edición: 3052 , Miércoles, 23 septiembre 2020
07/05/2013
A la caza del gran evasor

La UE no quiere dejar escapar 1 billón de euros al año

Un estado -Renania-Palatinado- comprando un CD con cuentas secretas de clientes resulta tan reprobable como la evasión fiscal a la que persigue
Juan José González

Con la boca pequeña pero hasta Alemania parece haberse sumado al grupo de países de la Unión Europea que creen llegado el momento de emprender la caza del evasor fiscal. Consideran todos los países que el fraude fiscal en la zona, medido en términos anuales, alcanza el billón de euros en menor recaudación tributaria. En España la Comisión Europea calcula un volumen de evasión cercano a los 73.000 millones de euros anuales. Un reciente informe de la Comisión Europea pretende ser el `acelerador´ de la reforma de una directiva sobre tributación del ahorro, bloqueada por tres países de la Unión desde hace cinco años. El desbloqueo, si bien, no sería definitivo para acabar con la evasión fiscal, sí serviría para corregir, avanzar y reducir la vía de escape de tanta recaudación tributaria `burlada´. Creen ahora que déficit y deuda pública serían menores si se hubiera avanzado algo en la directiva en estos últimos ejercicios fiscales.

El legislador está convencido de que las normas actuales protegen a la mayoría de los evasores fiscales, y que la única vía posible de trabajo para corregir la anomalía se debe buscar, igualmente, en otra norma. Pero esta se encuentra bloqueada directamente por Luxemburgo y Austria, e indirectamente por Alemania. Sin embargo, un ligero cambio de criterio en el Gobierno germano, puede obrar un vuelco en el impasse en que se encuentra la reforma de la directiva sobre tributación del ahorro. Hasta ahora el obstáculo era, y en parte continúa siendo, la falta de unanimidad de los dos países y de su `protector´ alemán con el resto de los 24 países miembros de la UE. Es por ello que, un cambio de actitud en uno de los tres, puede significar el pistoletazo de partida para que los políticos faciliten la reforma de la directiva.

Con esa sensación salieron los ministros de Economía y Finanzas europeos de la última reunión el pasado 23 de abril y con un grupo de trabajo centrado en un primer objetivo: conseguir la unanimidad de los 27, puesto que se trata de aprobar una reforma de reglas comunes que, en este caso, va destinada a combatir la evasión fiscal.

Al parecer, las cifras grandes están consiguiendo ablandar el carácter de algunos líderes políticos, sensibilizados por la trascendencia de los déficits, de las deudas públicas como también de las cifras del fraude fiscal; un billón de euros anuales para el conjunto de la Unión, y casi 73.000 millones de España. Coinciden los gobernantes en que la directiva en cuestión (data de 2005 tras quince de duras negociaciones) tiene más agujeros que un queso suizo (pura casualidad) `gruyere´, cuya eficacia relativa podía tener lugar hace varias décadas. Pero no ahora.

Combatir la evasión fiscal significaba para la inspección y cuerpos policiales, descubrir y detener la pequeña evasión fiscal, habitualmente con nombre y apellidos de ciudadanos, de personas físicas, a través de cuentas en el extranjero y demás capítulos de paquetes que intentaban pasar inadvertidos a la vigilancia en fronteras. La evasión que interesa detectar y combatir es la nociva, la significativa para las cifras de recaudación. Y esta se practica por otras vías, sociedades pantalla, instrumentales, fideicomisos y otros instrumentos financieros entre entidades, escapan, burlan, eluden y esquivan las normas, aprovechan sus debilidades. Al respecto y sin nombrar alguno, abundan ejemplos en la prensa diaria.

Por otro lado, la práctica ha venido a demostrar que los acuerdos entre la Unión y los paraísos fiscales europeos y británicos, en base a ineficaces intercambios de información, no han servido para el fin que se había propuesto y que tan sólo lograba, parcialmente, retenciones fiscales sobre los intereses financieros.

Y en ese delicado espacio en que se mueven los acuerdos sobre fraude fiscal, ya están en marcha nuevos sistemas de intercambio automático de datos. También y con la particular sutileza que caracteriza todo lo relativo a las cuentas personales de los ciudadanos europeos, Luxemburgo y otros socios reacios a esa información, ya han comenzado a despejar trabas e incluso a ir eliminando el secreto bancario (cuentas secretas).

Todo parece indicar que los países que hasta ahora venían utilizando la táctica de comprar a la banca bases de datos secretos de clientes, no es de recibo de ninguna forma (Renania-Palatinado comprando a Credit Suisse un CD con cuentas secretas de clientes) han desistido por numerosos problemas, entre los que cabe mencionar los costes de reputación, las reclamaciones legales de los clientes (defraudadores) y porque están convencidos de que es más eficaz recaudar mediante una norma que a través del contenido de un disquete.

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