edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
21/05/2019
banca 
Sin igualdad de reglas europeas ni seguridad no habrá operaciones

La banca española pone condiciones a las fusiones bancarias transnacionales

Los Gobiernos alemán e italiano han comenzado a mover ficha para adelantarse, a pesar de la falta de fondo de garantía de depósitos europeo
Juan José González
La urgencia mostrada por el supervisor bancario europeo contrasta con dos operaciones de fusión fallidas en poco menos de tres meses, ambas de ámbito nacional pero que han servido al Banco Central Europeo para animar a los grandes bancos a lanzarse a probar suerte en una unión trasnacional. Las reacciones no tardaron mucho en responder a la inquietud del supervisor argumentando razones de orden, prioridades y requisitos previos para cualquier proceso de fusión bancaria transfronteriza. Existe la sensación -desconfianza- generalizada de que el interés de las autoridades del banco central en la `promoción´ de las fusiones transfronterizas obedece, principalmente, a la urgencia y necesidad de salida a los problemas de las entidades alemanas. No en vano, en las quinielas de los expertos nunca falta Commerzbank o Deutsche Bank, al parecer piezas centrales del puzle que desea resolver el BCE. Incluso, ampliando las sensaciones hasta entrar en el terreno de las sospechas se baraja la posibilidad de que la operación fallida de integración entre las dos entidades, responda a una maniobra ideada para llamar la atención sobre un supuesto arranque de las uniones bancarias transfronterizas. Si esto fuera cierto, al promotor de la idea le habría salido el tiro por la culata.
Es probable que las autoridades del BCE conozcan las condiciones objetivas, el escenario idóneo para que se produjeran esas uniones bancarias. Como también es probable que ninguna de las entidades que ahora mismo podría `lanzarse´ a la aventura de una operación de este tipo se muestre favorable a ser el primero. Al respecto sería interesante recordar las "seis o siete cosas" que apuntaba la presidenta de Santander, Ana Botín, como cuestiones previas a resolver antes de que se produjeran este tipo de uniones. 

Sin llegar a enumerarlas, una por una, sí bastó con una de ellas: la creación de un fondo de único de garantía de depósitos de ámbito europeo, lo que serviría para que los consumidores tuvieran cubierto su dinero con las garantías necesarias. Botín señalaba así, directamente, a la obligación de las autoridades de propiciar -regular- las mismas reglas de juego para todos los bancos de la Eurozona a modo de exigencia previa o condición para pedir uniones bancarias transfronterizas, lo que a su juicio no tenía mucho sentido o, al menos, dejaba abierta la sospecha de improvisación de las autoridades bancarias de Bruselas. 

El supervisor bancario central se viene prodigando en declaraciones, directas e indirectas, dirigidas a unos destinatarios con nombre y apellido, un grupo de entidades con activos en el entorno del billón de euros (Santander tiene 1,5 billones de activos) como si ya hubiese definido el target ideal de entidad que debería lanzarse a la piscina de las fusiones transfronterizas. Y Santander es una de esas entidades situada en el foco del BCE para las labores que pretende.

Las "cosas" que dejaba en el aire la presidenta de Santander, que deberían resolverse antes de `promocionar´ las uniones bancarias en Europa, también hacían referencia a los costes de capital, a la transferencias de datos (movimientos de ficheros). Sin citarlos seguramente estaba pensando en los costes y en los beneficios de una fusión, que los costes de integración no deberían superar en ningún caso el valor generado por las sinergias. En este sentido, es probable que la experiencia del Popular haya servido al sector (el Santander el primero) para hacerse una idea del balance entre costes y sinergias.

Lanzarse en todo caso a una aventura bancaria con el Brexit y sus efectos pendientes, sería un suicidio que ninguna entidad estaría dispuesta a cometer. Incluso el Banco Central Europeo debería ser el primero en advertir de la inoportunidad. Por eso, las maniobras de las autoridades alemanas e italianas, encaminadas a mantener conversaciones sobre el futuro de sus bancos respectivos, en busca de la primera unión bancaria europea trasnacional (caso hipotético de Commerzbank y Unicredit) parece una burda escenificación llamada al fracaso. En todo caso no hay que olvidar que los movimientos de las autoridades políticas de los Estados a los que pertenecen las entidades deben figurar también como una esas "cosas" a tener en cuenta en cualquier proceso de fusión bancaria transnacional.

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