edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
20/02/2018
banca 
Más capacidad para liberar provisiones

La caída de la morosidad no elimina el riesgo potencial de 100.000 millones en impagos

El descenso en 2017 confirma la mejoría de los balances del sector financiero, aunque con menos volumen de crédito
Juan José González
Desciende la morosidad del sector financiero en 2017 tras un nuevo recorte en los créditos impagados por debajo, por primera vez en siete años, de los 100.000 millones de euros. Buenas noticias para la economía en tanto que disminuyen los impagos y la morosidad del sector, que se recupera desde aquel 13,6% de diciembre de 2013, su máximo histórico, hasta el 7,8% del cierre de 2017 que acaba de publicar el Banco de España. Se podría asegurar que si no fuera por la caída del crédito, que baja en este mismo ejercicio un 3%, la ratio de morosidad se presenta como uno de esos brotes verdes imprescindibles en cualquier recuperación económica que se precie. Pero en todo caso, la caída de la morosidad, una especie de enfermedad crónica del sistema financiero, con personalidad propia en el español, es una buena muestra de la capacidad de recuperación del sistema crediticio y, por tanto, de la actividad económica del país. Sería también un buen indicador para otros parámetros de la economía general, dada su correlación con el desempleo, la inversión, el mercado bursátil o el consumo privado. Sirva de ejemplo que; a un aumento del desempleo le corresponde en un 90% el aumento de la morosidad. Y que casi en la misma proporción (correlación) la morosidad se proyecta sobre la actividad económica y el consumo. Con todo, no hay que perder de vista el volumen de morosidad actual, un riesgo latente y potencial peligro para convertirse en impagos y fallidos.
La reducción de la carga de morosidad en las cuentas bancarias parece que es uno de los efectos propios de una economía en recuperación, donde familias y empresas consiguen mejorar las condiciones de financiación, así como de las mayores facilidades en la devolución de los créditos. Mejor escenario económico que no oculta una evolución moderada de la inversión y unas condiciones mejores de financiación que, sin embargo, no parecen estar llegando a todas las zonas del sector empresarial y que en la práctica se refleja en la caída del crédito en su tasa anual.

Las cuentas bancarias, muy sensibles a la morosidad, reciben con alivio unas cifras del Banco de España que destacan la evolución del agregado del sector (bancos, cajas y cooperativas) en 2017, que cerró en el 7,85%, con una reducción del 1,3% respecto al año antes y tres décimas mejor entre noviembre y diciembre. Cayeron en ese ejercicio los impagos aunque también lo hizo el volumen de crédito concedido, muestra de una política más prudente y selectiva de las entidades en la concesión de préstamos.

La noticia por tanto, se enmarcaría en el terreno positivo de la recuperación económica y del saneamiento y mejora de la salud de los balances bancarios, en los que todavía pesan demasiado los activos improductivos. Si bien, también se podría decir que la misma noticia tiene dos partes; una de cal y otra de arena, como es la caída del crédito, que todavía no consigue acompañar con una recuperación, a la caída de la morosidad. Otra lectura positiva de la reducción de la morosidad, para las entidades financieras, estaría en la posibilidad de modificar las coberturas y que afecta directamente al nivel de provisiones que debe dedicar una entidad sobre el crédito considerado moroso. Por tanto, a menor morosidad y menores provisiones, teóricamente, los resultados deberían ser mejores.

Ya se sabía que los problemas de la morosidad en España, lejos de ser una anomalía puntual provocada por la crisis financiera se quedarían durante largo tiempo afectando a las cuentas de resultados de la banca, especialmente sensibles a cualquier retraso en el pago de los deudores. Pero lo cierto es que en estos últimos años, de recuperación de la economía, el problema de la morosidad se limitaba más a un ámbito más técnico, como problema de contabilidad, que a un problema real. 

Y la manifestación de esta última vertiente, puede haber comenzado a preocupar a muchas entidades bancarias que, aunque con la morosidad -la nueva- bajo control, no están logrando rebajar la heredada, de ejercicios anteriores, según sus objetivos, con el riesgo consiguiente de que acabe por convertirse en impago. De ahí que los 97.694 millones de euros de morosidad registrada al final de 2017 -según acaba de publicar el Banco de España-, el 7,79% del sistema financiero, sean todavía demasiados millones para las cuentas de resultados bancarias, demasiado riesgo contable y también real.

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