edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
19/02/2009
Bruselas provoca un debate previo a la reunión del G-20
Jean-Claude Trichet, presidente del BCE

La taimada amenaza de intervención del BCE en la gran banca española

Desconfía de la ‘auténtica’ salud de las entidades españolas, quizá porque ya está seguro de que la del resto de las europeas es mala
Juan José González

Trichet, Papademos y Bini, (presidente, vicepresidente y miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo, respectivamente) son conocidos en bares y tabernas de Bruselas como el “bueno, el feo y el malo”. Lo cierto es que, no se sabe si como consecuencia de una de esas noches embriagadoras o fruto de una profunda reflexión, han decidido que la ‘super-supervisión’ o ‘macrosupervisión’ de las entidades financieras de los 27 dé comienzo por los bancos españoles. El anuncio (filtración a un medio de comunicación alemán) se produjo en la mañana de ayer y de llevarse a cabo equivaldría a que el Banco de España vería recortadas, hasta el último requisito, las funciones de supervisión de las tres más grandes entidades financieras españolas, Santander, BBVA y Popular. La ocurrencia del equipo de Trichet responde a la intención -sana y digna del mayor elogio- de poner remedio a la “frágil” situación de las entidades financieras en Europa tras haber fracasado en la práctica con las actuaciones de los funcionarios del BCE y comprobar que el modelo que pretenden, el mismo que la Reserva Federal en EE UU, no parece haber ni detectado ni evitado el descalabro de cientos de entidades bancarias, a pesar de la “super-supervisión”.

La decisión es sorprendente pero no sorpresiva. El Banco de España dispone de un consejero permanente en el Banco Central Europeo, además de las constantes visitas y estancias de Gobernador del Banco de España y del ministro de Economía español. Así que no resulta comprensible el revuelo montado ayer tarde en Madrid a propósito del asunto. Se sabe que las autoridades económicas españolas no han proporcionado muchos detalles que sobre las instituciones financieras españolas han sido solicitados de forma reiterada (verbalmente, nunca por escrito) de los responsables del BCE, concretamente, del vicepresidente Lucas Papademos. Y que sus preguntas nunca han sido satisfecha; vamos, que lo que deseaban conocer de las ‘tripas’ de la Banca española siguen sin conocerlo. En todo caso parece difícil entender que el lance de los tres ejecutivos pille por sorpresa a las autorizadas españolas.

Se desprende de la intención del BCE un cierto recelo acerca del estado de salud de los bancos españoles, aunque quien más quien menos haya apuntado que es posible que en realidad se trate de pedir la supervisión de las cajas antes que la de los bancos. Llama la atención, igualmente, que la iniciativa comience a materializarse por un flanco que no esta dando problemas, en vez de actuar a fondo en aquellos que aportan más dolores de cabeza, luego, no es por falta de trabajo, sino más bien por desconfianza.

Después de 14 meses de actuaciones y celebración de consejos mensuales y plenos cada trimestre, al BCE se le ocurre que para evitar nuevos colapsos de bancos “sobreapalancados” y ante una “corta legislación” en el ámbito del control financiero de los 27, desea intervenir y contar a su disposición y cada 24 horas con los listados de operaciones de las entidades financieras.

Desde una de estas tres entidades españolas se recuerda que no es un tema nuevo, puesto que se trata de una propuesta del Consejo que el BCE lleva estudiando desde hace poco más de un año y que está en línea con la vigilancia que se quiere aplicar a las operaciones transfronterizas de las entidades financieras, pero “con el fin de detectar la circulación de dinero procedente de mafias de otros países, narcotráfico y organizaciones terroristas, pero nada más”. También se señala que “en asuntos de soberanía financiera, es improbable que salgan adelante ‘cesiones’ de este tipo”.

Por otra parte, este movimiento del BCE es considerado como ‘sospechoso’ de querer adelantarse a la próxima reunión del G-20 en la que se tratará, según la agenda cerrada tras la anterior reunión en Washington, la nueva regulación financiera. Un analista del sector ve precisamente en esta acción un intento en “precalentar” un tema de importante alcance, justo en vísperas de la mencionada reunión, en la que ya estará presente el equipo de económico del nuevo presidente de EE UU con Obama a la cabeza.

Que el sector financiero vivirá una revolución legal en los próximos cinco años, nadie lo pone en duda, pero de ahí a perder la capacidad de intervención en las mayores (ni en las medianas) entidades de un país, parece hoy por hoy misión imposible, sobre todo cuando dos tercios de la Banca europea se encuentra en quiebra y exigiría además el más amplio quórum, el acuerdo unánime de los 27, algo que Jean Claude Trichet difícilmente podrá lograr en lo que le resta de mandato, que no es tanto.

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