edición: 3098 , Lunes, 30 noviembre 2020
15/06/2020

La caída global de los precios del gas natural licuado frena las exportaciones desde las costas estadounidenses

Los efectos de la pandemia con la caída del consumo juegan una mala pasada a los deseos de Washington
Carlos Schwartz
El presidente Donald Trump ha desarrollado una intensa campaña para la extensión de las exportaciones energéticas de Estados Unidos y centró su discurso en la naturaleza de Estados Unidos como una superpotencia energética. No ahorró presiones sobre Alemania en un intento de impedir el desarrollo de Nord Stream 2, que unirá los campos de gas rusos con aquel país, y aplicó sanciones a las empresas de servicios que operaban en la construcción de ese gasoducto. Su objetivo central era consolidar un mercado de largo plazo para los excedentes de gas estadounidense que resultaban de la explotación de los recursos no convencionales, el gas y el petróleo extraído de las rocas de esquistos. La abundancia de gas estadounidense llevó a una caída de los precios, y muchas de las operaciones no eran rentables de forma que las empresas buscaron un equilibrio compensando precios por volumen. A resultas de esta estrategia el año pasado más de la mitad de las nuevas estaciones de licuefacción y centros de procesamiento de gas abiertas en el mundo están ubicadas en Estados Unidos. El año pasado en la inauguración de las instalaciones de Sempra Energy para GNL Trump saludó el acontecimiento como un resultado del carácter de “superpotencia energética” del país. Sin embargo, a raíz de la caída de la demanda global, los precios del gas en Asia y en Europa están por debajo de los precios en la costa estadounidense en las terminales del Golfo de México por ejemplo.
Esto ha determinado que desde enero las exportaciones de gas estadounidense hayan comenzado a caer y la Agencia de Información de la Energía de Estados Unidos estimó que la caída de las exportaciones será del 60% en julio desde su pico en enero de este año, y no se recuperará hasta 2021. Las aspiraciones de independencia energética respecto de Rusia de un lado, la caída de los precios del gas estadounidense y la presión de Washington del otro han llevado a más de un país europeo a firmar contratos de largo plazo con proveedores estadounidenses. En España muchas empresas del sector de la energía han firmado contratos con la estadounidense Cheniere Energy para gas natural licuado, pero esos contratos están blindados en la medida que lo compradores deben pagar incluso si deciden rechazar el gas. Polonia decidió recientemente no renovar un contrato de suministro de gas ruso con Gazprom que vence en 2022 y ha sustituido este proveedor por proveedores de Noruega y de Estados Unidos.

La licuefacción del gas natural posibilita su transporte en buques especiales, los denominados metaneros, donde el gas a presión viaja licuado y se descarga en terminales de regasificación como las que existen en diversos puntos en España que tiene seis plantas operativas y una de Enagas a espera de autorización y la mayor capacidad de almacenamiento de toda Europa con 3,6 millones de metros cúbicos en esas plantas. De acuerdo con fuentes del sector energético nuestro país tiene un exceso de capacidad en su sistema gasista. La posibilidad de transportar y regasificar al GNL ha creado un mercado mundial del gas natural que antes estaba limitado por barreras naturales a su capacidad de transporte por gasoductos, desatando una competencia que tiende a la igualación de los precios por la competencia. 

La dramática caída del consumo ha afectado a los precios de forma global, y los grandes productores de gas como Qatar o Rusia han bajado los precios para no perder mercado. Al gas estadounidense es necesario añadirle los costes del flete oceánico y ha perdido su capacidad de competir en este momento. Solo se mantienen los contratos de largo plazo sobre el modelo de 'take or pay'. Para tener un idea del derrumbe de los precios este mes se espera en México la llegada de una carga de GNL procedente de Francia, de acuerdo con el banco de negocios Tudor, Pickering, Holt. “El mercado está en manos de los compradores, lo que ocurre cuando los precios caen con fuerza y los que compran determinan en gran medida el movimiento de los precios”, de acuerdo con un intermediario del sector. Desde Estados Unidos se exportaron desde el 1 de junio 750.000 toneladas de GNL en 11 buques de transporte de gas hasta el final de la pasada semana de acuerdo con el servicio de información sobre movimiento marítimo Clipper Data. En mayo se exportaron 3,6 millones de toneladas en 53 barcos.

En torno a 45 buques contratados para julio, que representan más del 60% del total para ese mes, han sido cancelados de acuerdo con los servicios de información de tráfico marítimo. Lo que seguirá en pie es el servicio de los contratos de largo plazo que permiten a algunos operadores como Cheniere superar la caída de las exportaciones. Los analistas consideran que las exportaciones se recuperarán en el medio plazo a lo largo de 2021 para acabar normalizándose en la medida que la demanda se recupere y los precios de Europa y Asia regresen a sus niveles tradicionales. Uno de los motivos para que esto ocurra es la necesidad de diversificar las fuentes de suministro, algo que además está en parte determinado por cuestiones políticas en el mundo contemporáneo. 

Sin embargo, estos desequilibrios se suman a los problemas del sector del gas y el petróleo no convencional estadounidense. La semana pasado la empresa Tellurian bordeaba la bancarrota. Fundada por Charif Souki, que fue también el fundador de Cheniere Energy en 1996, fue echado de esta última en 2015 por el fondo activista de Carl Icahn. Pero esta vez las cosas se torcieron y Tellurian se vio atrapada por la caída de los precios del crudo y del gas y no ha logrado hasta ahora construir su terminal de licuefacción destinada a la exportación con un plan de negocio que pensaba reducir costes respecto de Cheniere en un 20%. Es difícil de Souki pueda sacar adelante esta vez su negocio.

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