edición: 2680 , Miércoles, 20 marzo 2019
27/08/2010
Gobierno Corporativo

La teoría del 'valor del accionista' pierde fuelle en el nuevo escenario corporativo

La SEC ha promovido una norma que otorga a los inversores institucionales un mayor control a la hora de intervenir en los consejos
La integración entre Gobierno Corporativo y Responsabilidad Social es la nueva tendencia de las instituciones internacionales
Beatriz Lorenzo

Tras décadas de oscurantismo y malas prácticas, tras las consecuencias de una voraz crisis económica en gran parte motivada por la desidia y los afanes cortoplacistas, ha saltado a la palestra la importancia del Gobierno Corporativo a la hora de mantener el equilibrio económico. La búsqueda de respuestas y nuevos modelos más sostenibles responde al clima de absoluta desconfianza que reina en la actualidad entre todos los grupos de interés. Un pasado cuajado de medidas de infravaloración del riesgo y persecución a toda costa del “cash” les pasa ahora factura a las empresas, que ven oscilar sobre sus respectivas marcas el gran interrogante que la sociedad se plantea acerca de las vías que las compañías van a seguir para subsanar sus errores y afianzar el nuevo clima empresarial más transparente, más dialogante, realmente sostenible en el tiempo.

A raíz de las nuevas necesidades, la integración entre Responsabilidad Social y Gobierno Corporativo se ha convertido en uno de los grandes retos para las compañías. El vínculo ha de ser efectivo y real, alejado de las antiguas prácticas de barniz responsable. La información transparente y veraz se convierte, también en este aspecto, como la mejor vara de medición del nuevo fenómeno; y en respuesta a ello los reportes se reinventan, se actualizan e incluso se fusionan para lograr la unificación entre información de Gobierno Corporativo e información sobre Responsabilidad Social. Sin embargo, el problema radica en que hasta la fecha los informes de Gobierno Corporativo se han orientado a los accionistas como público mientras que las cuestiones relativas a la sostenibilidad y la responsabilidad social se dirigían a calmar la desconfianza de los stakeholders como colectivo global constituido por los clientes, empleados, ONGs, proveedores, etc.  Sin embargo, la verdadera transparencia corporativa es la que concede la misma difusión a uno y otro concepto, más allá de las anticuadas vestiduras “buenistas”.

VIENTOS DE CAMBIO

Sea como fuere, que la gestión empresarial ha de encaminarse por nuevos derroteros, menos anquilosados que los antiguos orientados exclusivamente al valor del accionista, no es ninguna novedad, y los aires de reforma comienzan a soplar en el escenario corporativo. La SEC estadounidense aprobó ayer una normativa que otorga a los inversores institucionales un mayor control a la hora de intervenir en los consejos de las empresas en las que invierten, una modificación que deja abierta la puerta a la posible influencia de sindicatos, organizaciones medioambientales, instituciones de diversa índole y todo tipo de inversores que no comulgan con el interés del accionariado empresarial. Es aventurado afirmar que esta decisión suponga un nuevo impulso para el ascenso de la RSC a las cúpulas corporativas, pero indudablemente supone un varapalo a la tradicional omnipotencia del accionista.

Así las cosas, uno de los mayores pasos a favor de la integración es el llevado a cabo en los últimos días por Global Reporting Initiative (GRI) y el The Prince's Accounting for Sustainability Project (A4S) con la presentación de su iniciativa International Integrated Reporting Committee (IIRC) con la que buscarán el modo de integrar la denominada información ESG (ambiental, social y de gobierno corporativo) en los balances financieros anuales.  El organismo internacional fundamenta su iniciativa en el hecho de que la información actualmente requerida conforme a normas contables y de cotización en bolsa no refleja plenamente a los factores ambientales y que, además, cuando la información sí es divulgada apenas tiene relación con el desempeño financiero y la dirección estratégica.

HACIA LA INTEGRACIÓN

La iniciativa impulsada por GRI se enmarca dentro del plan a largo plazo que anunciaron durante su última conferencia en donde el director ejecutivo, Ernst Ligteringen, adelantó que la organización estaba estudiando la renovación de sus indicadores de reportes de RSE. Además, el  IIRC aspira a responder a la necesidad de tener un marco integrado con información completa, concisa, comparable y estructurada en torno a los objetivos estratégicos del modelo de negocios y de gobierno corporativo de las empresas. En este sentido, el objetivo pasa también por promover un marco de información integrado y dar apoyo a las necesidades de información de los inversores a largo plazo, mostrando las consecuencias en el largo plazo de la toma de decisiones, dejando en claro el vínculo entre la sostenibilidad y el valor económico. La iniciativa culminará en la presentación de una propuesta inicial sobre un Marco de Reportes Integrados para finales del año en curso. La idea es que este borrador pueda ser sometido a revisión por el Comité de Gobierno durante 2011. Este será el último paso para luego publicar una herramienta que muestre cómo integrar los reportes financieros y los de sustentabilidad.

Y si de integración hablamos, ha de recordarse el hecho de que el vínculo que une el Gobierno Corporativo y la Responsabilidad Social radica en el conjunto de buenas prácticas de carácter voluntario que constituyen ejemplos de buen gobierno. En España,  la propia Comisión Nacional del Mercado de Valores ha aprobado un 'Código de conducta y buen gobierno corporativo' para las empresas que cotizan en bolsa, uno de cuyos principales logros- a juicio de la mayoría de los expertos-es haber estrechado el cerco a los abusos de poder de los ejecutivos y accionistas de referencia de las compañías cotizadas.

El futuro, por lo tanto, pasa por la consolidación de herramientas como la Triple Bottom Line que aúna las dimensiones social, financiera y medioambiental de forma que soportan de forma equitativa el peso de la compañía. La primera de ellas promueve la calidad de vida de sus empleados-en su dimensión interna-y contribuye al bienestar del país o la comunidad donde la empresa actúa- en su dimensión externa. La segunda se encarga de maximizar los resultados económicos a largo plazo, y la tercera no solo trata de paliar el impacto de las operaciones y los productos de la empresa en el medioambiente, sino que va más allá para crear valor ambiental  reparando en la medida de lo posible los daños al ambiente causados en el pasado. Ciertamente, la integración de Responsabilidad Social y Gobierno corporativo ha de ir mucho más allá de las promesas empresariales en pro de una gestión más transparente, de una mayor cantidad de fondos destinados a inversiones sociales o un menor porcentaje de emisiones contaminantes. La integración real y “profesionalizada” se perfila así como la clave del nuevo escenario económico sostenible.

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