edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
12/11/2019

La capitalización de Apple y su beneficio siguen caminos divergentes preparando una corrección

La empresa aumenta su valor en bolsa en 400.000 millones en el año gracias al favor de los accionistas
Carlos Schwartz
Apple ha aumentado su capitalización en bolsa en 400.000 millones de dólares en el último año hasta septiembre y ha vuelto a ser una la empresa con más valor en bolsa en Estados Unidos superando a JPMorganChase, Pepsi, Disney e Intel juntas con 1.160 millones de dólares. El fuerte aumento tiene también su explicación en la acusada caída que las acciones de la tecnológica sufrieron el año pasado entre octubre y fin de año tras anunciar malos resultados, en particular por la caída en las ventas en China del iPhone.
Las acciones perdieron entonces cerca del 35% de su valor en bolsa, pero en lo que va de este año han ganado un 65%. Lo llamativo de esta situación es que la empresa no ha logrado un significativo despegue en sus beneficios. El lanzamiento del iPhone 11 ha sido bien recibido por los comentarios en la prensa, pero ha hecho poco más que intentar ponerse a la altura de sus competidores, porque el mercado se ha orientado hacia terminales de menor precio e iguales prestaciones, además de frenar la alta tasa de renovación de terminales que caracterizaba al mercado de particulares en materia de teléfonos móviles inteligentes.

En 2009 las acciones de Apple se dispararon un 147% en medio de una alta demanda de terminales mientras el iPhone se convertía en una pieza codiciada en el mercado de los terminales inteligentes cuando la economía se comenzaba a recuperar de la crisis de 2007/2008. La realidad es que en el último año hasta septiembre, tanto los ingresos como el beneficio de Apple, han caído. En los 12 meses hasta septiembre los ingresos de la empresa cayeron un 10% hasta los 63.900 millones de dólares, bastante por debajo de los ingresos récord de 2015 con 71.200 millones. En materia de beneficio bruto desde 2015 se registró un crecimiento del 15%, pero este año sufrió una caída del 2% con 260.000 millones a consecuencia de una reducción en las ventas. Pese a ello los inversores han recompensado a la empresa por una serie de factores, aunque la divergencia entre beneficio/ventas y cotización en bolsa muestran una tendencia divergente que hace suponer que en el mercado se prepara una corrección que cualquier traspié puede desatar con virulencia.

Apple ha invertido 320.000 millones de dólares en comprar sus propias acciones en los últimos 10 años, más que cualquier otra empresa dentro del índice S&P 500, superando holgadamente a los 116.000 millones de dólares empleados para el mismo fin por Microsoft. El hecho que la empresa tenga en su balance dinero y activos de corto plazo por importe de 100.000 millones hace pensar a los accionistas que la política de recompra de acciones propias se va a mantener, con la tendencia que esto implica al aumento del dividendo por acción, despertando el apetito de los propietarios de sus acciones y de los que aún no lo son. Otro de los elementos que mantiene la atracción de los accionistas es que las ventas de servicios, con las que Apple piensa remendar su balance frente a la caída en las ventas de terminales y menores ingresos en el sector del hardware en general, han aumentado. Mientras que en 2015 representaron 20.000 millones de dólares, en el año acabado en septiembre han supuesto 46.000 millones de dólares. 

La empresa ha incrementado sus esfuerzos en este sector y el mes pasado anunció un servicio de streaming por televisión para competir con empresas del sector como Netflix y HBO. Sin embargo, la posibilidad de sustituir de forma exitosa los muy altos ingresos del pasado por la venta de terminales telefónicos, que llegaron a suponer una cuota muy alta de los ingresos totales, no parece que sea tarea fácil, y en materia de servicios el progreso será necesariamente lento y se verá permanentemente amenazado por una competencia muy celosa de preservar su posición en el mercado.

Todos los analistas consideran que los ingresos de este tipo de servicios es más estable y recurrente que la guerra diaria por poner en el mercado el terminal más novedoso. Pero no parece que esta ventaja vaya a tener un lugar tan destacado como el que tuvo la venta de terminales. Apple no es una empresa de servicios en el sector audiovisual. Puede llegarlo a ser, pero eso requiere tiempo y una política adecuada. Mientras, la divergencia entre precio de las acciones e ingresos/beneficios seguirá como espada de Damocles sobre la cabeza de los ejecutivos de la empresa.

Es cierto que Apple es una bomba de dinero a pesar de ser una empresa cuyas inversiones y sectores de actividad han madurado, y por tanto deberían entrar en un periodo de estabilidad o incluso de desaceleración. Los accionistas se desviven por las empresas que no cesan de bombear dinero. Los analistas de inversiones mientras tanto la recomiendan como una inversión segura. 

El principal motivo para ello es que esperan que el iPhone tenga un nuevo periodo de auge con la puesta en marcha del protocolo 5G en los principales mercado de telefonía del mundo. Hasta ahora no hay un iPhone destinado a ese protocolo, que puede suponer un mercado de fuerte crecimiento. Pero esta es una apuesta más y como valoración es, por tanto, subjetiva y contradictoria. Por un lado dicen que lo que prima es el acceso a un flujo recurrente de ingresos por los servicios que serían un antídoto para las menores ventas de hardware, pero por el otro fían un glorioso futuro al éxito de un protocolo que implicaría un nuevo despegue en las ventas de una línea de producción que no es recurrente: la venta de terminales. 

Una dicotomía interesante, que tiene una base contradictoria. Lo mismo que el precio de las acciones, poco racional si se lo mide por relación con los ingresos y las ventas. Lo que primaría entonces es una política de compras de títulos, el terminal para el protocolo 5G en el que la empresa no ha incursionado aún, y la venta de servicios en un territorio en el que acaba de entrar y en el que hay una fuerte competencia. Una conjunción que a diferencia de las astrales no está dada por la órbita fija de los cuerpos celestes, y por lo tanto también puede no darse.

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