edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
01/08/2019
banca 
El euro, a salvo; la inflación, muerta

La banca europea ve una luz de esperanza de recuperación en la salida de Draghi

El sucesor y heredero del presidente del BCE puede tener el camino despejado si se admite abiertamente que su antecesor ha errado en la estrategia para alcanzar el objetivo de inflación
Juan José González
Aquel día de 2012, la sentencia de "haré lo que sea posible", en boca de Mario Draghi sonó como un salvavidas para una economía europea que se venía abajo, incapaz de resucitar de la muerte técnica de la crisis de 2008. Eran otros tiempos a pesar de que hayan transcurridos siete años, ya que el problema capital era salvar al soldado euro. Pero ahora los tiempos son otros, los problemas también, la metodología del Banco Central Europeo es la misma, sin correcciones ni ajustes, y los responsables siguen siendo los mismos. Y el problema ahora ya no es la supervivencia de la moneda única sino los precios, la inflación, la variable más peligrosa y deslizable y escurridiza para los técnicos de la economía. En esta ocasión hay, sin embargo, una variable a considerar que, a diferencia de aquel 2012, puede tener una influencia relativa (pero influencia) en el desarrollo de la solución que ahora mismo está pergeñando el banquero central. Y es la posición de salida del presidente Draghi y con él algunos de sus más estrechos colaboradores economistas que han influido de forma más que notable en el diseño de la política monetaria del banco central en los últimos seis años. La posición de salida del cargo, prevista para los próximos meses, supone un relevo e implica una herencia, también un legado y quizá el final de algunos razonamientos económicos (y políticos) que parecen haber quedado superados por la realidad.
En su legado, Draghi fija algunos criterios de actuación futura que el sucesor y heredero estará forzado a seguir, son los básicos que apuntan a objetivos de estabilidad y crecimiento sostenido en la Eurozona y demás. Pero hay otros en ese mismo legado que difícilmente podrán ser asumidos por los herederos. Es el caso del precio del dinero, los tipos de interés que la política actual del BCE está manejando para sostener la economía y conseguir una subida de la inflación acorde con el objetivo marcado del 2%.

En esa política de precios, el banco quizá no había calculado que los tipos entrasen en una fase tal que registrarían tasas negativas. Que la fase de tipos negativos se alargase no entraba en ninguno de los cálculos de los sesudos econometristas del banco. Pero esta es la realidad, tipos bajos, en cero y profundizando, y tiempo avanzando, prolongando las medidas fiscales y monetarias para el logro del objetivo central: la recuperación de la inflación hasta niveles del 2% anual. Con todo, ni el objetivo se atisba alcanzable ni el mantenimiento de la política monetaria del banco central parece creíble habida cuenta de los resultados cosechados.

Al respecto, es decir, voces críticas, tan sólo habría que echar un vistazo a los problemas del sector bancario europeo para conseguir sacar los márgenes en sus cuentas de resultados. La banca viene a certificar trimestralmente que algo ha fallado en la estrategia del BCE desde 2012 en adelante. Prueba de ello son los pobres resultados obtenidos por el sector financiero en la primera parte del año, que vienen a certificar una distorsión y deterioro de la actividad bancaria con la que no contaban las entidades financieras.

Algo ha debido fallar en algún término de la política monetaria del banquero central para que en la actualidad económica y financiera se hable insistentemente de distorsiones reales, de ausencia de efectos de las medidas fiscales sobre la formación de los precios en los mercados financieros. No es este el único problema que viene provocando la política monetaria, puesto que los inversores, en su búsqueda de alternativas a los precios bajos de los activos financieros trasladan sus inversiones hacia otros sectores, caso del inmobiliario, donde se registran actualmente presiones especulativas en alquileres de pisos y compra de vivienda.

Pero con todo, el objetivo central del BCE sigue sin estar bajo control y lejos de las cifras fijadas: la inflación no parece tener visos de acercamiento al 2%, al menos a corto y medio plazo. Y esta variable es la que puede cerrar la etapa de Mario Draghi al frente del banco europeo. Para los críticos, que el presidente del BCE admita una posibilidad de cambio en el objetivo de inflación supone todo un reconocimiento de que algo ha fallado, estaba mal diseñada la estrategia, o mal valorada, la situación económica de Europa. En cualquier caso, su heredero puede tener el camino despejado si se admite abiertamente que su antecesor ha errado. Quedaría abierta la posibilidad de un cambio en la política monetaria europea que impulsara las economías de sus socios y lograra la inflación deseada del 2%.

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