edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
13/02/2020

La cancelación del MWC 2020 refuerza el despliegue del 5G como epicentro del sector de las telecos

Europa no parece tomar conciencia de que sus recursos tecnológicos son la única alternativa a China
Carlos Schwartz
La asociación GSMA, la organizadora del Mobile World Congress de Barcelona, ha decidido cancelar el acontecimiento este año tras la masa de deserciones vitales para el acontecimiento del 2020. La decisión resalta aún más que el despliegue de las redes 5G sigue como epicentro del sector. Las decisión está motivada por la preocupación que supone la epidemia del 2019-nCoV, tal como ha bautizado la Organización Mundial de la salud (OMS) al virus surgido en Wuhan y que ya ha traspasado la frontera de los 1.000 muertos. Más allá de la proyección que está epidemia, de momento localizada en China, tenga a escala internacional, es la nutrida presencia de residentes en China, o visitantes frecuentes a ese país, que debían asistir a Barcelona lo que ha determinado que  no se haga el congreso. Pero si algo pone de relieve esta decisión es la centralidad que ese país tiene en los procesos industriales más sofisticados de un lado y en la magnitud e importancia para las telecomunicaciones de su mercado interior. 
China supone el 25% del producto interior bruto global contra el 15% que representa Estados Unidos. Es por ello que cuando el Fiscal General del Estado de Estados Unidos, William Barr, afirmó que Estados Unidos y sus aliados deberían “considerar de forma activa” una propuesta para que “EE UU tomara una participación de control” en las empresas europeas que son la única alternativa al fabricante de equipos de telecomunicaciones y terminales telefónicos Huawei, las hipótesis de cómo se moverían las piezas sobre el tablero en ese sector se aceleraron.

La empresa sueca Ericsson y la finlandesa Nokia son las únicas alternativas en Europa a la producción de equipos para las infraestructuras de redes como la 5G respecto de compañías chinas competidoras en este sector, en particular Huawei y ZTE. Las afirmaciones de Barr además han subrayado la campaña del Gobierno de Donald Trump contra Huawei en especial, vetando su actividad en EE UU por un presunto riesgo de seguridad. Washington afirma que Huawei puede convertirse en un instrumento de la inteligencia china solicitando a la empresa la cesión de datos sensibles o el bloqueo de la operación de redes clave para la seguridad nacional. Las sospechas de que Washington ha montado su campaña contra Huawei con el objetivo de poner de rodillas a la empresa y facilitar su adquisición por intereses estadounidenses, ha rondado a los analistas del sector de forma persistente. Ahora se insinuó un gambito europeo en este tablero. Washington rechazó la propuesta de Barr lo que refuerza la idea de que lo que quiere la administración de Trump es una participación de control en Huawei. Falta precisar que EE UU carece de un fabricante de equipos para infraestructuras de redes.

El negocio de los equipos de telecomunicaciones está determinado por su escala. El mercado chino restringido para la competencia internacional está a los pies de Huawei y otros fabricantes nacionales, para los cuales la financiación barata por parte de los bancos oficiales es un factor añadido. Tanto Ericsson como Nokia tienen acceso al mercado chino pero las condiciones para competir son duras desde este punto de vista. La cuestión relevante en torno a este tema es si ambas empresas necesitan mayor fuerza financiera que la que tienen, o un sistema de ayudas o subsidios para incursionar con más energía en la investigación y desarrollo terreno en el que Huawei las supera con holgura. 

El reto que está al alcance de la mano son las redes inteligentes en las cuales el papel del software va a relativizar el peso del hardware de red. A favor de quién se inclinará la balanza una vez que se entre en ese territorio es una cuestión de la máxima importancia. La legislación europea impediría que Nokia y Ericsson se consolidaran para poder adquirir la escala necesaria para el dominio futuro de las tecnologías de redes. Guardando las distancias ocurre lo mismo que con la construcción de material ferroviario y sistemas de control y señalización para los ferrocarriles de alta velocidad. La Comisaría de la Competencia de la Unión Europea (UE) ha bloqueado la formación de un campeón europeo en el sector vetando la fusión de Alstom con Siemens promovida por las mismas razones que se han señalado para el sector de telecos.

Para ninguno de los dos fabricantes europeos de equipos de radio enlace e infraestructuras de red para líneas de alta velocidad sobre el protocolo de quinta generación (5G) sería bueno caer en manos estadounidenses. Correrían el riesgo de perder su acceso al mercado chino que es para ambos vital para su supervivencia. Si Estados Unidos lograra por alguna vía alcanzar un acuerdo con Huawei que incluyera una participación de control sobre la empresa, objetivo que es muy difícil de descartar dentro de las intenciones y estrategias de Trump, los fabricantes europeos verían sus opciones de futuro severamente mutiladas porque les limitaría la capacidad de desarrollo en el mercado estadounidense y chino al mismo tiempo. Los dos más importantes para ambas. La agresividad de Washington en su guerra comercial contra China, y la persecución por tierra, mar y aire de Huawei, hacen pensar que la presa codiciada es esta última empresa. Pero no necesariamente para destruirla.

Washington hasta ahora ha fracasado en su intento de lograr que las naciones europeas veten a Huawei como proveedor para el despliegue de redes 5G, lo que ha dado a la empresa china cierto aire. Pero como le gusta decir a los burócratas de Bruselas, en esta materia no estamos en un terreno de juego nivelado. Para que eso ocurriera la industria europea del sector debería contar con alicientes de los que carece, como una política de ayuda al desarrollo técnico de la investigación que la dimensión del mercado europeo parece no garantizar. Habría que preguntarse si el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en el presente ha chocado con los límites de la libre competencia y para poder superar las barreras que esta supone requieren de la asistencia del estado. No parece que la UE, envuelta en su propia crisis, tenga alguna neurona aplicada a esta cuestión.

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