edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
09/01/2019
Necesidad de mayores provisiones

La banca, sin margen para cumplir con la solvencia que pretende el regulador

El nivel de solvencia exigido por la EBA compromete las provisiones necesarias para cubrir las carteras de crédito
Juan José González
Los datos publicados por el Banco de España sobre la morosidad del sector bancario hasta el mes de octubre, están sirviendo de alimento para un debate sobre la actuación del regulador bancario en su batalla por asegurar la fortaleza de las entidades ante un eventual episodio de crisis financiera. La posición de la EBA -la autoridad bancaria europea- al respecto se mantiene en que el sector debe continuar reforzándose en los aspectos que pueden ser más vulnerables en caso de problemas. La lectura de los efectos y resultados de la crisis financiera de 2008, deja en el sector bancario una recopilación de hechos que se puede considerar como el núcleo central de sus problemas. En términos generales -con datos de diez meses de 2018- el sector bancario español ha reducido su morosidad en cerca del 60% en los seis últimos ejercicios, lo que es todo un mérito del esfuerzo y dedicación del sector a la tarea de saneamiento intensivo de los balances.
La drástica reducción de la morosidad, sin embargo, no se explica sólo en el esfuerzo desarrollado por las entidades financieras, sino que, y lo más importante, la reducción se hace posible a costa o con el sacrificio de una caída del crédito concedido en el entorno del 30%. Sin esta reducción del crédito, difícilmente se habría producido la bajada de la morosidad en cifras tan importantes. Sin embargo, la preocupación del regulador europeo y de las autoridades bancarias locales (BdE) se mantienen en tanto que las entidades bancarias españolas presentan -a diciembre pasado- la ratio media de capital (fully loaded) más baja de Europa, incluso por debajo de la banca de Italia o de Grecia.

El sector bancario debate ahora si las exigencias del regulador para alcanzar más capital y de mejor calidad que antes de 2008, son alcanzables o, por el contrario, ya se ha agotado la capacidad del sector para cumplir con los niveles fijados por las autoridades. En la última década, desde 2008 a 2018, el sector bancario ha dedicado grandes recursos financieros para alimentar y corregir los ajustes necesarios y los obligados por las autoridades en sus cuentas de resultados. Por un lado, para cubrir o absorber las pérdidas, y por otro, para cumplir con las exigencias regulatorias.

Las entidades bancarias han recurrido a los procesos tradicionales para aumentar sus fondos propios, tal y como ha venido exigiendo el regulador europeo en los últimos diez años, a base de numerosas ampliaciones de capital, que han servido para reforzar la solvencia y la seguridad frente a problemas de mercado. Ampliaciones de capital que no se han correspondido con las rentabilidades esperadas por los accionistas y que, al contrario, han visto reducido el valor de sus inversiones causado por el efecto de la dilución de las acciones.

Precisamente la exigencia de las autoridades para que el sector continúe reforzando los balances se centra ahora en las provisiones, las cuales han caído en 2018 a casi la mitad de las constituidas en 2012 como consecuencia de la fuerte reducción de la financiación y de la comentada de la morosidad. Esta reducción de las provisiones parece ser la última preocupación que ha hecho saltar las alarmas en el regulador, habida cuenta que, si el cambio de criterio en la autoridad bancaria europea (considerar como posible un escenario de crisis financiera) se lleva a efecto, el sector, ante un crecimiento del crédito, deberá aumentar las provisiones para hacer frente a posibles incrementos en los impagos.

Si la crisis de 2008 enseñó las deficiencias en las provisiones constituidas para hacer frente a las insolvencias, se podría afirmar que los niveles actuales de provisiones no son suficientes para cubrir los nuevos riesgos de las carteras de crédito bancario. De ahí que las autoridades muestren ahora mayor preocupación por la solvencia. Pero en contra, el sector bancario también se muestra menos receptivo a los criterios del regulador al entender que en la medida que sube la solvencia crece el margen de riesgo con las menores provisiones. 

Un tira y afloja, o la imposible convivencia de dos criterios contrapuestos que termina en una situación comprometida para el sector bancario, exigido por el mercado y los accionistas que reclaman mayor rentabilidad para su inversión y al mismo tiempo por los reguladores que en su pretensión de elevar la solvencia hasta los niveles fijados, dejan a buena parte de las entidades financieras más vulnerables a episodios puntuales de los mercados y expuestas a una crisis, es decir, lo contrario de lo que se pretende.

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