edición: 2844 , Martes, 12 noviembre 2019
26/07/2011

La sospechosa eliminación sistemática de científicos nucleares iraníes

Pedro González
El pasado sábado era abatido a tiros frente a su domicilio de Teherán Daryush Rezaei, un experto en energía atómica, perteneciente al Organismo Estatal Nuclear Iraní. Dos desconocidos anónimos le dispararon a quemarropa desde una motocicleta y se aseguraron de dejarle sin vida a él, aunque no se aseguraron asimismo de rematar a su mujer, que sólo quedó herida.

Este es el cuarto atentado en pocos meses que sufren científicos nucleares iraníes. Los dos primeros ocurrieron casi simultáneamente a finales de noviembre de 2010, cuando sendos coches-bomba hicieron explosión en las inmediaciones de los apartamentos de Majid Shahriari y Fereydoon Abbasi Davani, respectivamente. El primero murió instantáneamente, mientras que el segundo aún se repone de las gravísimas heridas que sufrió, al igual que las esposas de ambos. También en enero, otro físico nuclear, Masud Alí Mohammadi, también había sido abatido a tiros.

La característica común de los cuatro atentados es haber tenido como objetivo a científicos involucrados en el programa nuclear iraní, que el presidente Mahmud Ahmadineyad ha considerado incuestionable y prioritario pese a las advertencias de la comunidad internacional y del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para que lo detuviera, al menos hasta verificar el carácter pacífico de su utilización.
 
Al igual que en los casos anteriores, el régimen de los ayatolás ha culpado a “mercenarios al servicio de Estados Unidos e Israel” de la autoría del último atentado. Seguramente no le falta razón, porque el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya advirtió en el otoño de 2010 de que su país no permitiría en ningún caso que Irán traspasara la línea roja de convertirse en una amenaza nuclear inmediata para el Estado judío. En el seno del gobierno israelí han sido muchas las voces que han alertado de la relativa laxitud de Occidente a la hora de contemplar el desarrollo nuclear de Irán, estimando que han sido muchas las advertencias y la paciencia, y muy escaso o nulo el caso que las autoridades iraníes han hecho de tales avisos. Teherán está sometido a seis resoluciones de la ONU y a severas sanciones internacionales, que incluyen la ruptura de relaciones económicas y comerciales y el embargo de cuentas bancarias en el exterior. Ese embargo ha impedido, por ejemplo, a diversas empresas españolas, entre ellas Repsol, proseguir con la ejecución y desarrollo de proyectos y contratos que se ya se les habían adjudicado.

Aunque el país hace ya varios meses que nota las consecuencias de este estrangulamiento, sus líderes no han dado aún muestras de avenirse a demostrar que su programa de enriquecimiento de uranio no tiene ulteriores objetivos militares. La negación de las sospechas occidentales no va acompañada de gestos que permitan corroborarlo de manera fehaciente.

Por otra parte, lejos de adoptar actitudes más conciliadoras, Irán persiste en lanzar nuevas amenazas. Hace apenas unos días que el general Mohammed Alí Jafari, comandante de los Guardianes de la Revolución, anunciaba su disposición a cerrar el estratégico estrecho de Ormuz, “apenas Irán sufra una agresión exterior”. La declaración del líder de los Pasdarán se interpretó como una advertencia ante presuntos indicios de que se preparaba una operación relámpago inminente contra las instalaciones nucleares iraníes. El hecho de que sean los Guardianes de la Revolución quienes tienen encomendada la custodia y defensa de las aguas territoriales iraníes, confería verosimilitud a la amenaza de cierre del estrecho por el que circula el 40% del tráfico marítimo petrolero mundial, lo que le convierte en una vía esencial para la economía planetaria. Por ella sale la práctica totalidad del oro negro producido por Irán y la mayor parte del que se extrae de los países árabes del Golfo.

Aunque los acontecimientos de las revoluciones árabes hayan restado protagonismo a lo que sucede en torno a la pugna entre Occidente e Irán, lo cierto es que la tensión no sólo no disminuye sino que presenta signos inquietantes. Los Pasdarán han realizado este mes importantes maniobras militares, con misiles balísticos de corto y medio alcance, es decir destinados expresamente a golpear a Israel o a las numerosas bases americanas situadas en la región. Asimismo, han completado un importante ejercicio naval, en el que se incluían asimismo tiros con misiles. Hace también ya un año que Irán ha comenzado a desplegar varias fragatas y submarinos en el Océano Índico, el gofo de Adén y el Mar Rojo.

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