edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
25/11/2013

La tesis de la recuperación económica choca con un debilitamiento de las exportaciones en el tercer trimestre

La política de devaluación interna del Gobierno y la CE se ve socavada por la realidad internacional en la UE
Carlos Schwartz

Los datos de comercio exterior del tercer trimestre que el Gobierno ha calificado de muy buenos tras anunciar un récord histórico de las exportaciones no coinciden con la realidad. Los datos fríos son que el crecimiento interanual, septiembre sobre septiembre, arrojó un 8,3% en valor y un 11,4% en volumen, lo cual indica que hay una caída de precios en las exportaciones del 2,8%. Pero lo que los datos ocultan es que septiembre de 2012 fue un mal mes, por debajo de los registros normales, y ese hecho es lo que origina el contraste calificado de récord. Los meses anteriores y posteriores a septiembre de 2012 tuvieron tasas mucho más altas de exportaciones. Como bien señala el director de coyuntura de Funcas, Ángel Laborda, las exportaciones de septiembre de 2013 han sido muy inferiores a las de agosto de este mismo año lo que también ocurrió con julio respecto de los meses anteriores. Esto pone de relieve que hay una tendencia al estancamiento de las exportaciones, algo que se debe en particular al menor crecimiento de los países emergentes.

Las estimaciones son que las exportaciones del tercer trimestre han caído un 17% respecto de las exportaciones del segundo, aunque este último es cierto que creció un 33% respecto del primero. Pero ni aún en este escenario en el cual España tendrá un buen año de exportaciones ganando cuota de comercio internacional el sector exportador contribuye al crecimiento económico más de lo que lo hizo en los años de la recuperación de la crisis económica de mediados de la década de 1990. La expansión de las exportaciones entre 1992 y 1998 hace palidecer los tan aplaudidos resultados del sector exportador bajo el Gobierno del Partido Popular. Pero para más penurias, las importaciones, que se han moderado, crecen aun así más que las exportaciones por primera vez desde que empezara la crisis. Esto ha hecho que el sector exterior deje de contribuir al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). Es decir que la posibilidad de que haya crecimiento económico queda fiado más que nada a que haya una mejoría de la economía internacional. Algo que está por verse.

El eje teórico de la política económica del Gobierno, y de la CE, es que una drástica reducción del gasto y la inversión públicas reduce la demanda añadida y ocasiona desempleo. Si esta política se acopla a una reforma laboral que permita reducir los costes laborales unitarios por el exceso de mano de obra desocupada los precios se ajustarán forzando una devaluación interna. Esa devaluación interna relativa a los países con superávit permitiría un flujo de recursos de éstos hacia los países con déficit. Pero de acuerdo con los datos de la OCDE la realidad es que los costes laborales unitarios en Irlanda, Portugal y España entre 2009 y 2013 se han colocado en el nivel de 1999. Mientras los de Francia e Italia, han crecido. Pero, sorpresa, los de Alemania están un 10% por debajo de 1999. Es decir, algo falla en este proceso de ajustes automáticos que tanto defiende la CE. Para dar un cuadro más completo del fracaso de la teoría, y de acuerdo con las estimaciones del FMI entre el 2009 y 2014 los precios habrán subido en Alemania un 9,5%; pero en España habrán subido un 11,2%, un 11,1 en Italia, un 16,6% en reino Unido, y un 19,1% en Estonia y un 12% en Lituania. Es decir que los costes laborales unitarios caen más en Alemania que en la periferia del euro, y los precios suben menos.

Mientras, a raíz de que los salarios nominales han caído más que los precios hay una caída del salario real. En Grecia esa caída ha sido del 22%, en España del 7%, en Portugal del 6%, en Irlanda del 4% y en Italia del 2%. Estos datos ponen de manifiesto que la teoría no se compadece con la realidad. Pero, por otra parte, la consolidación fiscal que se basa en la reducción del gasto y la inversión públicas han tenido un efecto contractivo muy superior a lo que los teóricos estimaban. La evidencia la tenemos con la tendencia a la deflación que tanto alarma al Banco Central Europeo (BCE) y que ha generado ríos de tinta. En realidad, mirando hacia atrás, la fortaleza del ciclo exportador español en los años 90 estuvo directamente relacionado con la devaluación de la peseta lo que ocasionó un rebote inmediato. Ahora el milagro tiene que operar sobre la base de la moneda más fuerte del sistema monetario internacional. Las ilusiones de que la reducción de los tipos de interés en el 0,25% por parte del BCE debilitaría al euro, de momento no se comprueba. Es más el dólar se ha depreciado en las semanas recientes frente a la moneda europea.

Mantener estas políticas no va a llevar a una recuperación económica, sino más bien a un desastre a la vista de los datos reseñados. Si con una baja tasa de inflación y tendencias deflacionistas persistentes se mantiene la política de consolidación fiscal y recortes o reducción de inversión y gasto públicos lo que se va a conseguir es deprimir aun más la demanda interna. En octubre pasado Alemania anunció una tasa de inflación interanual del 1,2%. Esto quiere decir que para que las economías de la periferia, es decir los países deficitarios, logren una devaluación interna comparados con ella tienen que profundizar en la caída de los salarios y apelar a la deflación. La persistencia en esta política va a suponer una mayor caída de la demanda agregada y el consumo interno en la periferia al menos como tendencia previsible. Lo cual equivale a decir que la austeridad de Alemania, sus costes laborales aplastados, y la negativa de su Gobierno y el Bundesbank a tolerar un incremento de la inflación van a seguir macerando en la crisis a los países de la periferia sin muchas perspectivas de que levanten cabeza. La idea de que la periferia va a tolerar de manera indefinida políticas de sacrificio sin resultados significativos en el corto plazo puede demostrar ser una gran equivocación.

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