edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
03/01/2017
Precios y dinero al alza

La vuelta a la ”normalidad”, perjudicial para empresas, Estados y familias

Costes financieros más altos para todos, mayor incertidumbre y esperando sorpresas de Norteamérica
Juan José González
La deflación era un riesgo, la incertidumbre un peligro. Con esta aseveración comienzan a hacer sus planes la mayoria de las empresas en un ejercicio con más incertidumbre que el anterior y con la inflación escalando décimas en los próximos meses. Porque la inflación ha repuntado y el BCE se siente aliviado, contento y liberado ante tanta presión que suponía un objetivo inalcanzable. Temores fundados puesto que ha sido el repunte del petróleo y no las "quantitative easing" (QE) funcionando a toda máquina desde marzo de 2015 el verdadero motor de tan deseada reacción de los precios. Pero por otra parte, inflación y petróleo al alza se convierten también en un soga al cuello de los endeudados Estados y empresas deudoras en su compleja lidia con los déficit y los intereses de sus deudas. Ahora, la variable de precios ya se puede considerar fija: al alza, pero la incertidumbre, la incógnita de la ecuación se presenta como la mayor amenaza para los planes futuros de empresas, Estados y familias.
El Banco Central Europeo (BCE) puede comenzar a parecerse a la Fed americana a poco que avancen los meses del nuevo año. La incógnita de cuándo subirá tipos es ya algo más que eso, que una variable de futuro: se ha convertido en un acertijo, en adivinanza para sesudos analistas y econometristas que tratan de despejar el misterio. No parecen que en Europa vayan a funcionar las hipótesis cuánticas ni el cálculo de probabilidades, métodos ya utilizados en el caso de la Fed y que, año tras año, se estrellaron en el error de cálculo. En Europa el BCE jugará con la duda y la vacilación, irá interpretando la coyuntura a su antojo, o que servirá a especuladores y agentes de mercado para que operen con la incertidumbre, es decir, las autoridades se disponen a abrir una etapa de oportunidades de compra y venta de deuda. Podría decirse que alimentan la especulación. Y así pasará el año, intentando saber cuándo subirán los tipos.

La incertidumbre va a estar presente todo el año, con las empresas pendientes del fin de la financiación barata y cómoda. El escenario es nuevo respecto a los ejercicios pasados pero su comportamiento es conocido de sobra pues se ha repetido en otros escenarios en décadas pasadas. Las subidas de tipos, las expectativas, provocan modificaciones en los planes empresariales, en sus condiciones de financiación. Y no sólo a las empresas, sino también a los Estados y a las familias. Los tres agentes (empresas, Estado y familias) se van a enfrentar a partir de ahora a costes financieros más elevados y que deberán ir ajustando a la coyuntura conforme avanzan los meses.

En función de la subida del precio del dinero, el BCE ajustará también la facilidad de crédito, las inyecciones de liquidez. Este mecanismo o sistema de política monetaria, deberá ir también ajustándose a la realidad, a la normalidad de antaño. Ya se conoce, sólo en parte, el calendario de retirada de los estímulos del BCE: será a partir del próximo mes de abril cuando comience a reducir las compras mensuales de deuda (desde los 80.000 millones a los 60.000 millones). Pero, a pesar de todo, no dejará de ser otro elemento más de tensión e incertidumbre, en especial para empresas y Estados, posiblemente los más necesitados de financiación en todos los plazos posibles.

Pero la incertidumbre sobre la subida de los tipos en Europa se complica de forma esponencial enn la medida en que se duda sobre el mantenimiento de la inflación en niveles superiores al 1%, es decir, no parece que existan demasiadas tensiones en las subidas de precios de otros componentes distintos a los de la energía como para aventurar que el IPC en Europa alcanzará con facilidad el 2%. Si esto es así, es probable que las inyecciones de liquidez se prolonguen un poco más allá de la primavera.

En todo caso, la incertidumbre ya está instalada en el Tesoro Público español, porque, entre otros, los mercados ya no financian al Estado con tipos negativos y desde hace algo más de un mes y medio el Tesoro vuelve a pagar intereses por emitir, y por tanto aumentará la deuda en los presupuestos de los próximos años. Por tanto, la denominada vuelta o regreso a la normalidad deparará a las empresas, al Estado y a las familias un escenario más incómodo y con mayores costes financieros para todos. La incertidumbre jugará como incógnita permanente, contando con que, además, de Norteamérica pueden llegar sorpresas de todo tipo.

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