La banca de inversión le come el negocio y la clientela a la
edición: 2536 , Martes, 21 agosto 2018
17/07/2018
banca 
Los clientes con dinero, los que interesan

La banca de inversión le come el negocio y la clientela a la banca doméstica

Crecen los beneficios bancarios impulsados por la reforma tributaria de Trump y también por la mayor competencia por el cliente de los bancos domésticos
Juan José González
Los primeros resultados bancarios, empezando por la banca norteamericana, se conocen en un momento de cambios, el primero de ellos, resultante de los efectos de la bajada de impuestos del Gobierno que, como se puede comprobar, se ha sustanciado con un aumento generalizado del beneficio aunque de forma desigual, según la tipología bancaria, según la especialidad de la casa, es decir, atendiendo a si se trata del negocio bancario de inversión, doméstico o privado. Un asunto que, salvo certificar en efecto que se está produciendo una mutación en la orientación de las estrategias de las entidades, no debería llamar más la atención del público, pues los resultados trimestrales indican que las medidas del Ejecutivo norteamericano han sentado muy bien a las cuentas, y así lo reflejan los beneficios de Citigroup, de JP Morgan y de Bank of America por citar a los más grandes, eso sí, con algún tropiezo excepcional como es el caso de Wells Fargo. Diferencia de resultados que, por otro lado, están siendo utilizados por los observadores (alentados también por las propias entidades) como base de un análisis que pretende mostrar los cambios de orientación de la banca, desde un cliente, potencial consumidor de todo tipo de servicios, aunque en la práctica restringido en la operativa del pago de recibos y poco más, hacia otro más concreto, interesado en productos de inversión, consumo y gestión patrimonial, es decir, con mayor capacidad económica y financiera. Cambio de objetivo que en la práctica supondría con el tiempo el abandono (y con ello, sin la cobertura de los servicios clásicos como el pago de los recibos e impuestos locales o la extracción de dinero del cajero entre otros) a un buen número de clientes que, en el argot financiero, de bajo valor añadido. El peligro de que estos quedaran en zona de nadie debería ser motivo de preocupación de las autoridades.
No es la primera vez que los observadores llaman la atención sobre el giro que vienen experimentando los grandes bancos norteamericanos, cuyo tamaño de balance aumenta de año en año, consecuencia de la recuperación tras la crisis bancaria mundial, al mismo tiempo que cuentan con mayor volumen de clientela. En esta carrera de crecimiento orgánico, por ahora sin límites conocidos, los más grandes ganan también en rentabilidad y la estima y favor de los comentarios de los analistas, quienes les otorgan mejores estimaciones futuras de beneficios.

El crecimiento del balance de los más grandes, es consecuencia de tres motivos fundamentales: por un lado, de los ajustes legales provocados por la crisis que, en un principio, habrían favorecido en parte a los bancos pequeños pero que con el tiempo se han mostrado perjudiciales, siendo los grandes al final los beneficiarios de las nuevas normativas postcrisis. Por otro lado, la nueva regulación fiscal del Ejecutivo de Trump, y los recortes tributarios, han servido para catapultar las previsiones de ganancias de los más grandes.

De esta forma, en base a una mejora de las estimaciones de beneficios, se han producido mejoras generalizadas en las valoraciones bursátiles y, por tanto, en una subida de las cotizaciones. Pero en tercer lugar, el crecimiento de los balances bancarios de los más grandes se ha producido por una mayor competencia en el mercado del crédito y de la intermediación, donde, por ejemplo, JP Morgan ha visto cómo se disparaban sus ingresos, y con estos sus beneficios, superando el 26% hasta el 30 de junio pasado, o el 31% de Bank of America.

Por tanto, la gran banca norteamericana, en una nueva fase postcrisis y `respaldada´ por las medidas fiscales del Gobierno, ha logrado consumar lo que desde 2008 se había convertido en un objetivo estratégico de los bancos de inversión: dar un bocado al negocio de los bancos domésticos, dejando en la cuneta, y al borde la desaparición a centenares de pequeñas entidades locales. En líneas generales, los grandes números parecen estar saliendo conforme a la letra de los planes estratégicos. Pero sin embargo, ahora preocupa otro cambio, el relativo a la clientela. El público bancario tradicional de la banca doméstica no parece encajar tan bien como se preveía en los grandes bancos de inversión, acostumbrados a otro perfil de cliente, más consumidor de productos financieros y de gestión patrimonial que usuario de servicios bancarios.

En la práctica, la estrategia de crecimiento de la banca de inversión y de la banca doméstica es hacia zonas pueda sustraerle clientela a la banca privada. Lo que sucede es que de esta forma el mercado de los clientes bancarios se especializa hasta un extremo donde es probable que se formen grupos de clientes que no le interesen a nadie, y, por lo tanto, quedarían en una zona vacía a la que no llegaría ni productos ni servicios bancarios, algo que debería estar preocupando a las autoridades financieras.

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