edición: 2679 , Martes, 19 marzo 2019
15/03/2019
El Brexit marca el paso a la libra esterlina

La colosal deuda británica y el riesgo de impago decidieron la prórroga de Bruselas  

Los inversores internacionales sopesan el riesgo de impago de Reino Unido, el mayor deudor del mundo tras Japón
Juan José González
Poco o más bien nada se ha considerado en estos dos años de tira y afloja de Brexit, que la deuda de Reino Unido es (después de Japón) la mayor del mundo con un 456% de su PIB (y del 307% su deuda externa). Obviamente, entre los varios escenarios que se han ido barajando a lo largo de todo este período de negociación, o protocolo de ruptura ralentizada, la deuda externa del país se ha dejado sentir en cada una de las ocasiones que se ponían fechas y cifras a la salida de la Unión Europea, escenarios que variaban según el grado de violencia de la ruptura, bien si se producía en forma de pacto amistoso, ruptura abrupta e incluso contemplando la posibilidad de un nuevo referéndum, es decir, la marcha atrás de los gobernantes británicos. Según una u otra opción, la divida británica registraba un valor desde los 1,16 euros hasta los 1,23 euros (1,5 dólares) en los casos extremos, pasando por el intermedio valor de la libra en 1,05 euros. Es decir, en la valoración de la libra esterlina y de su vulnerabilidad a lo largo de las negociaciones del Brexit, se ha reflejado, precisamente, la mala situación de la deuda externa del país.
El asunto de la deuda exterior, en este caso, de Reino Unido, va a estar presente a partir de ahora, si cabe, con mayor intensidad, en cualquier debate económico que se plantee respecto al frenazo que ya se está registrando en la economía mundial. Y Reino Unido, como economía con mayor deuda del mundo (eso sí, por detrás de Japón) no debe faltar a la cita. La economía británica se diría que tiene un puesto asegurado en todos y cada uno de los análisis de coyuntura que se vayan conociendo en los próximos trimestres pues a medida que se deteriora la economía mundial, se prolonga la resolución sobre el Brexit sin que previamente se conozcan las intenciones del Gobierno británico para hacer frente a tan voluminosa deuda.

Si en un primer momento, en los primeros meses de Brexit, la preocupación de las autoridades se centraba en la reacción de los mercados, en particular, de los inversores internacionales, el paso del tiempo parece haber ido despejando algunas incertidumbres aunque se siga manteniendo la dificultad de la financiación internacional para el sector bancario, sector que detenta la tercera parte de la deuda británica. Para este sector, como se dijo ya en su momento, la salida abrupta de la UE sería poco menos que una catástrofe.

Tampoco se puede decir que el sector bancario británico corriera el riesgo de financiación por parte de los inversores internacionales puesto que, en principio, el Brexit no parecía que fuera a derivar por malos derroteros dado que se confiaba en una negociación inteligente, con todo el sentido común sobre el asador, algo que no parece que se haya cumplido en la práctica. Pero ahora, de repente, con los riesgos evidentes de ruptura con la UE en su punto más peligroso, y con los nuevos vientos de frenado en la expansión económica, los inversores han identificado un riesgo cierto de impago de la deuda del país.

Inversores que han aplicado sus tablas de riesgos a Reino Unido de la misma forma que han hecho lo propio con Estados Unidos, Chile o Polonia que, con una racha muy buena de crecimiento se encuentran muy cerca del final de la bonanza económica. O el caso español que, con una deuda total equivalente al 327% del PIB sigue disfrutando de una posición ventajosa en las preferencias de los inversores internacionales, dado que todo indica que se mantendrá en crecimiento para el presente y próximo ejercicio.

Que la deuda nacional, en particular la externa y en concreto la de Reino Unido, no se encuentra dominando los debates económicos mundiales, no significa que no vaya a estar en breve, quizá antes de lo sospechado. En este sentido, la tregua, aplazamiento o prórroga que las autoridades europeas acaban de conceder a Reino Unido para que reflexionen y se pongan de acuerdo Gobierno y fuerzas políticas de Reino Unido, guarda una relación muy directa con el nivel de deuda externa británica, el mantenimiento de la política monetaria del BCE, el frenazo mundial de un buen número de economías desarrolladas. El reflejo de todos los riesgos señalados sobre la libra esterlina se deben relacionar con el aumento del riesgo de impago que parecen estar viendo los inversores internacionales, con retiradas de dinero y huida generalizada de la City. La deuda externa, al fin y al cabo, puede dejar un agujero considerable a las economías de los socios de la UE. Por eso es obligado dar todas las facilidades posibles a Reino Unido.

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