edición: 2512 , Miércoles, 18 julio 2018
02/02/2018
banca 
Resultados bancarios incompletos

La banca fija su objetivo en mejorar la calidad de los resultados

Propósito de enmienda para 2018, profundizar en el origen del negocio bancario: no todo van a ser comisiones e intereses
Juan José González
La gran banca acaba de cerrar la presentación de los resultados de 2017. En términos generales se consideran buenos en la medida en que aumentan razonablemente los márgenes, se controla la morosidad y suben los ingresos. Las cuentas bancarias parecen más saneadas tras un ejercicio que evidencia un cambio sustancial, no radical, pero fundamental en tanto que marca las diferencias en el negocio financiero típico de la etapa anterior, la de la crisis financiera. Etapa que todos quieren olvidar y creen haber superado tras fuertes saneamientos, provisiones y buenos resultados. De nuevo son las filiales del exterior las que han propiciado mejores resultados o, en algún caso, las que han ejercido su labor de salvavidas de las cuentas. Los bancos globales estarían recogiendo el fruto de la diversificación de los mercados y compensando otros negocios locales problemáticos. Pero en general, las grandes entidades -con la excepción de Bankia- se apuntan una mejora de los márgenes. Queda por tanto pendiente el análisis de las cifras que recogen las cuentas, la letra pequeña y el buceo por el balance que, en su comparativa con referencias anteriores y el estudio de su evolución, aportarán la luz suficiente como para determinar si el ejercicio concluido registra mejoras en la calidad del resultado o, por el contrario, el sector sigue inmerso en resolver los daños causados por la crisis, tales como los costes que todavía soportan las entidades como consecuencia de la gran carga de los activos improductivos, un problema que, con mejor o peor fortuna están resolviendo los más grandes. 
Los números cantan y los márgenes indican que en el ejercicio pasado la banca ha dejado atrás la crisis, si bien, los efectos, los daños colaterales, seguirán presentes a lo largo de los próximos años, dado el nivel y volumen del deterioro de los activos inmobiliarios, hoy, en su mayor parte, fuera de los balances y en poder de nuevas sociedades para su recuperación. Las cuentas avanzan moderadamente, con registros que dan cuenta de mejoras de beneficios, nada de dos dígitos como alguna entidad pretendía, forzada por la realidad de los hechos.

El cambio digital, intensivo en 2017, ha transformado casi todo, si bien, parece indicar que a tenor de los resultados, es probable que el carro se haya adelantado a los bueyes y que el movimiento, un tanto precipitado en algún banco, se haya cobrado sus costes y provocado menores ingresos de los previstos. La transformación digital ha disparado algunas cuentas, en especial, las de los bancos que han apostado a la tecnología el retorno de inversiones que, seguramente, necesitarán mayor plazo.

A falta de un trabajo más analítico sobre las cuentas de resultados, el sector muestra una estrategia similar, clavada por todas las entidades: intensificar la presión sobre los servicios para lograr que el epígrafe de ingresos por comisiones alivie la sequía de intereses por créditos y otros negocios. En este sentido, las aportaciones de las comisiones a las cuentas de resultados se pueden calificar sencillamente de escandalosas si se comparan con el volumen del beneficio final.

En el sector señalan que se trata de una situación atípica, que apoyar el resultado en su mayor parte en los ingresos por comisiones no es recurrente ("o no debería serlo", destacan). Aunque en ese primer vistazo rápido de las cuentas no se esconde que, al igual que en 2015 y 2016, el pasado ejercicio fue testigo de la eficacia del modelo "transferencia de activo" que se plasma en el cambio de los depósitos de clientes en cuentas sin remunerar, hacia los fondos de inversión, asegurando el mantenimiento de los depósitos, al tiempo que descontando comisiones de gestión que no se ven, a cambio, habitualmente, de una rentabilidad moderada.

Pero ahora queda pendiente la asignatura más compleja para un sector que vive un profundo cambio tecnológico, como es la mejora de la calidad de los resultados. La transformación de la actividad bancaria no se puede limitar a la tecnología digital, una apuesta inicialmente costosa pero que el paso del tiempo debe transformar en rendimientos positivos mediante su aportación a los resultados. La mejoría en los resultados no parece suficiente para demostrar que la crisis ha quedado atrás. De ahí que ahora proceda iniciar la fase para mejorar la calidad de los resultados: sólo en la medida en que se logre este objetivo se podrá hablar de la transformación bancaria y de que la crisis ha sido superada. Seguramente de esta forma los beneficios serán más sostenibles.

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