edición: 2848 , Lunes, 18 noviembre 2019
09/07/2010
Cambio de ciclo, de línea informativa, de portavoz… y todo al mismo tiempo

La vicepresidencia económica será el nuevo eje de la política de comunicación

Objetivo: poner freno al desgaste del presidente del Gobierno para el resto de la legislatura
Juan José González

El final de la presidencia española de la UE, los buenos augurios para las entidades financieras españolas, la tregua sindical hasta septiembre y algunas previsiones relativamente más optimistas de los institutos económicos respecto al crecimiento económico español, junto a una cierta estabilidad de las tensiones de la deuda, parecen haber actuado como un ansiolítico en el Ejecutivo que, tras aprobar hoy la reforma de la ley de cajas (LORCA), parece dar el curso por cerrado. Lejos, muy lejos, parece hoy el rescate griego, o los rumores de hace apenas pocas semanas sobre un inminente rescate de la economía española. Aseguraba el alto funcionario del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, en su visita a Moncloa, que los Gobiernos pierden de vista los ánimos de reestructurar las cosas que funcionan mal a las pocas horas de haberlo propuesto. Y no le faltaba razón. Ahora el Gobierno español ha cambiado de estrategia y ha optado por explotar la caída de la tensión como si fuera un éxito, quizás contagiado por la euforia popular del pase a la final del mundo en el balompié. Los comunicadores saben que esto funciona así, a modo de opio, y no dudan en repartir kilos de adormidera entre el pueblo.

El ‘parón’ del Ejecutivo decretado por el mismo Ejecutivo esconde, además, otra intención: a partir de ahora, será el presidente y sólo el presidente, quien anuncie y capitalice el anuncio de reformas, dejando en un segundo plano a los miembros del equipo económico, Salgado y Campa. El desgaste de la presidencia europea dejó al primer ejecutivo diezmado en prestigio e imagen, un saldo de auténtico fiasco político bien cubierto mediáticamente, lo que contribuyó a engrandecer más aún el fracaso presidencial. La primera muestra de la nueva estrategia presidencial se produjo ayer con el anuncio de la próxima (por hoy) aprobación en Consejo de Ministros de la LORCA: quedó bien claro quién acaparó flashes gráficos y preguntas.

En realidad, la intervención del presidente no estaba prevista porque tampoco lo estaba la aprobación de la LORCA de forma inmediata pues contaba con mayor plazo de tiempo, según acordaron en su reunión los líderes socialista y popular en su último encuentro en Moncloa. Y como no estaba previsto, tuvo que ser el Banco de España el que mediara en el asunto para ‘forzar’ al Ejecutivo a resolver en serio en problema de las cajas de ahorros. Es la primera intervención enérgica del supervisor en un asunto de especial relevancia y que ha dejado en evidencia al elemento más débil del Ejecutivo en estos momentos: Elena Salgado. El bajo perfil de la titular de economía que, junto al fuerte desgaste político por su actuación en los últimos seis meses de crisis y presidencia europea, se ha cerrado con un balance negativo de liderazgo económico.

El Ejecutivo va quemando etapas, como lo haría cualquier Gobierno, y ahora, tras el cierre de la presidencia europea, el presidente se dispone a hacer cambios en el esquema de Gobierno: quiere hacer coincidir un cambio de ritmo con una nueva etapa de gestión, la recta final del mandato, con elecciones locales y autónomas en el presente ejercicio y en el próximo. Se quiere hacer coincidir el cambio en la línea de Gobierno con un cambio en el equipo económico, dando a este sector un papel de liderazgo que hasta ahora no ha tenido. El Gobierno quiere comunicar con soltura, no sólo en castellano, también en inglés y presentarse en plazas de medio mundo ante Gobiernos, instituciones y grupos de inversores, seguros de conocer y dominar los fundamentos económicos.

La línea elegida es tan atrevida como arriesgada, pero si resulta eficaz, los estrategas fontaneros de palacio Félix Monteira y Enrique Serrano (“tanto monta monta tanto”), se habrán ganado un lugar en el paraíso. Se trata de concentrar toda la política de comunicación sobre el nuevo titular de Economía, profesional de perfil acreditado en el sector, con conocimientos y experiencia en el sector financiero internacional, con un conocimiento cercano de la maquinaria política, con mano derecha e izquierda para tratar de la misma forma al Gobernador del Banco de España, al presidente de la patronal o al líder del partido del Gobierno.
Nuevo responsable y líder económico que no se dejaría llevar por avances interesados y falsos acerca del final de la crisis o de la reducción inminente del paro y, por supuesto, no afirmar categóricamente que el PIB español ya supera al de Italia y esta próximo al de Alemania. Los mercados están dotados de cabeza, tiene su propia psicología y cuando detectan desbarres de altura, retroceden y cambian de plaza. Por ello la elección del comunicador es tan importante, tanto o más que la apuesta por convertirlo en portavoz y eje de la política informativa del Gobierno.

Igualmente arriesgada es la idea de convertir al vicepresidente económico en el miembro del Gobierno que anuncie lo que se va a hacer; reformas, acuerdos, políticas, actuaciones… para sea el presidente el ejecutor de lo prometido, que anuncie que, efectivamente, se ha cumplido el proyecto. Otra cosa es que el presidente consienta en aplicar estas ideas y que, por supuesto, lleve a cabo la esperada crisis de Gobierno.

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