edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
14/01/2019

La caída de la productividad en la eurozona se suma al escaso crecimiento económico en la región

Alemania puede estar en recesión técnica si suma dos trimestres con caída del PIB, dato a confirmar
Carlos Schwartz
Por primera vez en una década la productividad ha dejado de crecer en la Eurozona, un dato que se ha sumado a las señales de alarma que hacen suponer que el crecimiento económico en la región se estancará. La semana pasada el Gobierno decidió reducir su previsión de crecimiento para España en 2019 dejando la cifra en el 2,1%. Pero en el corazón industrial de la Unión Europea el ritmo del latido ha bajado de forma sensible. Los analistas temen que Alemania haya entrado en una recesión técnica tras difundirse el dato de una contracción del producto interior bruto (PIB) en el tercer trimestre del año pasado. Italia se encuentra en la misma situación y también puede estar al borde de una recesión técnica. 
Los departamentos de estudios de algunos bancos, y analistas que siguen los datos de la primer economía de la región, apuntan que el último trimestre del año, a juzgar por los indicadores de sentimiento económico, de confianza de los consumidores y expectativas empresariales, también habría sido negativo en Alemania extendiéndose la debilidad en toda la zona del Euro y de los 28. En el tercer trimestre del año el crecimiento económico de la Eurozona ha sido del 0,2% y en la Europa de los 28 del 0,3% por el ritmo de algunas economías como la de Malta y de Europa del Este. Mientras, en España el dato fue tres veces superior a la media de la zona del Euro, pero la posibilidad de que esa tasa sea sostenible no es congruente, señalan fuentes de algunos departamentos de análisis económico que miran al desenlace del Brexit, como quien diría, ya al alcance de la mano.

La producción industrial en nuestro país sufrió un retroceso en noviembre, después de varios meses de estancamiento. Las noticias sobre reducción de actividad en industrias como el automóvil, la posibilidad de reducción de empleo en las mismas por el deterioro de los mercados terminales de esa actividad, como los ajustes de plantilla en el sector de las telecomunicaciones, sugieren la posibilidad de que el deterioro de los términos económicos globales acabarán afectando a España. Este sentimiento se ha reforzado por el anuncio de que cuatro de las primeras cinco economías de la zona del euro han sufrido una caída de la productividad del trabajo en términos anuales en el tercer trimestre del año pasado. Esta es la primera vez desde 2009 que se produce una caída de este tipo en forma amplia.

La cuestión de la productividad ha sido matizada por una de las fuentes consultadas: “La situación de incertidumbre internacional en torno a las represalias económicas alentadas por el Gobierno de Estados Unidos, y la crisis económica en China, que es determinante en materia de resultados para algunas industrias globales, ha detraído inversión en bienes de capital y eso se está reflejando en una caída en la productividad”. La fuente, un economista jefe de una compañía eléctrica, señaló que la falta de crecimiento de la productividad también puede estar reflejando la presión de elementos de corta proyección que pueden rectificarse en el medio plazo. 

Uno de ellos es el efecto de las nuevas normas de emisiones para los vehículos de la UE, que han afectado a la industria alemana del automóvil. Sin embargo, entre los analistas comienza a ganar fuerza la hipótesis de que los problemas por los que atraviesa la primer economía europea no se deben a efectos de corto alcance, sino que reflejan fenómenos más profundos en la economía internacional, entre ellos la posibilidad de que los países desarrollados avancen hacia una crisis industrial por la caída de la demanda en mercados considerados críticos, como el de China, que ya ha provocado efectos en los fabricantes de terminales de telefonía móvil como Apple y Samsung. La productividad del trabajo mide el valor de la producción por hora trabajada, y la persistencia de un crecimiento lento, o su estancamiento, limita las perspectivas de los aumentos salariales y frena la mejoría en las condiciones de vida de la población.

El aumento de la productividad del trabajo en la Eurozona no ha logrado recuperar sus tasas previas a la crisis financiera internacional. En 2017 su tasa era la mitad de la que se había registrado en las dos décadas previas a la crisis financiera, a pesar de que el crecimiento económico de la región fue el más fuerte de la última década. Algunos analistas señalan que con la escasez de trabajadores especializados en algunas economías, como es el caso de la alemana, lo que ha determinado un aumento de los ingresos salariales en países específicos, se podría haber esperado una cierta recuperación de la productividad del trabajo. 

Por el contrario la productividad del trabajo medida en el tercer trimestre cayó a cero en términos anuales comparado con 1 un año antes. La productividad se contrajo en Alemania a una tasa del 0,3%, lo que constituye su primer retroceso desde hace 9 años.

Francia es la única de las primeras cinco economías de la zona del Euro en la que la productividad ha crecido en el tercer trimestre. Los analistas esperan que esta tendencia descendente se mantenga tras el tercer trimestre en el conjunto de la Eurozona. Los índices PMI de la productividad, tanto en la industria manufactureras, como los servicios y en su índice compuesto, indican un deterioro continuado desde el verano. 

Al finalizar 2018 se ha hecho evidente una mayor tasa de contracción de la productividad en la producción de servicios y bienes, de acuerdo con una economista de IHS Markit. Es un hecho destacable que tras la crisis financiera internacional la productividad en la UE ha ido por detrás del crecimiento de este indicador en Estados Unidos y Canadá.

Dentro del conjunto de la Unión la zona del euro ha ido a la zaga de las economías de la Europa del Este. En el tercer trimestre de 2018 la productividad por hora en Polonia creció, en términos interanuales, a una tasa del 5,7%. Por el contrario, Italia ha registrado la tasa más baja de la zona del euro con una caída del 0,6% en el tercer trimestre, en línea con su estancamiento durante la última década.

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