edición: 2910 , Viernes, 21 febrero 2020
28/02/2019
banca 

La banca italiana reanuda su marcha hacia el precipicio de la deuda incapaz de sanear sus inversiones

La fuerte contracción de la economía iniciada el año pasado hace de los bancos el eslabón más débil
Una expresión del parasitismo de la economía italiana es la eléctrica estatal ENEL
Carlos Schwartz
Los bancos italianos, sin posibilidad de inversión crediticia rentable, se han lanzado como lobos hambrientos sobre la deuda pública acumulando el mayor stock desde la crisis del verano pasado, cuando una masiva venta de los activos emitidos por el estado derrumbó su precio. De acuerdo con los datos del Banco Central Europeo (BCE) los bancos italianos compraron 10.700 millones de euros en deuda pública en enero lo que representa el aumento más importante desde junio pasado. Ese mes se desató un vendaval de ventas de deuda pública cuando el presidente del Gobierno, Sergio Mattarella, vetó la designación como ministro de Economía del euroescéptico Paolo Savona. El desplome del valor de la deuda italiana es una grave amenaza para los bancos italianos, los más dependientes de la financiación del Banco Central Europeo (BCE) con un 33% del crédito central total concedido.
La cotización de sus acciones va en paralelo al valor de la deuda porque una súbita depreciación de su stock de deuda puede ocasionar una pérdida contable que iría contra los recursos propios de los bancos. La avidez por las emisiones de deuda, no obstante, son un indicio de que no hay inversión rentable crediticia dentro de Italia, un país que ha entrado en recesión técnica en el tercer trimestre del año pasado, que se ha agudizado en el último trimestre del año. 

Las previsiones de crecimiento de la economía del país para este año son del 0,2% para la Comisión Europea (CE) revisada a la baja respecto del 1,2% previsto anteriormente. Las dificultades del mercado crediticio italiano quedaron reflejadas en la última encuesta de crédito en la eurozona del BCE, que indican una menor tasa de crecimiento de la actividad en Italia en los últimos dos trimestres de 2018. El aumento en la compra de deuda pública contrasta con fuerza respecto del cierre de 2018, año en que las entidades del país se deshicieron de 17.000 millones de euros en papel del estado, al socaire de la crisis política del país.

Pero pensar que el panorama se ha sosegado y que acumular deuda pública es el mejor de los negocios no parece razonable, sino más bien un signo de impotencia ante la falta de negocio solvente. La coalición de gobierno italiana entre el partido Cinco Estrellas de Luigi Di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini no es una promesa de estabilidad, y menos aún con la perspectiva de las elecciones al Parlamento Europeo en mayo, que enfrentan a los partidos en el gobierno entre sí en la campaña electoral. 

Con el progreso de la crisis económica en parte de Europa y el Brexit en el aire, las perspectivas de inestabilidad en Italia son extremas. Fitch Ratings ha decidido mantener para Italia la calificación de BBB con tendencia negativa, apenas dos escalones por encima del mínimo para un grado de inversión, mientras que S&P y Moody's no tienen prevista una revisión a corto plazo. Las nubes sobre el horizonte las viene de destacar el vicepresidente de la Comisión a cargo del euro, Valdis Dombrovskis, quien afirmó que la situación económica había despertado las preocupaciones sobre el vínculo entre la deuda pública y la banca en Europa, sin mencionar específicamente a Italia. “Las preocupaciones por el vínculo entre deuda pública y banca y la sostenibilidad de la deuda han resurgido en algunos países de la Unión Europea”, señaló. 

El cambio de humor de la banca italiana respecto de la deuda pública ha coincidido con el aumento de la rentabilidad ofrecida por el Tesoro italiano. Este aumento de rentabilidad ha vuelto a atraer inversores. Sin embargo las necesidades de emisión del Gobierno no son bajas. El programa de emisión de este año es ambicioso, puesto que Roma necesita 225.000 millones de euros en deuda a medio y largo plazo, y tendrá que pagar lo necesario para lograrlo. Esta semana Italia renovó 7.250 millones de euros en deuda a cinco, siete y diez años, pero la colocación tiene como telón de fondo la amortización la misma semana de 24.000 millones de deuda viva. Sin embargo, el retorno de la inversión extranjera al mercado es una espada de doble filo.

Los fondos de inversión en deuda han regresado al mercado italiano en operaciones de carry trade, es decir tomando dinero a tipos de interés muy bajos para invertir en deuda italiana. Es este factor el verdadero soporte de la financiación del estado en este momento. Esa operación ha coincidido con el aumento del rendimiento de los bonos italianos tras la crisis de deuda, pero son precisamente estos fondos los que pueden derribar el precio de los activos en el momento que la inestabilidad del país insinúe una caída del precio de los activos del estado. 

Este escenario se completa con la incapacidad manifestada por los bancos italianos para deshacerse de los activos improductivos del orden de los 350.000 millones de euros. Tras años de negociación con el BCE, Roma diseñó procedimientos de saneamiento poco ortodoxos, finalmente aceptados por el supervisor europeo, pero que no garantizan la supervivencia de las entidades más dañadas. 

Mientras Di Maio de un lado y Salvini del otro se dedican a denostar a los reguladores acusándolos de incapacidad y haciéndolos responsables de las pérdidas de los ahorristas, su gobierno está en la cuerda floja junto con los propios bancos. Pensar que una renovada crisis bancaria no le va a pasar factura al Gobierno de turno es vivir en estado de negación. La desaceleración de la actividad económica internacional, y de la europea en particular, va a arrinconar a la coalición de gobierno italiana contra la realidad económica nacional y la crisis bancaria en particular. 
Una expresión del parasitismo de la economía italiana es la eléctrica estatal ENEL. La deuda de la empresa aumentó entre 2017 y el tercer trimestre de 2018 en 5.827 millones de euros, alimentada fundamentalmente por el pago de 3.371 millones de euros en dividendos, 3.653 millones por la gestión de su cartera y 909 millones por operaciones con divisas. La deuda total quedó en 43.122 millones de euros. En ese contexto ENEL adquirió la distribuidora de electricidad Eletropaulo en Brasil a un precio desorbitado de 1.571 millones de euros por el 93,3% del capital de la empresa, cifra que puede llegar a los 1.830 millones de euros con la ampliación de capital de la compañía brasileña. De este dinero, claro, Endesa aportará 1.000 millones de euros con el dividendo que le corresponde a su dueña italiana por el beneficio de 2018. Habrá que ver cuánto tarda ENEL en vender Endesa para achicar la deuda de la matriz.

El viento en contra no va a soplar solo para la banca.

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