edición: 2975 , Miércoles, 27 mayo 2020
06/04/2020
El balance del BCE deberá perder varios ceros

La condonación parcial de la deuda es la clave para la recuperación mundial

Salir rápido de la crisis se hará a base de inflación, emisión de dinero nuevo o reducir el balance del banco central. Para esto hay que comenzar a mover un debate europeo al que las autoridades se siguen resistiendo
Juan José González
El debate de la condonación de las deudas surge siempre a propósito de una situación económica extremadamente compleja y lo suficientemente grave como para ser reclamada como si de una enmienda constitución se tratase, habeas corpus o algo similar. Y esto sucede ahora, cuando los primeros cálculos sobre la caída de la actividad, así como los problemas que se derivan de esta no dejan lugar a dudas de que la contracción general está asegurada. Se piensa en la deuda, bálsamo que todo lo resuelve en principio, para salir del apuro. Pero son ya demasiados los apuros y muchas las ocasiones en las que las autoridades han pulsado el botón de auxilio. Después de 2008, se sabía que la deuda iba a resolver los problemas inmediatos y que los bancos centrales, con todas las capacidades frescas y prestas para disparar, harían todo lo que habría que hacer, según un leit motiv del banquero europeo que hoy parece recuperar toda su fuerza pero que de nuevo puede resultar incompleto si no se le asignan matices. Y estos matices son, entre otros, la condonación de las deudas, de una parte al menos, algo a lo que las autoridades se resisten a tratar abiertamente pero que en algún momento será necesario abordar. Todo depende de la voluntad y determinación que los Gobiernos europeos, y también mundiales, estén dispuestos a aplicar a la solución.
De lo que no cabe ninguna duda es que de esa mayor voluntad y firmeza por aplicar una condonación parcial de las deudas, dependerá el tiempo de recuperación de la economía y de la calidad de la misma. De la deuda dependen muchas cosas, demasiadas, pero una de ellas muy relevante: es la ficha, la foto en la que se fijan los inversores, los mercados para financiar a los deudores, habitualmente, públicos. Pero en debate en cuestión encierra algunas dificultades y otros tantos peligros. La primera de todas ellas es que siempre hay Estados que se niegan a compartir este tipo de problemas, las deudas, y el más próximo ejemplo lo encontramos en la posición de los países más ricos del norte de Europa y Centroeuropa con Holanda y Alemania a la cabeza, negando la mutualización de los bonos.

Otra segunda cuestión es arbitrar una fórmula de pago (no financiero) a cambio de la condonación parcial, algo de lo que todavía no se tienen ideas ni noticias, pero a buen seguro que se deberá establecer. Porque el dinero siempre tiene un precio y unas condiciones. Y por otro lado la solución a las situaciones de endeudamiento no es sólo una, se puede decir que hay tantas alternativas como escuelas de pensamiento. En este sentido, puede que no sea el momento más adecuado para utilizar la inflación como pago de las deudas, o también puede que sea el momento de pensar en que ahora sí que es necesario arrancar la máquina de hacer dinero nuevo, algo que precisará lógicamente, de las mayores cautelas de las autoridades.

Las autoridades europeas deben ser conscientes que la situación actual equivale a estar situado sobre una especie de colchón de cinco billones de euros que recoge el balance del BCE, y que este sobre este monumental endeudamiento sobre el que habrá que construir la solución a los problemas de liquidez y aquellos necesarios para reactivar la economía. En este escenario, la economía española no se puede decir que fuera por mal camino, al menos, no por el peor, pues el PIB crecía hasta poco a un buen ritmo, del 2%, antes del freno y la desaceleración de los últimos meses. Ahora el problema del endeudamiento suma otras nuevas incidencias.

La primera es que a la hora de considerar la Unión Europea la posición particular de los Estados, España cuenta con dos compañeros de viaje que harán demasiado pesada la mochila de la solución: Italia y Portugal son grandes deudores, lo que convierte a la mutualización de los bonos en cuestión imposible. Pero hay otra incidencia a considerar en esta ocasión y que a diferencia de la crisis anterior es sustancial: en la crisis financiera de 2008 los Países Bajos, Luxemburgo y Alemania contaban con una deuda muy baja y con recursos sobrados para salir de problemas. 

Y ahora, sin embargo, a pesar de que estos países siguen teniendo una deuda baja y recursos en cantidad tienen, sin embargo, una situación compartida con el resto de países europeos: deben combatir igualmente la lucha contra la crisis sanitaria puesto que también están afectados. Y esto les obligará a utilizar mucho dinero, a endeudarse y a probar la medicina de la recesión que compartirán con sus socios del norte y del sur. En esta situación no habría que descartar que los ricos entrasen en el debate de la condonación parcial de las deudas. Porque las deudas colosales serán un lastre para todos.

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