edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
13/05/2019
banca 
Estímulos e inquietudes se mantienen en el plano verbal

La banca pide al regulador que puntualice en qué consiste su apoyo a las fusiones

El Banco de España parece dar por digeridos los quebrantos producidos por los activos tóxicos durante la crisis
Juan José González
En las últimas semanas los reguladores no han dejado de enviar señales, mensajes y avisos a los responsables del sector bancario español, una actitud que según confirman en fuentes del sector no ha tenido lugar en el resto de los países de la Unión Europea, al menos, con la singular intensidad registrada en España. Quizá habría que reconocer el interés mostrado, inusual, por su parte, pues no se recuerda en el sector lo que algunos califican como presión. Es cierto, por otro lado, que algunos trabajos (sospechosamente intensivos) que se registran en varias sedes de sociedades auditoras y despachos legales especializados, unido al interés estratégico (comprobado en varias entidades) de algunos bancos y de la coyuntura monetaria compleja que parece que se alargará hasta el segundo trimestre de 2020, dan una idea, invitan a la sospecha o son la evidencia de que este tipo de operaciones corporativas no deben andar muy lejos, quizá se encuentren más cerca de lo que parece, a la vuelta de la esquina. Es cierto que ya se han producido numerosos intentos de algo más que acercamientos entre entidades españolas y europeas, en concreto, en Alemania, Italia, Francia y Reino Unido. Tentativas que las autoridades locales se han encargado de desbaratar con la cobertura de una inexistente normativa y un ausente supervisor central, elementos que ahora parecen alineados y dispuestos a apoyar las fusiones de ámbito europeo.
No parece que este arranque de los últimos días a cargo del supervisor local español, como tampoco se desprende de las declaraciones de los responsables del BCE tenga que ver ya con otros tiempos, cuando el Banco de Italia frustraba una operación casi cerrada entre el BBVA y BNL ni casos similares en Francia y Alemania. Más bien al contrario, representaría un giro, un cambio de criterio más en línea con la filosofía y los objetivos para avanzar en el proyecto de Unión Bancaria. Y no sólo de las autoridades bancarias sino también de las económicas, de los gobiernos de los países socios con vistas a estimular el acercamiento entre bancos transnacionales.

En medios del sector bancario consideran razonable la inquietud mostrada por el regulador, si bien, continúan echando en falta el desarrollo de la misma. Los estímulos se mantienen, como la inquietud, sólo en el plano verbal, y faltaría concreción del regulador: ayudas, refuerzos, subvenciones, contribución u otras medidas que no sólo facilitasen las operaciones, sino que sirvieran de protección durante el largo periodo que dura una operación corporativa. Problemas laborales, judiciales, fiscales y demás suelen convertirse en una de las principales amenazas que acaban por resolver algunos intentos o bien por una renuncia.

Es cierto que hace poco más de un mes el presidente del BCE, Mario Draghi, confirmaba que se estaban medidas de apoyo al sector en vista de que el cambio de su política monetaria se alargaría hasta entrado el próximo año. Tras esta confirmación han llegado al sector un número considerable de declaraciones, misivas, mensajes y señales de los reguladores dirigidos a los responsables bancarios que indican una actividad fabril intensa, encarnada, al menos, en reuniones ejecutivas y de consejo. Y en la misma línea de actividad se puede enmarcar los trabajos, sospechosamente intensivos, que se llevan a cabo en varias sedes de sociedades auditoras y despachos legales especializados.

Lo cierto es que en medios del sector tienden a matizar la vehemencia de las últimas declaraciones de la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, en un sentido claramente constructivo. Una de las reflexiones aportadas por un responsable bancario, a la vista del entusiasmo oficial del regulador por las operaciones, apuntaba que, como afirmaba el Banco de España, si el peso de los créditos dudosos y activos dañados era tan relevante como para que fueran la prioridad a corregir, algo debe haber cambiado para que ahora se cambie la preferencia. 

La cuestión, por tanto, se debería centrar ahora en el tejado del supervisor, el Banco de España, y también en el europeo, el BCE, sedes de las que deberían salir algunas de las propuestas que facilitarían y animarían a los interesados aspirantes a fusionarse. Traducido a términos coloquiales, los candidatos potenciales de operaciones corporativas transnacionales deberían contar con algo parecido a un pliego de posibles subvenciones y ayudas, para que no se quede todo en la afirmación de que la concentración bancaria es buena para todos: se reducen los costes y se resuelven casi por arte de magia los márgenes. Si el mensaje de los supervisores es tan claro como parece (las fusiones resultan una explosión de sinergias) también deberían serlo las medidas o ayudas necesarias para hacerlas realidad. Y en esto las autoridades no andan finas.

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