edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
30/11/2012
Excepto los `preferentistas´

La solución en Bankia tranquiliza a los ahorradores

El sector bancario mantiene la confianza de clientes, se libra de las colas y evita el pánico
Juan José González

Las últimas 24 horas están resultando muy provechosas para el análisis del comportamiento de los ahorradores, a la vez que muy productivas para la banca española. En realidad, se trata del cumplimiento de las fechas fijadas en los tres decretos base de la reforma del sector. Sin embargo, ha sido la aprobación final en la Unión Europea de la ayuda de 37.000 millones de euros, para la restructuración de la banca nacionalizada, el detonante último que ha dado pie a numerosas observaciones. En ellas surge de todo un poco; desde el reconocimiento de culpa, que no de responsabilidades, hasta conclusiones inesperadas de gobernantes, banqueros y ciudadanos. Destacar en esta última batalla política entre Madrid y Bruselas la alegría con la que Moncloa ha recibido los miles de millones de euros para alimentar las entidades quebradas –las nacionalizadas- como también la reacción del equipo de Goirigolzarri, que a partir de ahora se dispone a gestionar la reconversión del principal foco de crisis bancaria según Bruselas y según, también, el Gobierno español. En ese análisis no pasa inadvertido el comportamiento de los ahorradores, quienes, a pesar de los acontecimientos bancarios de los últimos meses, no han formado colas a las puertas del banco para retirar sus ahorros. Y eso sí que habría sido una catástrofe.

Todo era cuestión de táctica, por tanto, sólo había que elegir o eliminar. Y se decidió que fuera Bankia la entidad que debía encarnar todos los males posibles del sector financiero, incluso, algunos que no le correspondían. Bruselas dejaba pasar el tiempo para comprobar hasta qué punto las autoridades españolas resistirían en la defensa de la entidad. En España se aceleraba el debate sobre la solución menos nociva; se buscaba que alguno de los más grandes se hiciera cargo de Bankia, se consideró un adelgazamiento de urgencia, también una limpieza de cartera industrial e, incluso se pensó como solución –salomónica- trocearla para su reparto. Las grandes entidades estudiaron las soluciones, para al final concluir en que la operación no era viable. Después de todo, Bruselas se sale con la suya y obliga a un adelgazamiento que se traducirá en una limpieza general, limitación operativa y reducción espectacular de tamaño. En todo este proceso, no se formaron colas de ahorradores a las puertas de los bancos, lo que aporta un punto de confianza a favor de la última solución.

La terapia del ajuste duro a cambio de dinero, es la definitiva en Bankia, y la que también necesitaba el sector. No están de acuerdo los críticos, que temen que aún quede por llegar otra última tanda de entidades menores pero con los mismos problemas de liquidez. Tampoco están seguros de que vaya a ser dinero y plan suficientes para que el banco pueda alcanzar los números negros en breve. Por eso hay que escuchar el discurso del presidente Goirigolzarri y analizarlo con detenimiento, aunque del mismo no dé pistas sobre cómo va a lograrlos. Asegura este que habrá dividendo en 2015 con cargo al ejercicio 2014, año en que espera conseguir un beneficio neto de 1.200 millones de euros. El anuncio tan optimista como voluntarista, tiene  como destinatarios a inversores y a “preferentistas”, y a su vez estos, en íntima conexión con el mercado bursátil. Son expectativas que inversores, ahorradores y analistas deben tener en cuenta a la hora de tomar decisiones.

Los “preferentistas”, el tercer colectivo damnificado por el fiasco de los anteriores gestores de la entidad, junto a trabajadores (6.000) que se quedarán sin empleo, así como los contribuyentes todos, estarán pendientes del desarrollo de la operación de reconversión del banco madrileño. No parece que tendrá fácil nada, como seguramente ya contaba con ello, pero Goirigolzarri se enfrente a unos meses de sequía en el crédito y de caída en los depósitos, de complicada financiación y de pésimo clima laboral en una casa inmensa de donde deben salir a lo largo de los próximos meses unas 6.000 personas. Si difícil será este cometido, puede decirse que imposible será convertir a Bankia en un banco de referencia, al menos que guarde algún matiz que se desconoce.

Esto lleva a considerar que España ha llegado tarde y mal a una restructuración bancaria, con el problema de la deuda (española y de Europa) sin resolver, en un escenario de rescate soberano, más recesión para los próximos trimestres y peores augurios en el terreno laboral. Por tanto, no parece el paisaje idílico para encontrarse con una demanda de crédito de pymes, autónomos o grandes empresas.

En estas 24 horas también han dado de sí lo justo como para sacar alguna conclusión positiva, porque aunque parezca mentira, puede afirmarse que la sangre no llegó al río, por mucho que se haya acercado. Y no llegó porque no se han producido esas hileras o colas que se formaron en otros países, caso de Reino Unido en 2006, o de Grecia, Portugal, etc. No ha habido pánico cuando la realidad indicaba que la situación era de eso, de dar pánico. Quien más, quien menos se ha dirigido a su banco y con discreción hizo su rembolso y punto. Porque, es posible que no haya mejor oportunidad para provocar una estampida de clientes que en los meses que van desde febrero hasta la semana pasada. Por el contrario, la única reacción de clientes es la que han llevado a cabo los ahorradores titulares de participaciones preferentes, protagonistas de numerosos actos públicos de protesta, así como de reclamaciones judiciales.

Es por ello que habría que reconocer un cierto grado de madurez, o quién sabe si de insensatez, el hecho de que no se hayan formado avalanchas ni colas de ahorradores a las puertas de las entidades bancarias, quizás al entender que las inmersas en graves problemas de liquidez, ya estaban nacionalizadas. Al menos, se mantiene el ápice de confianza en esa “garantía del Estado” ¿quién lo iba a decir?

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