edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
15/04/2020
banca 
Cuando la banca es parte de la solución

La batalla financiera contra la pandemia consigue crear sintonía entre banca y supervisión

En esta ocasión todos quieren dejar claro que se rescatan empleos y empresas, no cajas de ahorro como en la crisis anterior
Juan José González
El objetivo fue identificado por todos desde el principio: debía fluir el crédito, no podría haber escasez de dinero, las tuberías de la liquidez no podían secarse. Y todos a una, supervisores, reguladores, Gobierno y entidades financieras parecen logrado algo que meses, y años, atrás, habría sido difícil o, depende del escenario concreto, imposible. De la misma forma que el objetivo, bancos e instituciones entendieron que había que asumir riesgos, compartirlos o mutualizarlos, al menos en lo que respecta a proporcionar la liquidez y crédito necesario a las empresas para que la economía no echase el freno de mano en seco. Así, de repente, entre unos y otros, y fruto de esa sintonía comenzó a aparecer dinero y crédito, reguladores liberalizando una buena parte de las exigencias de capital por casi 200.000 millones de euros, lo que multiplica la capacidad de otorgar crédito por 8 o 9 veces esa facilidad o liberación de capital. ¿Significa esto que a partir de aquí ya no habrá problemas? por supuesto que no porque, salvando las distancias del refrán, no es lo mismo predicar (o facilitar crédito) que dar trigo. La diferencia entre uno y otro, es decir, entre contar con la facilidad de prestar dinero y hacerlo efectivo, es que el dinero, a pesar de la situación excepcional de la crisis y de contar con los avales públicos, necesita contar con una análisis correcto del riesgo.
Los avales, por extraordinarios que sean, no eliminan todo el riesgo, y riesgo es lo que quiere evitar a toda costa por principio y siempre el sector bancario. Los recuerdos de la pasada crisis están tan presentes en los balances bancarios como que todavía, a pesar del paso de unos doce años, siguen vivas muchas deudas, demasiadas. Pero a pesar de la sintonía surgida de forma casi espontánea entre supervisores y banca, esta no pierde vista que la colaboración institucional está sujeta a un plazo y a unas cantidades. El plazo estará marcado por la duración de la crisis y las cantidades por la profundidad que alcance el parón económico y sus efectos. 

En esta ecuación de dos variables el sector bancario ya sabe que le tocará lidiar con un aumento de la morosidad y un mayor consumo de capital y, por supuesto, apuntarse en muchos casos pérdidas. Por mucho que las autoridades muestren la seguridad de que el sector bancario se encuentra en esta ocasión mejor preparado que en la crisis anterior, más capitalizado y estructurado y más solvente, al sector no se le escapa que vendrán tormentas que pueden obligar a más de uno (y uno de los grandes) a ampliar capital. Para confirmar esta hipótesis sólo habrá que esperar unos meses, después del verano.

Pero lo que si tiene claro el sector es que en términos de coste, mantener el grifo abierto del crédito tendrá un coste, a pesar de que el Estado se muestre dispuesto a proporcionar un fuerte volumen de avales. Que en esta crisis las autoridades supervisoras y los reguladores junto al Gobierno se hayan puesto de acuerdo con el sector financiero para coordinar acciones, es un hecho en parte inédito pero que viene a facilitar la resolución de algunos problemas. 

En este sentido, unos y otros han identificado desde el principio que el objetivo no era otro sino mantener activos a los autónomos y a las empresas con la liquidez necesaria para evitar cierres y desempleo. Otro asunto es la ineficacia oficial para lograr que esa sintonía institucional (supervisores, Gobierno y entidades financieras) que ha surgido en la crisis se convierta en ayudas reales. Y para que estas ayudas consigan llegar al objetivo final la sincronización de los supervisores, Gobierno y sector bancario se percibe como decisiva, ya que de lo contrario, no sería posible la puesta en marcha de las medidas propuestas por el sector bancario, entre otras los aplazamientos de pagos, eliminación de algunas comisiones, facilidades de pago para familias vulnerables y aplicación de tipos de interés más bajos y ampliación de plazos para pymes y autónomos. Ahora bien, esta situación, de duración indeterminada pero seguramente con fecha de caducidad, puede sentar las bases para que el sector sea considerado más como un colaborador aliado que como la parte contraria en una disputa judicial.

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