edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
03/04/2020

La caída del comercio internacional hunde las tarifas y amenaza la continuidad del sector naviero  

Las empresas cancelan viajes con el objetivo de preservar la tesorería porque se navega a pérdidas
Carlos Schwartz
Las navieras oceánicas intentan mantener el flujo de la carga entre naciones y continentes, mientras los gobiernos a escala global pretenden sostener en pie a las empresas y la actividad económica de los países en una creciente parálisis en medio de la epidemia Covid-19. La suspensión abrupta de la producción industrial en países decisivos en el ciclo económico a escala internacional como China y Estados Unidos, ha desencadenado una caída de la demanda de petróleo, y materias primas como la bauxita, el mineral de hierro, el cobre, y el carbón que son los minerales que transportan las navieras que operan a granel. Esta situación ha afectado al tráfico de contenedores también, aunque en mucho menor medida al transporte en buques petroleros por la caída de los precios del crudo que ha llevado a algunos países a comprar para sus reservas a muy bajo precio. También entra en esta cuenta la demanda de buques para aparcar el crudo que no cabe en los depósitos en tierra firme al borde de su capacidad. La demanda ha caído y las cadenas de suministro están en situación de estrés. La caída en la producción de coches ha afectado a las fábricas de partes y componentes para el sector que han reducido de forma radical producción. Las navieras especializadas en el transporte de automóviles han iniciado la reducción de plantillas. La agencia de calificación Moody's ha cambiado la perspectiva de la naviera danesa AP Moeller Maersk, bajándola de estable a negativa, pero manteniendo su calificación de Baa3. “El rápido y creciente desarrollo de la epidemia de coronavirus, el deterioro de las perspectivas económicas, la caída de los precios del crudo, y la declinación del precio de los activos, están creando un choque de crédito severo y extendido a través de muchos sectores, regiones y mercados. El efecto combinado de estos elementos sobre el crédito no tiene precedentes.
El sector naviero en general y el de transporte de contenedores en particular dependen del comercio mundial y de la actividad de la demanda de los bienes de las compañías industriales y de los consumidores”, señala la agencia de calificación que afirma que esta situación va a afectar al tráfico de contenedores de forma creciente en particular desde abril hasta mayo en lo inmediato. Muchas actividades del transporte y de la logística siguen funcionando, como los puertos, los agentes marítimos y de carga, el tráfico de camiones y ferrocarriles, que mueven las mercancías hacia el interior de los países, y son consideradas imprescindibles por los gobiernos.

Pese a este papel las navieras, a diferencia de las líneas aéreas que están destinadas a recibir grandes paquetes de ayuda por la vía directa del capital o indirecta mediante exenciones fiscales, están dispersas bajo innumerables banderas de conveniencia y aprovechan regímenes fiscales que les resultan excepcionalmente beneficiosos y es dudoso que reciban apoyo de los estados. Salvo en casos excepcionales. A resultas de la situación internacional las empresas buscan fórmulas para adaptarse a los cambios registrados en la economía mundial. Los graneleros sufren tarifas diarias del orden de los 8.000 dólares que es menos del 50% de su punto de equilibrio. Las navieras no esperan una recuperación de las tarifas de ese sector antes de la segunda mitad del este año, si es que los grandes exportadores de minerales y cereales no caen en la ola de la pandemia de la Covid-19.

La posibilidad de que Brasil y Australia sucumban a la epidemia puede suponer un retraso muy prolongado en la recuperación de las exportaciones de mineral de hierro y bauxita, por ejemplo. El cierre en las industrias del automóvil ha forzado al principal transportista marítimo de coches, la noruega Wallenius Wilhelmsen, a anunciar el despido de 2.500 trabajadores, la mitad de su plantilla en Estados Unidos, y a la parada de 14 barcos de su flota. Mientras tanto los analistas consideran que la demanda transitoria de petróleo ocasionada por los muy bajos precios se va a cortar en breve porque la caída de la demanda va a hacer superflua la acumulación de más excedentes por parte de las grandes refinerías, que por otro lado ya están saturando su capacidad de almacenamiento. Esto va a extender las tensiones a los operadores de buques tanque. Pero las operadoras de contenedores ya están sufriendo la drástica reducción de los pedidos.

Las navieras que sacan carga de China cancelaron durante el primer trimestre de este año al menos el 50% de sus navegaciones. Al mismo tiempo han procedido a cancelar un número creciente de embarques en sus principales rutas marítimas para el segundo trimestre de este año en un intento de conservar su liquidez. Mantener el movimiento de barcos en rutas comerciales con poca carga supone incrementar las pérdidas sin que haya un horizonte claro de reanudación de operaciones en condiciones de rentabilidad. Esta política de navegación es entrar en un modo de estricta supervivencia. “Pensamos en enero que se retrasarían algunas cargas, pero que no habría mayores problemas porque los puertos seguían abiertos”, de acuerdo con una 'charter' de cargueros que opera dos docenas de barcos. “Ahora tengo que dar de baja a una cuarta parte de mi plantilla y no sé si para finales de abril todavía tendré un negocio en marcha”, afirma la fuente de acuerdo con el Wall Street Journal. De acuerdo con fuentes del sector la Covid-19 llevó a 120 cancelaciones de embarques en China, lo que supone una reducción del 37% de los tránsitos marítimos. Si este porcentaje refleja la caída del comercio internacional, todas las navieras van a sufrir graves consecuencias, señalan las fuentes. La consultora Sea Intelligence considera que el movimiento global de las navieras va a caer este año respecto del 2019 un 10%, una cifra similar a la registrada en 2008 a causa de la crisis financiera internacional. Las grandes navieras con fuerte tesorería como el caso de Maersk o CGA CGM, podrán resistir. Pero los centenares de navieras regionales de recorridos más cortos, que son vitales para el transporte de contenedores de puerto a puerto en regiones como Asia, pueden quedar expuestas a una quiebra por falta de ingresos sobrevenida en tiempo récord. Un ejemplo es la naviera Armas Trasmediterránea en España que tiene un papel en el enlace de los archipiélagos canario y balear con la península. En diciembre las agencias de calificación redujeron el 'rating' de la deuda de la empresa que tiene vencimientos por 665 millones de euros y una baja rentabilidad. La naviera busca financiación internacional para sortear los escollos.

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