edición: 2596 , Jueves, 15 noviembre 2018
09/04/2018

La administración estadounidense estudia barreras no tarifarias para las importaciones de vehículos

La industria europea exporta 1,2 millones de vehículos a Estados Unidos su principal destino externo
Carlos Schwartz
Funcionarios de la Administración estadounidense reconocen que el gabinete del presidente Donald Trump ha solicitado a una serie de departamentos que estudien la posibilidad de imponer barreras de acceso no tarifarias a las importaciones de vehículos procedentes de otros países. Una de las medidas en estudio es la posibilidad de aplicar límites de contaminación más exigentes a estas importaciones. Tradicionalmente Estados Unidos ha denunciado la existencia de barreras no tarifarias a las entradas de sus productos de exportación en países que aplican esta forma de trabas. La Agencia del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) es uno de los departamentos a los que se habría solicitado un dictamen sobre este asunto. 
La EPA la semana pasada redujo las exigencias de emisiones para todos los vehículos que se venden en el país rebajando los límites que había impuesto la Administración de Barak Obama. Un incremento de los límites para los vehículos importados supondría una desventaja comparativa y un blindaje para los vehículos producidos en Estados Unidos que tienen un mayor coste de mano de obra que los de importación. 

Pero en una industria extremadamente globalizada en la cuál el origen de los componentes y recambios es muy diverso y el ensamblaje no termina necesariamente de representar un origen real una medida de este tipo puede resultar altamente conflictiva e incluso afectar a la propia industria de Detroit. De acuerdo con los datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA, por sus siglas en inglés) las exportaciones a Estados Unidos fueron en 2016 (último año disponible) 1,2 millones de vehículos, un volumen nada despreciable y el incremento de barreras afectaría a los precios de forma objetiva beneficiando la producción local. 

La industria estadounidense del automóvil se ha quejado de sufrir barreras no tarifarias a sus exportaciones y argumentan que sus competidores del resto del mundo no padecen esas limitaciones cuando sus productos entran en Estados Unidos. Esta es una acusación que afecta específicamente a Japón y Corea, de acuerdo con fuentes industriales.

“Informes según los cuales el presidente ha solicitado información a su gabinete sobre la posibilidad de aplicar barreras no tarifarias para la importación de vehículos a Estados Unidos constituyen una mala  idea y un pretexto para el proteccionismo”, declaró John Bozzella, el jefe del grupo de lobby Global Automakers y portavoz de Here for America, una agrupación de empresas que incluye a BMW, Daimler, y Volkswagen. De acuerdo con el portavoz las medidas van a incrementar los precios para los consumidores y van a alentar medidas punitivas por parte de los países afectados. “Es irónico que Estados Unidos, que ha trabajado durante años para desmantelar este tipo de barreras cuando las aplicaban nuestros socios comerciales, ahora aparezca legitimándolas. Solicitamos al presidente que reconsidere esta acción de inmediato”, señaló. 

En cierta medida, Trump pretende aplicar la experiencia de la guerra comercial con Japón de los años entre 1980 y 1990 tras la cual los fabricantes de automóviles de ese país decidieron desarrollar la producción en Estados Unidos estableciendo en el país plantas de producción. Honda, Nissan y Toyota tienen 11 plantas de producción en el país. Las alemanas Volkswagen, BMW y Daimler también tienen plantas de producción en el país al igual que las coreanas Hyundai y KIA. Entre las plantas y las concesionarias la industria del automóvil no estadounidense emplea millones de empleados estadounidenses. 

La Casa Blanca pretende aplicar estas barreras a la mayor cantidad de países posible. Pero no parece que esto vaya a ser posible en los casos de México y Canadá ambos puesto que ambos son miembros del tratado de libre comercio de 1994 denominado NAFTA. Los fabricantes estadounidenses de vehículos dependen de su producción en los países del NAFTA para sus ventas en el mercado interno de Estados Unidos.

En grandes cifras tres cuartos de los 17,1 millones de vehículos que se venden en Estados Unidos se fabrican en plantas del NAFTA incluidas las que están en Estados Unidos, y 11 millones de unidades se montan en suelo estadounidense. Del resto, unos 4 millones proceden de mercados exteriores entre ellos 1,7 millones de Japón, 820.000 de Corea y 1,2 millones de Europa de los cuales 800.000 proceden de Alemania de acuerdo con fuentes de la industria del automóvil. 

Ford Motor, General Motors y Fiat Chrysler han introducido de forma creciente producción de fuera de los países del NAFTA, política que se podría ver afectada por las intenciones de la presidencia. Ford este año ha comenzado a importar el SUV EcoSport producido en India del cual espera tener ventas significativas. La decisión sigue a la adoptada por Fiat Chrysler de vender en Estados Unidos el modelo denominado Jeep Renegade basado en modelos de coches italianos y sumamente popular que se está produciendo en Italia. 

Las maquinaciones de la presidencia estadounidense no son ajenas al escándalo del fraude sobre las emisiones de gases del escape de sus coches por parte de Volkswagen. La empresa manipulaba los resultados de las pruebas de emisiones mediante el software. La empresa alemana tiene una cuota de mercado del 3,5 en Estados Unidos y de acuerdo con información filtrada por funcionarios estadounidenses la EPA está analizando el caso del fabricante alemán para el diseño de las barreras no arancelarias. Éstas podrían consistir no sólo en límites más bajos de emisiones para los coches de importación, sino además en pruebas más complejas y exigentes que incrementarían los costes para que repercutan de forma negativa en los precios de los vehículos de importación. 

Pero todo este andamiaje que el presidente Trump pretende poner en marcha deberá ser estudiado cuidadosamente, afirman las fuentes consultadas, porque de lo contrario pueden dar lugar a una ola de litigios por parte de los fabricantes extranjeros y en algunos casos por los propios industriales de Detroit si se ven afectados por las eventuales medidas que se adopten.

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