edición: 2850 , Miércoles, 20 noviembre 2019
18/10/2019
banca 
Baja de los seis millones

La banca sigue perdiendo accionistas al ritmo que marca la caída de las valoraciones en Bolsa

El deterioro de la base accionarial es el reflejo de todos los males que afectan al sector y también de los cambios en ofertas, servicios, comisiones y dividendos
Juan José González
Depreciación, rebaja de previsiones, descenso de tipos y recrudecimiento de expectativas, debilidad de márgenes, desencanto... Alguna de estas causas, varias o quizá un poco de todas están sirviendo a los accionistas y ahorradores de todo tipo para reflejar un mismo efecto: la caída del número de accionistas del sector bancario. Un movimiento más agudo en los bancos más grandes, que provoca por el mismo efecto una subida de accionistas en los bancos de menor tamaño, si bien, las entradas de accionistas en estos no llegan a compensar las salidas en los más grandes, es decir, no hay traslación en equivalencia, un trasvase no proporcional que indica también un cierto nivel de desencanto por el sector. Ahorradores que abandonan definitivamente la banca como una oportunidad de revalorizar sus ahorros. Las últimas cifras muestran que el sector baja de los 6,2 millones de accionistas que registraba en septiembre del pasado año. Se trata de una sangría que no cesa en los últimos meses y que ya en septiembre pasado superaba los 100.000 accionistas menos respecto a diciembre y que dejaba la base accionarial del sector por debajo de los seis millones de titulares. Por orden de relevancia, los motivos de la huida se centran en la caída de las cotizaciones y los casos particulares de Bankia y Santander, por los inversores que compraron en la salida a Bolsa de la primera y por el cambio de condiciones en un producto de ahorro como la `Cuenta 1,2,3´ en el segundo.
Por uno y otro motivo, son los dos bancos que mayor número de bajas aporta al global de accionistas del sector. Pero las cifras no se justifican únicamente por los dos movimientos protagonizados por los dos bancos señalados, hechos puntuales como la desastrosa salida a Bolsa de los anteriores responsables de Bankia, o un cambio en las condiciones del producto estrella del Santander al advertir una variación en la coyuntura que obligó a replantear el producto. No parecen discutibles las decisiones de los accionistas de Bankia y Santander, habida cuenta de los efectos negativos sobre el patrimonio de los titulares de las acciones y de las cuentas. 

Con estos golpes puntuales y la suma de otros relativos a los cambios de la coyuntura, los pequeños inversores se han ido olvidando poco a poco de los valores bancarios. Casi se podría asegurar que siguiendo el ritmo de la depreciación de las acciones, de la caída de las cotizaciones bancarias en la Bolsa. Es lo que ha sucedido con los valores de los bancos más grandes, al entender, quizá por propia estimación, quizá por los comentarios y asesoramiento de analistas, que los bancos medianos (ya no quedan pequeños) parecen ofrecer en las actuales circunstancias mayores posibilidades de ganancias por revalorización, lo que se entiende como mayor recorrido en el corto y medio plazo.

Pero es en la depreciación bursátil el lugar donde se encuentra la principal causa del desplome de la comunidad de accionistas. La caída de las cotizaciones bancarias refleja a su vez el deterioro de la economía, con una caída del crédito empresarial y en un escenario dominado por la caída de los tipos de interés. Todos ellos motivos que provocan problemas en los márgenes bancarios y en consecuencia la bajada de las valoraciones y perspectivas de resultados. Y la Bolsa recoge todas las incidencias que hayan podido afectar al negocio bancario.

Hay que tener en cuenta también que es a partir de julio pasado cuando el sector comienza a registrar el deterioro de las previsiones económicas, mezcla de la guerra comercial EE UU-China y de la amenaza de un Brexit caótico. En términos de capitalización, el sector se dejaba por esos percances a mediados del presente ejercicio cerca de 135.000 millones de euros, un 9,2% menos que a finales del pasado ejercicio. Las caídas de valor de las acciones, cuando es muy continuada y no tienen fecha de caducidad, son demoledoras en los ánimos de los inversores que, incluso los más atrapados, acaban por rendirse y vender las acciones.

Ahora los accionistas, que se mantienen en posición de salida, parecen querer retomar su condición de inversores al comprobar que tampoco los pequeños valores bancarios son un refugio ni ofrecen tanto margen como algunos analistas (seguramente interesados) habían conjeturado. Así recuperan accionistas Santander y BBVA y pierden Sabadell y Bankinter, estos dos últimos del grupo de los privilegiados que al inicio del ejercicio se comportaron mejor que sus competidores mayores. Paradoja del asunto es la caída de las cotizaciones de los bancos medianos, los que cotizan en el Mercado Continuo y que como aseguraban los analistas en sus informes eran los que mostraban, en términos de revalorización, mayores recorridos.

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