edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
23/02/2010
Ante la segunda ola de morosidad, el Banco de España impone una limpieza

La subida de las provisiones, una vuelta de tuerca a las cajas

El mensaje es 'sacar ya del balance los activos inmobiliarios'
Los bancos venden inmuebles a precio de coste, pero una treintena de cajas hace oídos sordos
Juan José González

Aseguran quienes le conocen bien, que en los últimos días al gobernador del Banco de España le silbaban los oídos ante el cada vez más insistente comentario sobre la credibilidad de las cuentas bancarias españolas. Si bien no era este un asunto en el que se pudiera generalizar, las sospechas de fondos, analistas, instituciones públicas y privadas internacionales al respecto, reunía todos los ingredientes para concluir con una falta de credibilidad, antesala de la falsedad de documentos públicos y estadística oficial (Grecia es el caso más reciente). La semana pasada, la salida del equipo económico del Gobierno para la presentación en varios foros internacionales de la realidad española, vista por los funcionarios, vicepresidenta Económica y secretario de Estado, se enmarcaba dentro de una estrategia general de aportar credibilidad a un sistema que de forma creciente se iba poniendo en duda por el mundo anglosajón.

La pauta de actuación del Banco central español es bien sencilla: a medida que la crisis del sector inmobiliario se ha ido haciendo un hueco en los balances bancarios, procedía a consultar, valorar, comunicar y, finalmente, a aprobar un endurecimiento de los requisitos de reserva de dinero para imprevistos (activos inmobiliarios). El jueves de la semana pasada se cerró la ronda de contactos con los directores financieros de bancos y cajas para subir el porcentaje de provisión de los activos inmobiliarios hasta el 30% del valor de tasación (de los activos que hayan permanecido más de un año en el balance).

El Banco de España no fue ajeno al movimiento de los funcionarios de Economía, y desde Cibeles pensaron que la mejor vía para aportar credibilidad era, precisamente, coger al toro por los cuernos; mostrar más disciplina, supervisión y control de la situación financiera, de las cuentas bancarias y empresariales, ejerciendo jurisdicción. Era conocida, también, la incómoda sensación de los ejecutivos del Banco de España ante unos balances que, como los bancarios, estaban plagados y contaminados por inmuebles, promociones y más promociones, y además al alza, vivían más un año entre las líneas de la contabilidad bancaria.

Pero como casi todo tiene un límite, se decidió que era el momento más adecuado para iniciar una operación limpieza; limpieza de balances, única forma, por otra parte, de resolver otros problemas, o, como aseguran en medios del sector financiero, al tiempo que se resuelven problemas de mayor calado, se despejan de una vez por todas la deuda inmobiliaria.

La jugada de Ordóñez, si sale bien, será una carambola a muchas bandas, seguro que más de tres. El gobernador se propone poner las cosas en su sitio antes de que llegue a su despacho una queja formal del Gobierno por la acumulación de asuntos sin resolver y sin rematar. Al Banco se mira cuando el FROB sigue como redil sin ovejas; la mitad de las cajas de ahorros ni hablan de acercamientos, la reestructuración del sector financiero no va con ellas. En este grupo, una treintena viven ratios de morosidad que se confunden con los de cobertura, en fin. Si de hablar de precios en el sector inmobiliario, también se mira de soslayo al Banco de España, porque no hace aportación para la corrección de un mercado que no corrige. Y además, varias instituciones financieras están cada vez más próximas a la quiebra técnica.

El orden de prioridades marcado en el Banco de Cibeles pasa por arreglar el desaguisado en el sector de las cajas, de esa treintena de entidades que camina por el borde del precipicio –se ha llegado a afirmar que la quiebra de una de ellas, en un momento clave como el actual, cuando Grecia esta condenada y España nominada, puede resultar explosivo-. Era necesario empujarlas hacia una situación que propiciase un acuerdo de fusión, incluso, de fusión SIP o virtual. Pero los responsables de ese grupo de cajas siguen enrocados en sus trece y los movimientos no se producen. Así que, nada como promover -imponer- la jurisdicción con una subida, como es el caso, de las provisiones por los activos inmobiliarios del 30%.

Lo que para algunos bancos es un sacrificio asumible –con sus costes, pero asumible- caso de Santander y BBVA, alguno mediano y las tres o cuatro cajas de mayor volumen, para otras de pequeño y medio tamaño puede resultar letal, imposible, definitivo para echar el cierre o arrojar la toalla al gobernador solicitando ayuda. Santander, BBVA, Popular y La Caixa, siguieron los pasos suficientes para adelantarse a medidas del Banco de España, provisionando por encima de las exigencias que, como en el caso de Santander se mostró dispuesto a asumir que los inmuebles en el balance del banco, adquiridos por 4.304 millones, están valorados en 2.936 millones, algo así como reconocer una depreciación del 32% del valor de estos inmuebles –el Banco de España pide ahora el 30%-.

En una línea similar se posicionó Francisco González, presidente de BBVA, cuando en la presentación de resultados de 2009, hace apenas unas semanas exclamó, “alguien tiene que pagar la deuda inmobiliaria y no van a ser los contribuyentes, así que, algo tenemos que hacer”. Y comenzó reconociendo que el banco pagará sus propias deudas.

Pero una cosa es lo que hace la gran banca y otra distinta lo que hace el resto. Y visto que el resto de entidades hacía poco o nada por solventar el fiasco del inmobiliario, Ordóñez pensó que era ahora o nunca el momento para obligar a la banca a realizar mayores dotaciones por estos activos. La banca ha cogido bien la comunicación; se debe vender cuanto antes, para limpiar los balances de una vez por todas y evitar las fuertes dotaciones, y, por otro lado, poner en precio a un mercado que, como el inmobiliario continúa siendo el certificado de una crisis que ya dura más de siete trimestres.

El Banco de España ha visto que la segunda oleada de morosidad será peor, viene a más velocidad, es menos intensa, de menor duración, pero tan lesiva como la primera, y quiere evitar males mayores. Nunca el Banco de España había resultado tan claro en sus mensajes indirectos como el que acaba de efectuar ahora, con las cuentas bancarias presentadas en público y con medio sector preparando las juntas de accionistas. El Banco de España ha preferido ponerse en el papel de ‘avisador’ (el que avisa no es traidor) a la vez que enviar a las cajas un ‘telegrama’ urgente para que se pongan manos a la obra, con esa nueva obligación de dotar los activos inmobiliarios, algo duro pero que “a quien se hace sordo, barreno gordo”.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...