La conflictividad laboral erosiona la “economía
edición: 2537 , Miércoles, 22 agosto 2018
23/07/2018

La conflictividad laboral erosiona la “economía colaborativa” y amenaza el margen de las ’low cost’

La resistencia a la precariedad se vertebra a escala continental y también afecta al sector de hostelería
Carlos Schwartz
La huelga de los trabajadores de la multinacional Amazon durante los tres días de 'prime time' que la empresa practica para incrementar sus ventas mediante ofertas masivas ha paralizado el almacén de San Fernando de Henares en Madrid la semana pasada poniendo de relieve la creciente resistencia a un modelo de negocio que está estrechamente vinculado a un ritmo de trabajo que los trabajadores califican de excesivo y la empresa defiende y unos niveles salariales que chocan con los beneficios inmensos de la multinacional. El almacén es un centro estratégico de la logística de la empresa en España. Amazon ha sido sin dudas una de las grandes beneficiarias de la devaluación interna, el eufemismo con el cual la Unión Europea (UE) ha bautizado a los ajustes de precios en cada país basados en la caída del salario real para incrementar la competitividad, lo cual ha contribuido a sus ingresos no sólo en España, sino además en Alemania, Francia, Italia y Polonia. En el trasfondo de este proceso está el hecho que los países de la unión monetaria del euro no pueden manejar su relación comercial con el mundo mediante la variación del tipo de cambio. 
La moneda única impone sus leyes. Pero la recuperación de los márgenes empresariales y del beneficio de las empresas en Europa está chocando de forma creciente con el deterioro de las condiciones de trabajo y restricciones salariales de las empresas de la denominada economía colaborativa y de las tecnológicas, las grandes plataformas de Internet que tienen una infraestructura material, tangible, a través de la cual canalizan las ventas 'on line' y debe soportar esa logística con trabajo humano.

La batalla abarca al sector de la entrega a domicilio con una lucha judicial de los denominados falsos autónomos que denuncian a las empresas porque se consideran empleados encubiertos y están obteniendo satisfacción judicial a sus demandas en los juzgados de lo social. Las plataformas tecnológicas de esta naturaleza sólo pueden competir sobre la base de la precariedad de sus trabajadores ya que el modelo no está pensado para tener empleados sino para apropiarse de un margen de los ingresos teóricos de los autónomos que entregan el producto y de los comercios que venden, según los casos a cuenta de disponer un software que casa oferta con demanda. 

Que este no es un problema sólo de la “economía colaborativa” sino que se ha extendido de forma creciente al conjunto de la economía no es un mero detalle. Amazon tiene un segmento de estos autónomos que los sindicatos consideran falsos autónomos en el servicio denominado Amazon Flex que opera en de momento en España, Estados Unidos, Reino Unido y Singapur. El servicio se basa en repartidores autónomos propietarios de su coche que cobran 14 euros la hora de trabajo. La Federación Internacional de Trabajadores de Transporte que tiene el foco puesto sobre Amazon espera frenar la extensión por el resto de Europa y del resto del mundo de este servicio basado en una forma encubierta de empleo similar a los casos contestados judicialmente de Deliveroo y Glovo entre otros.

En el sector de la hostelería el movimiento de resistencia denominado 'Las Kellys' ha denunciado el trabajo a destajo y los bajos salarios, mientras que los inspectores de trabajo se quejan de que “cuando llegamos a una obra sobre la pista de las condiciones ilegales de contratación por una denuncia los subcontratados no quieren hablar, tienen miedo de quedarse sin trabajo”, de acuerdo con un inspector en activo. 

En su conjunto esta política alentada por las últimas reformas laborales que admiten formas de contratación degradadas atenta contra el desarrollo del mercado interior y de un consumo solvente, no basado en el endeudamiento creciente de los consumidores. La relevancia del conflicto en Amazon es que ha dado lugar a una organización de las fuerzas de trabajo que abarca varios países. Los comités de empresa de Amazon de España, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, Polonia, República Checa, Dinamarca e Irlanda han comunicado su objetivo de constituir un comité de empresa europeo. El movimiento de fuerza durante el 'prime day abarcó' a España, Francia y Polonia. 

La formación de comités de empresa transnacionales no es una novedad. Hay sectores en los que es habitual, como en el caso de la industria automotriz ya que las multinacionales del sector operan en varios países. La normativa europea requiere para la formación de este tipo de agrupamientos que la empresa tenga no menos de 1000 trabajadores en dos países, y el comité de empresa europeo tiene derechos limitados a información y consulta pero carece de potestad de negociación. Sin embargo, la empresa deberá informar a ese comité de la situación económica y laboral y consultarles cuando realice algún tipo de reestructuración que acarree despidos colectivos o cambios de la producción entre otras obligaciones. 

En la negociación de la venta de Opel a PSA el comité de empresa europeo de General Motors Europa tuvo una participación activa, pese a que la comunicación no fluyó en su momento de acuerdo con lo que debería porque la mayoría del comité de empresa de la planta de Zaragoza no informó a la minoría del comité de los pormenores de la negociación con PSA.

En cualquier caso, en Amazon la formación de un plataforma que cuenta con un vasto apoyo ciudadano comienza a reflejar la tendencia de los conflictos a establecer nexos de comunicación y participación que exceden a los trabajadores de las empresas. El caso de las compañías aéreas 'low cost' tiene un vínculo estrecho con esta situación. Ryanair una línea aérea líder del sector de servicio de prestaciones limitadas para los pasajeros ha centrado durante muchos años su margen de beneficio en facturar todo tipo de extras a los pasajeros sin ofrecer más que el derecho al traslado de un punto otro en condiciones de ausencia total de confort para el consumidor. 

Pero el ahorro a costas del pasajero no resulta suficiente para mantener los ingresos de la empresa en los niveles que sus gestores aspiran. “A resultas de ello en los últimos años las relaciones laborales se han deteriorado sensiblemente”, de acuerdo con un tripulante de cabina que forma parte del movimiento de huelga que ese colectivo iniciará el 25 y 26 de julio y el 3 y 4 de agosto. El movimiento de fuerza está coordinado en España, Portugal y Bélgica e Italia se sumará posteriormente, de acuerdo con esta fuente. Una parte importante de los tripulantes de cabina están contratados a través de las empresas de trabajo temporal (ETT) que prestan servicios a terceros. Estos tripulantes no cobran de acuerdo con el convenio que les corresponde.

La huelga tiene entre sus reivindicaciones el reconocimiento de los sueldos según convenio para este sector de subcontratados. El panorama de resistencia creciente a los excesos de las empresas y el surgimiento permanente de plataformas sindicales que operan de forma autónoma en muchos casos respecto de los grandes sindicatos parece diseñar un escenario nuevo en las relaciones laborales en España al que no es ajeno el resto de Europa.

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