza a su cotización futura. Pero para que las grandes petroleras se vean tentadas por las oportunidades estas tienen que ser significativas.

La venta de participaciones minoritarias no va a resultar atractiva para las grandes del sector que tienen la liquidez necesaria para comprar. Esta es la más seria amenaza que sobrevuela por ejemplo a la pretendida venta de una participación minoritaria en Saudi Aramco, puede no encontrar interesados. La operación prevista en principio para 2018 puede muy bien ser sustituida en el camino por algo más atractivo para los compradores potenciales, como las operaciones de la petrolera árabe en Europa o Estados Unidos. Pero todo parece indicar que estamos a las puertas de un nuevo ciclo en materia de inversiones en el sector: las privatizaciones parciales del negocio petrolero en manos de los estados de países exportadores.

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