edición: 3101 , Jueves, 3 diciembre 2020
04/02/2020
banca 
Nuevos mensajes del regulador

La banca no encuentra alicientes para fusionarse, da beneficios y reparte dividendos

Insiste el regulador bancario para que el sector aborde operaciones corporativas a lo grande, nacionales e internacionales, sin recabar que los bancos se adaptan al mal tiempo con buena cara y también sin ofrecer nada a cambio
Juan José González
Sigue el regulador bancario europeo de que su tesis sobre las fusiones bancarias es cuestión de tiempo y que será la combinación de coyuntura económica (y monetaria) con las necesidades de sacar adelante las cuentas lo que llevará a los grandes bancos (y quizá también a los medianos) a unirse. Pero los banqueros opinan lo contrario y ni siquiera los teóricamente más necesitados, esto es, los medianos, contemplan operaciones corporativas para los próximos meses. Y no es por falta de insistencia ni por una mayor resistencia de las entidades, sino que simplemente, el sector le transmite al regulador su deseo de no entablar fusiones. Al menos, esto es lo que por activa y por pasiva han querido decirle al unísono los primeros espadas del sector en España y también algún representante de la clase media del sector. La pasada semana, rica en convocatorias bancarias, presentaciones de resultados, (por cierto, un tanto descoordinadas entre las entidades -alguien debería hacer de coordinador ¿quizá la AEB?-) con solapamientos de citas en día y hora, mostraron el desacuerdo de Santander, Caixabank, Bankinter y Bankia a su manera, con el mensaje intensivo y machacón del supervisor. Ninguno de ellos contempla trabajar de forma inmediata en operaciones de este tipo, otros ni de forma meridiana y unos pocos, señalados, no quieren escuchar preguntas al respecto y niegan firmemente que existan planes sobre la mesa ni debajo de la misma.
Quizá el único presidente entre los que estos días se han manifestado con diferente intensidad de locuacidad haya sido Josep Oliu, quien al principio, no se sabe si medido o desorientado, lanzó un mensaje inocente a los medios, favorable o receptivo a la idea de la fusión con otro semejante, si bien, poco después, meditaron en Sabadell al respecto para recoger velas y regresar al mensaje inicial de la negación de operaciones corporativas. Y es que una fusión, como dejaría bien claro Ana Botín, presidenta de Santander "no interesa". No interesa en este escenario que parece estar predestinado al largo plazo de una política monetaria que propiciará el mantenimiento de los tipos bajos y negativos mientras el Banco Central Europeo no detecte señales de que la economía mejora sus constantes vitales.

Más no es la gran banca la que está negando la idea al regulador europeo de emprender fusiones, sino que también los medianos y pequeños se resisten a `obedecer´ o tener en cuenta el mensaje. La delegación en España del BCE, el Banco de España, ha llegado hasta donde ha podido, que es, haber sido escuchado con atención cada vez que en los últimos meses ha salido del palacio para explicar la necesidad de crecer y hacerse más grande, de aprovechar las sinergias y para fortalecer la solvencia y mejorar la rentabilidad ante un panorama que se presenta gris tirando a oscuro.

Si los guiños del Banco de España a la gran banca han resultado estériles, habrá que pensar que la mediana y pequeña se habrá limitado a escuchar algo más, quizá una oferta del regulador, quizá algún incentivo, ayudas, etc, algo a cambio que el sector sigue echando en falta. Porque si el regulador insiste en la necesidad de aumentar tamaño, es obvio que debe existir algun poderosa razón que la justifique. De nada sirve que el regulador insista en la necesidad de recuperar la rentabilidad perdida de los últimos años, pues el sector conoce las soluciones para superar el problema. 

Sabe que reduciendo costes, modificando el numerador o el denominador de una relación, el resultado cambia. Y en este sentido, el sector bancario ha tirado por la vía más rápida, la más costosa y dolorosa, la más sacrificada y expuesta a pérdidas de clientela y de negocio como es, ha sido y continuará siendo la reducción de red en su doble vertiente de plantilla y oficinas. Se estrella de nuevo el supervisor con la realidad de la actividad bancaria, con la coyuntura y con la seguridad del sector en que sólo las propias entidades son las soberanas para tomar este tipo de decisiones, al menos, mientras los números, mal que bien, a trancas y a barrancas, según los casos, sigan cuadrando.

Algún banquero consultado reconocía la pasada semana que el sector bancario está resistiendo perfectamente la coyuntura de una política monetaria severa para el negocio bancario. Que el pasado ejercicio ha resultado ser un test para los grandes, con fuerte y extraordinaria reducción de plantilla, asumiendo costes que miles de millones que deberán soportar las cuentas presentes (2019) y futuras (2020 a 2023) y que a pesar de todo, de haber ganado un 20% menos, no han faltado ni beneficios ni dividendos. De ahí que, pensándolo bien, ¿para qué fusionarse?

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