edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
06/05/2019
banca 
La sombra de la `japonización´ asoma en Europa

La banca asume que la normalización monetaria no llegará hasta mediados de 2020

El BCE ha convertido su política monetaria extraordinaria en un sistema de intervención crónico
Juan José González
Hasta hace poco tiempo se calificaba de alarmistas y pesimistas a los detractores de la política monetaria europea, quienes subrayaban los riesgos de la `japonización´ a la que conducían las actuales condiciones monetarias aplicadas por el Banco Central Europeo. El escenario que conforma la economía nipona, con veinte años encima de tipos de interés cero, se consideraba impensable en una Europa donde, transitoria, excepcional y puntualmente se fijaría un paquete de medidas de política monetaria con tipos de interés cero o en negativo y una liquidez abundante. Política que se iría adaptando a la realidad de la economía según la reacción de esta. Medidas más de corto y medio plazo que no de largo alcance. Es decir, sin ajustar tiempos de vigencia, los responsables del BCE dejaban albergar la idea de normalización monetaria en un horizonte razonable. Pero los hechos, la realidad de los mercados y la marcha de las economías de los países de la Unión, parecen haber destruido cualquier posibilidad de regreso a la normalidad monetaria y el banco central borrado de sus planes cualquier atisbo de intención de reducir la liquidez y revisar los tipos. Europa se mantiene en esa vía directa que conduce a la negada `japonización´ de la política monetaria.
La vuelta de los riesgos a una recaída de la economía ha sido suficiente para anular los planes del BCE que apuntaban hacia una revisión de las medidas vigentes y, por tanto, del regreso al camino de la normalización monetaria. Las dudas que planean sobre la gestión de la política monetaria del banquero central apuntan a que podría darse el caso de que la intención de las autoridades tuviera que ver menos con la protección de los mercados y de la economía europea y más con la intención de prolongar y consolidar con el tiempo, de forma consciente, una política de intervención más activa. 

De esta forma, la intervención puntual y extraordinaria del BCE pierde su carácter transitorio y pasa a convertirse en crónica. Las medidas monetarias excepcionales mantienen así la permanencia de una intervención de largo plazo como se reconoce oficialmente por el BCE de que su gestión no sólo se circunscribe a fijar los tipos de interés en el corto plazo sino también -y esto es lo más relevante para reafirmar el carácter crónico de su intervención- en los plazos largos, como sucede en el caso de los bonos, donde es el actor principal en la conformación de los precios. 

La reacción de los inversores y del sector bancario no ha tardado en conocerse tras los mensajes del BCE sobre un nuevo aplazamiento de la subida de tipos justificado en los últimos datos trimestrales de la Eurozona, que indicaban una desaceleración de la economía. Las cotizaciones del sector bancario han recogido el sentimiento y los temores de los inversores quienes no ocultan el pesimismo por el alargamiento de las medidas de política monetaria. De la misma forma, los resultados trimestrales del sector bancario se consideran como un acta notarial que recoge los efectos nocivos sobre los mercados financieros, la economía y la actividad bancaria.

Pesimismo presente pero también futuro en la medida en la que el BCE ya ha confirmado que los tipos bajos (y negativos en algún caso) marcarán la pauta de la actividad financiera de los próximos trimestres, incluso matizando que una primera subida de tipos, prevista para el inicio de 2020, podría no ver la luz en la primera parte del año. Cabe preguntarse ahora si el aplazamiento de la normalización monetaria, en teoría, para preservar a la economía y a los mercados de los malos datos, no están provocando en estos momentos daños que pueden ir en aumento en la medida en que se alarga la intervención del BCE, obligando a éste de nuevo a intervenir y, por tanto, a eliminar la posibilidad de normalización monetaria, en principio prevista para finales de 2019.

Recordar de nuevo el camino recorrido por las autoridades japonesas en su largo período de tipos de interés cero -combinado en alguna ocasión con una subida de tipos que tuvo que abortar- que a la postre se ha convertido en crónica y casi como barrera que impide el regreso a la normalidad monetaria. Un riesgo que parece asomar en Europa. Aunque es probable que en el fondo, las medidas extraordinarias sean la coartada perfecta para mantener siempre una política de intervención permanente. Porque siempre habrá motivos para ello. Y si no se buscan.

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