edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
20/05/2019
banca 
El sector reflexiona tras la frustrada fusión de Unicaja y Liberbank

La banca mediana espera que los grandes bancos tomen la iniciativa de las fusiones

Bruselas patrocina el protagonismo de los grandes grupos en el reajuste del sector bancario y le asigna la iniciativa
Juan José González
Si de algo ha servido el fracasado proyecto de unión de Unicaja con Liberbank, ha sido para poner de relieve que una fusión no es sólo cuestión de que las cuentas salgan, sino también de la existencia de una voluntad firme de los dos consejos de los bancos para lograr el acuerdo final. Y en este último caso no parece que la voluntad fuera tan firme como se presumía en un principio. Continúa así el sector bancario envuelto y hasta revuelto en un proceso de auto reajuste de desarrollo incierto y de final tan aleatorio que es imposible prever. Mientras los analistas daban por hecho que la unión Unicaja y Liberbank sería el punto de partido de la nueva fase de reconfiguración bancaria, las opiniones de los banqueros no parecían ir en la misma dirección. Que el escenario donde están obligados a desarrollar el negocio, los tipos bajos de interés, sea común a todas las entidades no significa en la práctica que las estrategias para hacer frente a esa coyuntura sea la misma. De esta forma, hay entidades con más necesidades que otras y problemas de distinta magnitud, lo que seguramente obliga a adoptar posturas diferentes ante las fusiones corporativas. Pero en el fondo, los motivos que llevan a los bancos a poner en marcha una operación de este tipo siguen estando relacionados con los efectos que sobre el negocio producen los tipos de interés bajos y su prolongación en el tiempo, esto es, sobre la rentabilidad.
No solo se trata de cálculos numéricos, los que llevan a conseguir una fusión o a su fracaso, sino también de otras consideraciones de índole estratégico. Y en esto andan enredadas varias entidades. El fracaso de la fusión de Unicaja y Liberbank ha servido también para que en los cuarteles generales del resto del sector analicen el caso frustrado. En primer lugar, si la fusión continua siendo la mejor solución para lograr la rentabilidad del negocio en el entendido de que el ahorro de costes obrará el milagro. Es la tesis que ampara el Banco de España y patrocina de alguna forma el Banco Central Europeo, con la que no todos están totalmente de acuerdo.

Otra de las conclusiones que pueden haber conseguido los observadores del sector bancario y potenciales candidatos a una fusión, de la frustrada fusión tiene que ver con los `egos´ y la personalidad de los protagonistas, y en este caso, las miradas apuntan al responsable del asturiano Manuel Menéndez, para algunos el directivo en el que no confiaban sus futuros socios. Este asunto, que podría parecer trivial, parece haber tenido un peso determinante en la ruptura de la operación ha ida cuenta de que la distancia entre las dos sociedades era en la práctica insalvable, con casi 17.000 millones de euros de activo a favor de la andaluza Unicaja.

Y así, con la operación bancaria fracasada que habría sido el preámbulo de otras, sobre el papel, en ciernes, el sector parece recogerse en una especie de tiempo de reflexión y análisis a la espera de nuevos intentos que seguramente saldrán a escena en los próximos meses. La sensación que parece haber calado en el sector apunta a una vuelta del protagonismo de los grandes bancos frente a las entidades medianas. Serían los primeros quienes tendrían en sus manos la iniciativa de los nuevos movimientos de aproximación institucional.

Es de nuevo la tesis en la que insisten algunos expertos del sector, la que tiene en cuenta que los más grandes, en este caso, Caixabank y BBVA, estarían interesados en llevar a cabo una fusión con alguno de los medianos en tanto que la suma de activos les acercaría al primer grupo bancario español, Santander. La tesis no parece contar con la solidez necesaria para convertirla en el objetivo principal, puesto que para acercarse al primero deberían fusionarse, de una u otra forma, los cuatro grupos bancarios que figuran tras el cántabro, algo tan improbable como imposible.

Por tanto y mientras se confirme la tesis anterior, puede que el protagonismo de la nueva fase de reajuste bancario se mantenga en el terreno donde juegan los medianos, con dos entidades que parecen reunir diferentes inquietudes: Sabadell y Bankia. El primero más precisado en cifras y números que el segundo, pieza deseada que encajaría en los planes estratégicos de los grandes grupos. Una operación entre Sabadell y Bankia no arreglaría las necesidades de ambas entidades, mientras que para Caixabank la fusión con Bankia le cerraría el paso en varias zonas del territorio nacional a BBVA. Mientras se deciden a tomar la iniciativa, unos y otros siguen haciendo limpieza a fondo, lo que no nunca viene mal de cara a futuras operaciones.

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