edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
16/12/2008
Observatorio de Coyuntura

La Zona Euro en recesión, ¿y ahora, qué?

Servicio de Estudios de ´la Caixa´

Los datos de crecimiento del tercer trimestre han confirmado que la entrada de la eurozona en recesión técnica se ha consumado. El PIB de la zona del euro cayó en dicho periodo un 0,2% respecto al tercer trimestre. Idéntico retroceso se registró en el segundo trimestre. Como ya se ha comentado anteriormente, se trata de la primera recesión de la historia del euro. En tasa interanual, el crecimiento se ralentizó hasta el 0,7%, un ritmo que equivale a la mitad del anotado en el segundo trimestre.

Con los datos disponibles en la mano se verifica que tres economías de la eurozona están ya en recesión: Alemania e Italia (que entraron en recesión en dicho tercer trimestre) e Irlanda (que sufrió igual suerte en el segundo trimestre). El bajo crecimiento de Francia y Austria (avance intertrimestral del 0,1%) y el avance intertrimestral nulo de Países Bajos y Portugal completan un escenario de ritmo de actividad prácticamente obturado.

¿Cuáles son las vías por las cuáles se está materializando el ajuste económico? A falta de disponer del detalle por componentes de demanda del tercer trimestre, los indicadores mensuales nos permiten aproximar la cuestión. Un primer elemento que falla es el consumo privado, como atestigua la caída de las ventas al por menor del tercer trimestre. El descenso del gasto de los hogares se está cebando más con el consumo de bienes duraderos que con el de no duraderos. Así, la producción industrial de los primeros cedía en septiembre un 6,7% interanual, mientras la producción industrial de bienes no duraderos registraba un descenso interanual menor, del 2,2%.

Otro puntal de la demanda interna, la inversión, está cediendo igualmente. Tanto el ajuste del grado de utilización de la capacidad productiva (retrocede un punto porcentual en el tercer trimestre) como la evolución de la producción industrial de bienes de equipo (descenso interanual del 0,9% en septiembre) remarcan que la inversión en equipo está amoldándose rápidamente a las peores condiciones de crédito y al deterioro de la demanda esperada.

Sin el concurso de la demanda interna, el crecimiento de la zona del euro queda a expensas del sector exterior. Tampoco en este frente las noticias son halagüeñas. La balanza comercial, que hasta el segundo trimestre era positiva, registró en septiembre un déficit de 24.300 millones de euros, en saldo acumulado de doce meses. La estabilización del ritmo de avance de las exportaciones la zona del 6% interanual en los doce meses que finalizan en septiembre implica que se está creciendo a un ritmo aproximadamente la mitad que el anotado un año antes. Las importaciones, por el contrario, siguen avanzando a tasas sensiblemente superiores, del orden del 10% interanual.

El impacto de esta situación de demanda, interna e internacional, a la baja en la oferta es un deterioro claro de esta última. Así, en septiembre, la producción industrial cayó un 2,4% interanual mientras la confianza de los servicios y la de la construcción descendía en octubre a niveles negativos no vistos en más de una década. El alcance sectorial de la crisis es, por tanto, muy amplio. La falta de tono de la demanda también empieza a impactar en la tasa de paro, que tras situarse en la zona del 7,2% en el primer trimestre, ha seguido un ascenso escalonado hasta el 7,5% de septiembre.

La contrapartida favorable del ajuste de demanda es la menor presión que ésta ejerce sobre los precios. En octubre, el índice de precios de consumo (IPC) armonizado se situó en el 3,2% interanual, cuatro décimas porcentuales por debajo de la cifra de septiembre. La ralentización inflacionista derivó, en gran medida, de la desaceleración del componente energético y, en menor grado, del menor crecimiento del grupo de alimentos no elaborados.

Partiendo de esta situación, ¿qué cabe esperar a corto plazo? Los indicadores de tipo cualitativo disponibles del cuarto trimestre (sentimiento económico o índice de gestores de compras, por ejemplo) señalan que en los últimos tres meses de 2008 la recesión se intensificará, con lo que compromete cualquier atisbo de recuperación hasta bien entrado 2009. Ello alinea el escenario previsto con el que manejan los organismos internacionales como el FMI o la OCDE y que apuntan a una caída del PIB en 2009 de cierto calado (un –0,5% de media anual). En este contexto, cabe esperar un paulatino deterioro adicional del mercado laboral aunque también una rápida remisión de las tensiones inflacionistas.

Para hacer frente a estas negativas perspectivas, la Comisión Europea ha presentado un conjunto de medidas coordinadas de estímulo fiscal. El paquete, que ascenderá a unos 200.000 millones de euros, aproximadamente el 1,5% del PIB de la UE, se financiará mayoritariamente a cuenta de los presupuestos nacionales, que se harán cargo de unos 170.000 millones de euros. Los restantes 30.000 millones de euros se distribuirán a partes prácticamente iguales entre créditos para las pymes del Banco Europeo de Inversiones y el anticipo de programas europeos destinados a financiar infraestructuras de transporte, energía y telecomunicaciones. Para la parte estatal la Comisión sólo indica una batería de posibles medidas (rebajas del IVA y de las contribuciones sociales, aumento del gasto, cobertura pública del crédito...). La propuesta debe ser ratificada ahora por el Consejo Europeo para entrar en vigor.

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