edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
02/03/2018
Resultados empresariales

La Bolsa no valora los beneficios y descuenta un giro en la política monetaria

La recuperación no se refleja en las cotizaciones, paradoja que invita a pensar que los inversores ya piensan en los efectos de un cambio de la política monetaria
Juan José González
Las constructoras y las energéticas reducen su deuda a mínimos históricos como históricos resultan también algunos beneficios obtenidos por las cotizadas en el selectivo Ibex 35 en el ejercicio 2017 y que se están conociendo en estas últimas jornadas. En el peor de los casos se reducen pérdidas en compañías que han hecho la travesía del desierto en números rojos. Otras disparan sus beneficios, los recurrentes, y que con los extraordinarios acaban por dibujar una imagen bien distinta de las cuentas empresariales registradas en el pasado. Cuentas que se disparan, con aumentos de facturación sólidos y que acaban reflejándose en el epígrafe final de los beneficios. Cifras de resultados con incrementos de dos dígitos que llegan después de una larga fase de recortes de ventas, plantilla y cierre de filiales, negocios tanto en el interior como en el exterior, de saneamientos dolorosos.  Lo cierto es que son números que certifican que la crisis, en la forma, fondo e intensidad que se conocía, ha remitido e incluso puede darse por superada. Eso sí, el corolario de aspectos positivos y la buena imagen y mejores sensaciones que transmite el nuevo escenario empresarial, del que dan fe esos resultados, debería ser suficiente como para asegurar algo más que un presente tranquilizador, incluso, alcanzar para un futuro ilusionante.
Pero no parece que ni uno ni otro vayan por ese camino, sino más bien, hoy sólo sean variables que sirven para sumar incertidumbre. Si los resultados empresariales son positivos, mejor de lo previsto, mayores de lo esperado, el mercado y los inversores tendrían que premiarlos y trasladar la valoración de los mismos a las cotizaciones. Que suceda lo contrario, es una muestra de que existen otros motivos de preocupación que ya se están descontando del valor futuro de las cotizaciones.

Sobre el papel, el bursátil se tiene como un termómetro que mide la temperatura, el estado de ánimo presente, las previsiones y la cotización de las expectativas empresariales futuras. Si se hace caso de esta noción, habría que deducir que las señales positivas de la economía que proceden de la actividad empresarial fallan, no son exactas o que el análisis esconde algún dato imperceptible a primera vista pues, de lo contrario, lo habrían reflejado las valoraciones bursátiles, las cotizaciones. 

Por tanto, no parece que la bonanza que destacan los resultados empresariales sea suficiente para que el selectivo bursátil se apunte a la corriente de la recuperación empresarial. Los inversores se esfuerzan estos días en encontrar explicaciones razonables a lo que identifican como un absurdo, como una paradoja o antítesis en tanto que unos buenos resultados no se corresponden con las valoraciones que de aquellos hace el mercado.

Paradoja que es incluso más inexplicable cuando mayor es la certidumbre de que las líneas fundamentales de la política monetaria en Europa se va a mantener invariable en los próximos doce o catorce meses. Incluso si esta fase de estabilidad monetaria fuera más corta en el tiempo, resultaría difícil entender que los inversores ya han comenzado, a la altura de enero y febrero, a descontar el futuro cambio. Quizá porque la influencia en el ánimo de los inversores sobre ese cambio de orientación monetaria de los rectores del Banco Central Europeo pueda seguir las mismas pautas de comportamiento que su homólogo americano de la Reserva Federal, es explicar este adelanto de las expectativas, de un escenario que obviamente no significaría buenas noticias para las empresas.

Pero en cualquier caso, los beneficios empresariales, principal materia prima sobre la que descansan las cotizaciones bursátiles, en contra de lo esperado, apenas han valorado la reducción del endeudamiento y el saneamiento de las partidas más deterioradas por la larga crisis. Que tras diez años de complicaciones en los negocios la mayoría de las empresas hayan alcanzado una situación de tesorería libre y deudas controladas, o en línea con los parámetros habituales, deberá ser valorado antes o después por el mercado. Salvo que los pronósticos para 2018 hayan comenzado a descontar los efectos de un adelanto del final de los estímulos monetarios y que, ese caso, ya estaría valorando la Bolsa.

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