edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
22/12/2015
La inversión directa que no llega

La tercera parte del beneficio del Ibex, pendiente de los pactos políticos

El ’impasse’ de la inversión, como en las elecciones catalanas, camino de repetirse a nivel nacional  
Juan José González
Los resultados electorales no parecen haber despejado ni una mínima parte las incertidumbres de los inversores nacionales como tampoco de los extranjeros. Porque el riesgo no está en el resultado, si no en el futuro, en las coaliciones y acuerdos de gobierno. La estadística apunta que el Ibex ha caído poco más del 2% en las últimas cinco elecciones generales celebradas. Recortes que fueron mayores cuando el riesgo de pactos `peligrosos´ o rupturistas (nacionalistas) fueron evidentes. Los inversores ya parecían haber descontado el resultado del 20D en las semanas previas a la cita con las urnas. Retiradas de dinero de pequeños inversores y ventas de paquetes de sociedades de inversión fueron la tónica dominante en los dos últimos meses. Los primeros por el aumento de los temores a una victoria de los partidos de izquierda, y los segundos por considerar que un tercio de los beneficios de las empresas del Ibex está afectado, o depende en gran medida del Boletín Oficial del Estado. Algo a tener muy en cuenta en el largo plazo.
Las primeras miradas de atención de los inversores se dirigieron el lunes hacia los mercados, la Bolsa y otros indicadores como la prima de riesgo. Era la única forma de conocer la reacción del dinero a los resultados electorales que, aunque con un ganador como formación más votada, no eliminaba ninguna de las incertidumbres que sobrevolaban los mercados y que, finalmente, terminaron por aterrizar de forma un tanto abrupta e inesperada, vistos los resultados de los nuevos partidos. Sin embargo, la forma en la que se podrá detectar la reacción de los inversores ante el nuevo mapa político español, no están en la subida de la prima de riesgo (una reacción automática) ni en el movimiento (a la baja y también por reacción) del mercado de valores, del que se sabe, por anteriores reacciones, que es sensible al riesgo político, aunque sólo en parte.

La prueba o veredicto que se espera de los inversores sobre la deriva política española, se verá dentro de unos meses, cuando se configuren las alianzas, pactos o incluso, coaliciones de gobierno. Será ese el momento en que se puedan calibrar la fortaleza de las instituciones y de las posibilidades reales de que una o varias formaciones políticas, puedan llevar a término algún plan determinado de gobierno. Hasta entonces, los dos termómetros más fieles a la realidad, mostrarán una cifra mayor o menor de inversión directa y una velocidad mayor o menor en la creación de empleo. Y estas dos serán las variables a vigilar en los próximos dos o tres meses, cuando se haya formado un gobierno y comience su andadura.

De forma más inmediata, el impacto de un resultado electoral como el del lunes, `asegura´ y confirma una probable ingobernabilidad temporal que impactaría en numerosas decisiones de inversión pendientes del resultado. De la compleja gobernabilidad que se presenta en el horizonte, se desprende un más que probable parón de la inversión y que algunas casas de análisis ya han cuantificado en poco menos del 0,7% del PIB y la consiguiente destrucción de empleo, en torno al 0,3% del PIB. Un impacto del orden del 1% sobre el PIB es uno de los escenarios más adversos que se podían esperar si se diera la confluencia de varias variables, como así ha sido.

La ocasión no es la habitual; se sabía que eran unas elecciones cuyos resultados iban a transformar buena parte del sistema de partidos conocido hasta la fecha. Porque en ninguna cita electoral anterior estaba en juego el modelo de Estado, tampoco la reforma laboral en profundidad prometida por algunas formaciones, cambio del Estatuto de los Trabajadores, cambios en las estructuras impositivas para empresas y grandes patrimonios, cambios también que afectan (o afectarán) a sectores completos de la actividad productiva, sectores estratégicos y demás de los que se predican cambios y reformas legislativas casi con carácter inmediato, nada más llegar al poder.

Ya se conocía la posición de algunos inversores, grandes empresas como también miles de pequeños inversores y ahorradores durante el período previo a las elecciones catalanas. La prudencia y la espera a que el horizonte se despejara a medida que se solucionasen los problemas de gobierno, se ha traducido en un freno a las inversiones a medio y largo plazo que pondrán en peligro los beneficios de las empresas y por consiguiente, los peores resultados macroeconómicos. Por eso se da como seguro que los inversores, nacionales y extranjeros, reaccionen en el mismo sentido que lo hizo en el caso de Cataluña. Por eso los partidos políticos deberían apresurarse a despejar las incertidumbres y evitar que la política interrumpa una tendencia que era (y sigue siendo) la mejor en una salida de la crisis.

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