edición: 2741 , Martes, 18 junio 2019
14/12/2018
banca 
Unicaja y Liberbank se rinden a la evidencia

La banca mediana admite sus dificultades y problemas para conseguir la rentabilidad

Supervisores y accionistas de Ibercaja, Abanca y Kutxabank, inquietos ante el temor de que queden atrás en la transformación del negocio bancario
Juan José González
En atención a las nuevas condiciones del mercado financiero, con los márgenes bancarios irrecuperables en algún caso -Liberbank- y de complicado equilibrio -Unicaja- en otros, llega la última propuesta de dos entidades cuya suma apenas representa el 4% del mercado nacional, 95.800 millones de euros en activos (valen hoy en Bolsa poco más de 3.000 millones) suman 10.880 trabajadores y 1.865 oficinas. Suma que situaría a la entidad resultante en el sexto puesto del ranking español de entidades bancarias. En el Banco de España y en el Banco Central Europeo se dan por contentos con este proyecto de unión (proyecto porque no es la primera vez que rompen las negociaciones) en la medida que la propuesta de Unicaja y Liberbank está en la línea del informe del Fondo Monetario Internacional que en su día estimaba que la dimensión del mercado bancario español no debería superar las 10.000 oficinas. Luego si la operación de fusión avanza, es previsible que el número total de oficinas de la banca española se quede, a mediados de 2019, en poco menos de 22.000, teniendo en cuenta que terminará el ejercicio 2018 con 24.970.
Pero no son sólo las nuevas reglas de competencia que impone el mercado financiero a una industria que, como la bancaria, sigue un lento proceso de cambio hacia el modelo de banca digital. La prolongada fase de tipos de interés próximos a cero o negativos ha estrangulado los márgenes del negocio bancario hasta límites impensables -resolución del Popular- que ha forzado la integración de entidades desde las 54 de hace quince años a la docena actual y a redimensionar el mapa de oficinas con el cierre del 42% de la red.

El exiguo negocio que dejó la crisis financiera y la mayor competencia con tipos en mínimos históricos ha obligado a reducir drásticamente los costes operativos de todas las organizaciones como medio para alcanzar la rentabilidad, una meta que todavía se le resiste a varias entidades. Reducir los costes en estos casos es la suma de cerrar sucursales y prescindir de trabajadores, eliminar duplicidades conjuntas -en el caso de las integraciones- y conseguir mejoras en precios de financiación -mercado de capitales- y afrontar inversiones con otras perspectivas, como es el caso de las correspondientes a la digitalización de la operativa bancaria. 

En otro orden de cosas -también de costes- las sinergias de los servicios centrales o la explotación de las carteras de clientes también reportan sustanciales ahorros y beneficios. Sinergias que, como concepto general, supondrían ahorros de costes anuales en torno a los 180 millones de euros, algo que garantizaría un beneficio de al menos 400 millones de euros. Y parece que en todos estos epígrafes, la suma sale tan favorable a la unión que es previsible que se materialice en un breve espacio de tiempo.

El objetivo único y principal de las dos entidades bancarias, está en lograr una cifra de rentabilidad adecuada -entorno al 6%, según los analistas- que sólo podría alcanzar si se materializa la fusión. El otro objetivo, el que despeja el camino a cualquier entidad financiera, es conseguir la solvencia que fija la normativa europea y que lograría con una ratio de capital CET1 del 12%, algo que hoy por hoy no está al alcance de ninguna de las dos entidades por separado como tampoco de la unión anunciada.

Se apuntan por tanto Unicaja y Liberbank al modelo de negocio llamado a sobrevivir en los próximos años y que no es otro que la transformación acelerada desde el modelo clásico de oficinas y sucursales, como estructura básica de la red bancaria -extensiva, la de toda la vida- hacia otro más reducido en tamaño y volumen pero de mayor alcance como es el de la operativa tecnológica y digital.

Llega el movimiento de los dos aspirantes a la fusión al entender que la coyuntura presente  -y la futura del medio plazo- les mantendrían al margen de la rentabilidad del sector, sin opciones de lograr beneficios ni, obviamente, posibilidad de reparto de dividendos si continuasen por separado. Es probable que las dos excajas se hayan fijado en la senda de la transformación cubierta por el principal (y puede que único hasta ahora) modelo de éxito de Caixabank. Pero faltan aún varias entidades del mismo grupo que las ahora en conversaciones para la fusión que no parecen ver el camino tan claro. Es el caso de Ibercaja, Abanca y Kutxabank, en fase de incipiente reflexión de futuro, entre la espada de las exigencias del BCE y sus accionistas y la pared de una rentabilidad que se resiste. En cualquier caso, queda aún el largo trecho de un año para que la recuperación de los tipos de interés facilite a las cuentas bancarias el alimento natural que hoy les niega el mercado. Para algunas de estas entidades medianas, el tiempo juega en contra. Quizá Unicaja y Liberbank ya hayan agotado sus cajas de resistencia.

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