edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
25/09/2012
Crispación social y económica

La táctica del Gobierno de ganar tiempo dispara el riesgo de violencia social

Temor a una reacción radical en la calle por la demora del rescate
Los empresarios preocupados por el riesgo de la respuesta social: los mercados cerrarían las puertas
Juan José González

El coro, cada vez más numeroso, de personas, instituciones y sectores enteros económicos muestra un mayor grado de energía: no se cuestionan ya cifras ni magnitud de recortes, sino tiempo. La agenda del presidente del Gobierno Mariano Rajoy agota, en este escenario más crispado, sus últimos compromisos políticos. La intervención, su debut, en las Naciones Unidas era otra de esas etapas "políticas" marcadas por Moncloa para, una vez superadas entrar de lleno en la fase final para la petición a la Unión Europea del rescate soberano, una vez preparado el terreno, el marco adecuado. Es una demora dolosa, con numerosos agravantes, en el borde mismo de la tipificación penal: aplaza decisiones empresariales y laborales importantes, puesto que no toda la economía del país esta parada. Deja a otras en punto muerto mientras algunas corren el peligro de perderse o directamente se pierden. El país (personas, familias y trabajadores) pierde oportunidades. El rescate ya es deseado por una mayoría de sectores sociales, aunque lo malo, lo peor, vendrá después, cuando se descubra qué se solicita para devolver las deudas, no para bajar impuestos o dar trabajo inmediato a los ciudadanos.

En todo caso, la petición de rescate se hace “de rogar”. Los economistas observan cómo aquéllos indicadores de actividad que deberían subir, no lo hacen, sino todo lo contrario, y los que deben bajar o mantenerse en niveles bajos, suben o se disparan. Son cuatro trimestres en rojo y cinco millones de desempleados: no se encuentra mejor certificado para una crisis. Un destacado economista español (¿por qué sólo se hace caso a Krugman, Stiglitz, Rogoff, Phelps y otros…?) llamaba la atención el pasado fin de semana sobre la situación que esta creando esta tozuda demora del presidente Rajoy con una referencia muy clara: “…los gobernantes españoles y europeos también, se han adormecido, lo que les ha impedido ver que el problema no era sólo la financiación del Rey (el Tesoro Público) sino la de sus súbditos (familias, empresas y bancos). Y redondeaba la cita rematando con un “…y sin la tropa no se ganan las batallas”.

La tropa esta que arde, dispuesta a admitir lo peor, entendiendo por ello que los recortes o ajustes que vengan anexos al rescate soberano no serán más fuertes que los conocidos hasta ahora en los últimos nueve meses; o que cuanto menos, no causen mayor sufrimiento. Desde enero de 2010 el escenario económico sólo muestra curvas de caída o líneas de bajada: consumo privado, producción industrial, PMI manufactureros, afiliados a la Seguridad Social. Como también los indicadores de servicios y, obviamente, los de construcción como la licitación y el consumo de cemento. Tan sólo dos caballos parecen querer tirar del carro: exportación y turismo. Loable pero insuficiente.

Así las cosas, mientras el presidente debuta en el foro de las Naciones Unidas, la demora del rescate (de su petición formal a Bruselas) y crece la incertidumbre, el flanco social esta apunto de estallar en la calle. Se podrá comprobar en los próximos días en las distintas convocatorias de manifestaciones públicas, llamamientos que pudieron tomar buena nota de la calle en Portugal, donde la población envió el mensaje directo a sus gobernantes de que no estaban dispuestos a continuar con los recortes.

Dos destacadas personalidades del sector empresarial como Francisco González, presidente de BBVA y Juan Rosell, presidente de la CEOE, han animado en las últimas horas a dejar a un lado los prejuicios políticos, nacionales y económicos sobre los posibles efectos negativos de una petición de rescate soberano, en el entendido de que producirían un indeseado estigma difícil de corregir. Ni banqueros ni empresarios parecen sentirse estigmatizados más allá del peligro que pudiera suponer una parálisis total, un caos institucional similar al de Grecia, debido a la demora en la toma de decisiones. Y la solicitud formal de rescate, por muy vergonzosa que pudiera resultarse al Gobierno actual, no debe demorarse más allá de octubre. 

Las políticas de ajuste ni gustan a nadie y suelen desacreditar a sus promotores, en este caso al Gobierno de la nación. Pero el Ejecutivo ya esta presionado por todos los frentes: económico, institucional, social y político, incluso desde el seno del propio Gobierno se observan caras que ya no exhiben sonrisa en sus comparecencias (Interior, Exteriores, Justicia…) equiparándose a sus compañeros de Empleo, Hacienda o Economía.

Políticas de ajustes que desgastan a cualquiera, el primero al Gobierno, algo comprensible, pero ¿cree el Gobierno que no hay nada en esta crisis que le pueda (o deba) desgastar? Seguramente, un Ejecutivo consciente de que cualquier acción de ejercicio de poder desgasta, no estaría dando largas a un asunto como el de la petición de rescate a Europa, algo que ya todos consideran razonable, mal menor.

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