edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
27/06/2019
banca 
El caramelo envenenado inmobiliario

La banca se resiste a la sugestiva demanda de crédito hipotecario

Una demanda inquieta que valora el atractivo precio del dinero es toda una incitación al riesgo para el sector bancario, necesitado de márgenes y rentabilidad
Juan José González
Es toda una tentación para el sector financiero aprovechar cualquier tirón industrial -en este caso, del constructor, el inmobiliario, la vivienda, el alquiler- para, dadas las dificultades pasadas, presentes y también futuras de los tipos de interés cero, obtener réditos que alimenten, obviamente, sus resultados. Eso sí, tentación, con caída en la misma, que conlleva la asunción de los riesgos propios de la actividad y de lo que pueda suceder en el futuro. Recordar que recientemente el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, disertaba sobre el "positivo -impacto- para la rentabilidad de la banca europea" de los tipos de interés, ya que las políticas monetarias no estaban influyendo en la pérdida de rentabilidad del sector. Seguramente no le falta razón en su afirmación, en tanto que los tipos bajos han servido para animar la economía y con esta la actividad crediticia. Pero esta pirueta económica -como la entiende el sector bancario- no deja de ser una tentación en si misma puesto que, por encima de cualquier consideración, si los particulares observan que hay crédito disponible y a buen precio, será más fácil que el banco atienda lo que parece una demanda inquieta a la que las entidades financieras no están dispuestas a renunciar salvo que identifiquen altos riesgos. Y si los demandantes de crédito hipotecario son fondos inversores extranjeros, mucho mejor, dado su elevado volumen y cuantía de dinero solicitado.
En este escenario, el de un mercado donde el dinero se mueve en tipos históricamente bajos o negativos, con atractivas oportunidades de ganancias, muchas de elevada especulación, el sector bancario español se mantiene en una firme posición de cautela, conservador y prudente en la concesión de crédito hipotecario, a pesar del buen comportamiento, ya exagerado, de algunos precios inmobiliarios, particularmente en áreas urbanas de Madrid y Barcelona. Prudencia porque observa con atención el apetito inversor en sectores como el inmobiliario y la construcción en estos últimos cuatro años, donde no extraña que las inversiones hayan crecido por encima de la economía.

Bien es cierto que la demanda en estos dos sectores no corresponde en exclusiva a los particulares, sino a fondos internacionales que parecen haber visto como nadie oportunidades de revalorización a la vuelta de la esquina. La banca española, en todo caso, se viene mostrando precavida en la constitución de hipotecas, lo que no ha restado para que en los últimos cuatro años estas no dejaran de avanzar. Sirva de muestra que en el último año se constituyeron cerca de 350.000 hipotecas, que equivale a la cuarta parte de las que concedían los bancos antes de la crisis.

Es cierto que, en general, los dos sectores -construcción e inmobiliario- se han encontrado, tras la crisis financiera de 2008, en un escenario nuevo, con un sector bancario que se  ha dotado de sistemas de control más exigentes así como también el sometimiento a nuevas reglas de supervisión bancaria, lo cual, ha venido a aportar un poco de cordura en la concesión de préstamos hipotecarios así como la exigencia de un autocontrol de las entidades crediticias para evitar una concentración de riesgos excesivos en sectores cíclicos como los relacionados con la industria del ladrillo y el hormigón.
 
La tentación de los tipos bajos y negativos no deja de ser una buena oportunidad no sólo para los particulares, en tanto que pueden hacerse con crédito hipotecario a muy buen precio y a un plazo muy razonable. También para los inversores institucionales y grandes fondos de inversión internacionales, por razones de mercado, a un precio interesante y con las expectativas que se manejan en el sector. Sino que es una ocasión de oro para el sector bancario en tanto que puede cubrir la demanda de crédito de un mercado que como el inmobiliario, está dispuesto a todo. El banco, tan sólo debería medir y cubrir bien sus riesgos.

Con todo, como advierten algunos organismos -el último ha sido el BCE en boca de su vicepresidente, Luis de Guindos- la fuerte subida de precios y la creciente inversión en los sectores del ladrillo -de origen internacional, fondos principalmente- alimentan los riesgos sobre una nueva burbuja inmobiliaria. Y en esta ocasión no se podrá decir que los bancos, como el Gobierno del Estado, no estaban advertidos. Sólo tienen que ir leyendo las cifras para comprobar la velocidad a la que circula el riesgo.

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